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13 de marzo de 2012 |
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Salvador Moreno Peralta |
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El espíritu del Plan Trinidad-Perchel |
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España, como cualquier país de occidente, sufrió a mediados de los años setenta la crisis del petróleo que acabó con las visiones taylorista y fordista de la producción y puso fin a tres décadas del Estado del Bienestar. En toda Europa se estaba produciendo una convulsa y profunda reflexión urbana para sustituir el discurso desarrollista que estaba implícito en el Movimiento Moderno. Hay un repliegue general sobre los excesos a los que estaba dando lugar el crecimiento urbano desorbitado, apareciendo por primera vez la mirada culturalista sobre los valores patrimoniales de la ciudad histórica, sobre todo a partir de la enorme influencia de los planes de rehabilitación de los centros históricos de Bolonia, Asís y Urbino. Se impone la rehabilitación urbana como contrapeso al crecimiento ilimitado por periferias expansivas, el entendimiento de la ciudad por partes, con las singularidades de cada una de ellas frente a las visiones unitarias y homogeneizadoras de las leyes urbanísticas, se publica la Carta de Ámsterdam, e irrumpen en escena los movimientos vecinales y los primeros despuntes de los movimientos ecologistas. Nuestro país resuena a todas estas corrientes, pero al coincidir además con un cambio de régimen político, adquieren un especial peso en la identificación ideológica de la nueva democracia.
El urbanismo malagueño había sido uno de los más castigados por esa estrategia del Plan de Estabilización que basó nuestro despegue económico en la exportación de emigrantes y en el crecimiento turístico de nuestras costas. Málaga era entonces la capital de la Costa del Sol, por integrar dentro de su término al emblemático núcleo de Torremolinos. Pero aunque las brutales transformaciones de su fisonomía urbana habían sido hasta ese momento sinónimos de una modernidad con la que sacudirse el complejo autárquico, algunos brutales edificios en altura construídos en lugares delicados y, muy especialmente, la masiva erradicación de los vecinos de El Perchel al barrio periférico de La Palmilla para construir el polígono de La Alameda, dieron un toque de atención sobre el grado de irreversibilidad al que había llegado el deterioro de los procesos urbanos, alertando en este último caso a los combativos vecinos del contiguo barrio de La Trinidad que, en virtud de los planes urbanísticos del momento, iban a sufrir la misma suerte. Y es ahí donde cambió todo.
El Plan de Rehabilitación de Trinidad-Perchel- uno de los pioneros en España en este tipo de actuaciones, llevado a cabo por el Ayuntamiento y el Gobierno Autonómico- supuso que por primera vez se tuvieran en cuenta los valores acumulados por la ciudad histórica, el interés cultural de las tipologías edificatorias tradicionales frente al adocenamiento de los productos inmobiliarios ofrecidos por el mercado y, sobre todo, la garantía del derecho a la permanencia en sus lugares centrales de la población autóctona. El Plan fue fruto de la colaboración entre el Colegio de Arquitectos y el movimiento vecinal del barrio, que fue el primero en constituirse en Asociación al amparo de la todavía franquista Ley de Asociaciones. (1)
Este espíritu del Plan Trinidad-Perchel está presente en el Plan General de Ordenación Urbana de 1983, que fue uno de los pilares básicos del nuevo Ayuntamiento democrático regido por el alcalde Pedro Aparicio. La reconversión democrática de todo el aparato de la administración local llevado a cabo por su equipo de gobierno y de los hábitos sociales de una ciudad que salía de cuarenta años de dictadura fue, pues, pareja con una intensa reflexión urbanística en una fecunda conjunción de teoría y práctica. Si, como en Trinidad-Perchel, considerábamos la ciudad heredada como un valor en sí mismo, se trataba de aportarle a cada rincón de esa ciudad la dignidad de la que carecía. Pocos pueden hoy imaginar- en una ciudad de memoria frágil- las carencias de estructura e infraestructura de lo que amenazaba ser una aglomeración informe: se dibujaron y construyeron calles en lo que eran vacíos entre bloques, se reorganizaron espacios mal planificados como Teatinos y La Misericordia, se protegieron edificios cuyo valor patrimonial había pasado desapercibido, se reequiparon los barrios a partir de las reclamaciones vecinales, se proyectaron los ejes viarios sobre los que descansa el crecimiento de nuestros días, en síntesis, se sacó a flote una estructura de ciudad donde se manifestaban solo sus fragmentos. Es cierto que pudo ser un urbanismo formalista e introspectivo, centrado en exceso en la ciudad existente pero, precisamente tal vez gracias a ello podamos hoy hablar de ciudad existente.(2)
Ciudad existente en sus formas pero también en su espíritu. A lo planificado siguieron las realizaciones, desde las invisibles y vitales arterias de servicio hasta esos catalizadores de intensidad urbana que son el Parque Tecnológico, los Jardines de La Concepción, el Teatro Cervantes, la Orquesta Sinfónica o el rescate de la Casa Natal de Picasso, por decir las primeras que se nos vienen a la memoria. Hoy día Málaga refleja las convulsiones propias de una de las ciudades más vitales del país, pero podemos decir con orgullo que los retos del presente pueden abordarse desde un terreno firme que, como suele repetir con elegancia Pedro Aparicio, se ha consolidado gracias a la suma de todas las contribuciones aportadas por los ayuntamientos que la han regido. Pero dudo de que vuelva a darse ese jubiloso espíritu fundacional de la transición democrática, según el cual resolver lo imposible formaba parte de la rutina cotidiana.
*Salvador Moreno Peralta es arquitecto Urbanista, co-autor del PGOU/83 y del Plan de Rehabilitación de Trinidad-Perchel
(1) El Plan de Rehabilitación de los barrios de Trinidad Perchel fue llevado a cabo por un numeroso equipo de profesionales dirigidos por Salvador Moreno Peralta y Damián Quero Castanys, con la asesoría de los urbanistas Manuel de Solá-Morales y Eduardo Leira, entre otros. Un papel fundamental, en la elaboración de sus postulados teóricos, tuvo el abogado cordobés y senador por el PSOE de las Cortes Constituyentes Joaquín Martínez Bjorkman, que ya se había significado en su apoyo al movimiento vecinal de su ciudad.
(2) El Plan General de Ordenación Urbana de Málaga fue coordinado por Damián Quero Castanys, José Seguí Pérez y Salvador Moreno Peralta, al frente de un nutrido equipo de profesionales que luego han ocupado puestos de responsabilidad. Se aprobó el 11 de Septiembre de 1983 y obtuvo el Premio Nacional de Urbanismo de 1985. |
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