Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  13 de marzo de 2012
  Francisco Vega
  La ruptura pendiente
  En los años previos a la muerte del dictador, la izquierda basculábamos, básicamente, entre dos opciones: ruptura o reforma. La autodenominada Junta Democrática, que estaba formada fundamentalmente por el Partido Comunista de España (PCE) y el Partido del Trabajo de España (PTE), entre otros, se posicionaba claramente por la ruptura democrática. La autodenominada Plataforma Democrática, aglutinada esencialmente en torno al Partido Socialista Obrero Español (PSOE), era proclive a la reforma. La dirección del PCE, con Santiago Carrillo a la cabeza, para conseguir su legalización, renunció a la ruptura, aceptó la monarquía impuesta por el dictador y, por tanto, a seguir reivindicando la celebración de un referéndum, en el que el pueblo decidiera libremente si quería república o monarquía.
Se creó la Plataforma de Organismos Democráticos, conocida como la “platajunta”, ya que albergaba en su seno a los partidos provenientes de la Plataforma Democrática y de la Junta Democrática. En este nuevo organismo unitario perdió influencia el PCE, el PTE y otros partidos de izquierdas, a favor del PSOE que, a partir de ese momento, dirigió el proceso de reforma política, negociando con los herederos del régimen franquista la no exigencia de responsabilidades por los crímenes cometidos por los franquistas.
Tras 40 años de la negra noche del franquismo se sometió a la ciudadanía a una Constitución que incluía expresamente la aceptación de la Corona. No había salida. Como había dicho el dictador antes de morir, “todo está atado y bien atado” y, tristemente, fue así.
Transcurridos los primeros años de la llamada Transición democrática, el PSOE llega al poder en el año 82, bajo el eslogan genérico “Por el cambio”. Fue el penúltimo gran engaño. Nunca una formación política aglutinó tanto entusiasmo, no sólo en cuanto al número de votos obtenidos, sino en cuanto al apoyo militante de quienes creímos en ese cambio prometido hacia una sociedad más justa, más libre y más igualitaria.

Pronto llegó la gran decepción. Lo que en la oposición era, “OTAN de entrada, no”, se convirtió en “OTAN por narices”. Lo que era una propuesta de economía solidaria, se transformó en neoliberalismo, al más puro estilo yanqui. Los dirigentes del PSOE nos engañaron vilmente. Nos mintieron, e hicieron lo peor que puede hacer un partido en el poder, que se autodenomina socialista y obrero, y es desideologizar al pueblo. Privarle de los ideales históricos de la izquierda y sustituirlo por el culto al consumismo.
Triste experiencia vivida. Poco a poco, se inicia el desmantelamiento del denominado “Estado del bienestar”. Privatizaciones, reconversión industrial, recortes de los derechos laborales y sociales y un largo etcétera, que van provocando la desilusión, el desánimo y la apatía. Fueron pasando los años y las personas provenientes de los partidos de izquierdas, aplastados por el rodillo del bipartidismo, nos fuimos imbricando en los embrionarios movimientos sociales, otros se fueron a sus casas, y otros, como es mi caso, pasamos a militar en partidos que siguen manteniendo la necesidad de la ruptura pendiente, como es el caso de Izquierda Republicana. El histórico partido que fundó, en al año 1934, Manuel Azaña, presidente de la II República Española y que sigue trabajando por la consecución de la III República.
Atrás quedaron esos años, en los que el Partido de Trabajo, “el Partido del Combate”, albergaba en su seno a una parte importante de soñadores utópicos, que alimentábamos nuestro corazón con el mayo francés, o con la Revolución de los Claveles. Eran años de ilusión y esperanza. Estábamos dispuestos a ir a la cárcel por defender nuestros ideales. Incluso en los primeros años del posfranquismo aun íbamos a la cárcel por repartir propaganda política o sindical. Nunca olvidaré el sonido de las puertas de la cárcel, cerrándose tras de mí, mientras me conducían hacia el interior.

Cuando se inició la lucha por la Autonomía andaluza, el Partido del Trabajo estuvo en la calle, desde el principio, codo con codo con otros partidos y organizaciones, en pro de la Autonomía para Andalucía. Lo que no sabíamos era que el proyecto autonómico, más bien federal, al que aspirábamos, no tenía nada que ver con lo que luego se fue plasmando. Recuerdo cuando el PSOE-A llegó a autocalificarse como “el Partido de la Reforma Agraria”. Qué tiempos.
Poco a poco se fue bajando el listón, o quizá nunca estuvo a la altura que Andalucía necesita y, sencillamente, es que nos lo creímos, y por ello luchamos por un Estatuto de Autonomía que recogiera las aspiraciones del pueblo andaluz.
Ciertamente, el texto del Estatuto tiene un importante contenido social, pero la realidad cotidiana, que es lo que cuenta, deja mucho que desear. El PSOE-A, que ostenta el poder ininterrumpidamente  en Andalucía desde la consecución de la autonomía, no es el instrumento que  ecesitamos para lograr una Andalucía, más justa, más libre y más solidaria.
Quien suscribe no tira la toalla y sigue poniendo su granito de arena, por hacer realidad los ideales que se encierran en la trilogía “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, en el convencimiento de que algún día España será de nuevo republicana.

*Francisco Vega fue militante del Partido del Trabajo entre los años 1973 y 1979.
   
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