| |
|
|
|
INICIO > PROVINCIAS > > ARTÍCULOS |
| |
13 de marzo de 2012 |
| |
José Luis Rodríguez Sánchez |
| |
Cambio de régimen, cambio de signos |
| |
Marbella y la Costa del Sol seguían siendo refugio de jerarcas del franquismo y no faltaban quienes añoraban de forma ostensible al fenecido régimen. Durante la primera legislatura democrática se intentó alguna sustitución de símbolos franquistas, como nombres de calles y plazas, pero el famoso busto del dictador, que señoreaba la plaza homónima era harina de otro costal, llegándose a exhibir alguna pistola en el Ayuntamiento la noche en que se rumoreaba que el Pleno trataría de su permanencia. Así, afrontar su retirada no era tarea fácil, y demandaba solvencia política. La corporación del 83, volcada en importantes tareas: el diseño de una ciudad de futuro con un nuevo Plan General, (el hoy famoso de 1986), la dotación de servicios básicos, la reurbanización de barrios olvidados tras el glamour de la Milla de Oro, la construcción de más plazas escolares en cuatro años que en los anteriores cuarenta, la autonomía de San Pedro Alcántara, la participación ciudadana en la vida municipal,... todo ello podía verse oscurecido por el escándalo del busto.
No podía contarse con la aquiescencia de la derecha local, dividida entre una Alianza Popular con enorme presencia franquista en sus filas y unos independientes de ideología asilvestrada. Una moción de Alcaldía para encargar al escultor Marino Amaya un busto del Rey pasó sin mucha oposición, y se incluyó una frase referente al merecido lugar de honor para el Jefe del Estado. El asunto quedó aparcado hasta la presentación del primer boceto, que fue aprobado aun sin contar con la unanimidad de la corporación. Mientras, algunos elementos de extrema derecha, oliéndose algo, produjeron algunos alborotos, al hilo de una moción para cambiar algunos nombres de origen franquista.
Por fin, una mañana, sin nocturnidad pero sin ostentación, una brigada municipal, con dos concejales socialistas, retiraron el busto y giraron el pedestal de granito. Fue el primer acto, dando lugar a las primeras y más ruidosas protestas. Días después, la colocación del busto del Rey trajo una nueva oleada, con multitud de cartas y llamadas telefónicas, no especialmente amables ni laudatorias, desde los más distantes lugares de España. La oposición mostró su disconformidad con la medida, y propuso, como mal menor, colocarlo en otra plaza, o en todo caso, entregarlo al Ejército (sic) para su custodia. Durante algunos días, vociferantes nostálgicos imprecaban al alcalde y algunos concejales, sin que ninguno de ellos, todo hay que decirlo, tuviesen que recurrir a escolta alguna. En más de un cenáculo de la jet se juraba en arameo ante tamaña osadía, y las asociaciones más significadas del franquismo (ex combatientes, alféreces provisionales, guerrilleros de cristo Rey, etc.) se explayaron en los medios afines, así como en una nueva oleada de misivas postales.
La inauguración, con presencia de las primeras autoridades provinciales y locales (incluyendo las Fuerzas de Seguridad) trajo la normalidad a un hecho que sólo a los nostálgicos no parecía serlo. Posteriormente, la retirada de bustos y estatuas ecuestres del dictador en otras muchas ciudades pasó más desapercibida, signo de la marcha de los tiempos.
Hoy, el busto del Rey apenas se percibe entre un mar de sombrillas que tapizan la plaza, y el de Franco se halla perdido en un almacén municipal, del que lo quiso sacar, sin encontrarlo, Jesús Gil para entronizarlo en el patio del Ayuntamiento. No pudo ser.
*José Luis Rodríguez Sánchez fue alcalde de Marbella (1983-1987) |
| |
|
|
|
|