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28 de marzo de 2012 |
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Gaspar Zarrías |
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Los históricos |
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Las secuelas de la Guerra Civil se prolongaron durante muchos años para el bando de los derrotados. Lejos de propiciar la reconciliación entre los españoles, la represión franquista se extendió más allá de las cárceles. El destierro y la inhabilitación profesional fueron tristes compañeros en la vida de muchos socialistas. Fue el caso, por ejemplo, de Alfonso Fernández Torres, un prestigioso abogado, ex presidente de la Diputación de Jaén durante la República, que tuvo que trabajar como administrativo en Sevilla, o de Juan Zarrías, desterrado a Madrid. El primero, al frente de los socialistas sevillanos, y el segundo, encuadrado en lo que podríamos llamar el "grupo de Madrid" (en el que además de Juan Zarrías se encuadraba Miguel Peidró y Manuel Turrión) mantuvieron la cohesión de estos dos núcleos básicos del PSOE en el interior. Junto a otros compañeros, ellos protagonizaron la reactivación del PSOE en el interior y el rejuvenecimiento, en la búsqueda de que el partido lograra ir recuperando un papel importante en los movimientos antifranquistas. La situación interna en el PSOE era harto complicada: nominalmente, la dirección estaba en el exterior, con Rodolfo LLopis encabezando a un grupo de socialistas exiliados que mantenía en su cabeza los esquemas políticos y socialistas de la España de postguerra, muy distinta a la de los años 60 en los que se vislumbraba un cambio de Régimen aunque sólo fuera por puro agotamiento biológico del dictador. Esa dirección instalada en el exilio observaba a los militantes del interior con una mezcla de paternalismo y recelo. Y sin embargo, para Fernández Torres y Juan Zarrías, así como para otros compañeros como Rosamari Gamero, Alfonso Mora o Antonio Prieto, resultaba muy evidente la necesidad de rejuvenecer los cuadros del partido para ganar peso en los frentes de lucha. Los hijos de alguno de ellos, por ejemplo, Alfonso Fernández Malo, nutrieron una primera hornada de militantes, uniéndose luego nombres que habrían de hacer historia en el socialismo español: Felipe González, Alfonso Guerra, Luis Yáñez, entre otros. El primer proyecto que decide ponerse en marcha para articular esta incipiente labor de oposición es una asesoría laboral, en la sevillana calle de Cabeza del Rey D. Pedro. En ella trabajaron otras personas llamadas a ocupar un papel muy relevante en el PSOE, como Ana María Ruíz Tagle o Rafael Escuredo. Este grupo de trabajo fue el embrión del PSOE sevillano, que tuvo un papel fundamental en los congresos de Toulouse y Suresnes. Ya en España, y tras una breve etapa de separación entre el sector llamado histórico y el denominado PSOE renovado, el XXVII congreso de los socialistas (1976) selló la unificación y forjó el equipo político que protagonizó el histórico triunfo de las elecciones generales de 1982. Las grandes historias -y la profundísima etapa de progreso vivida por España bajo los gobiernos socialistas lo es- también se escriben con la letra pequeña de los esfuerzos personales. Y no quisiera terminar estas líneas sin recordar -para que sirva como homenaje y reconocimiento- que todo empezó con una reunión de gente ilusionada en casa de Alfonso Fernández Torres.
Gaspar Zarrías Arévalo ha sido vicepresidente del Gobierno andaluz |
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