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23 de abril de 2012 |
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Carmelo Casaño |
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La apuesta de Libra |
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En el otoño del 74, más o menos cuando se produjo la trombosis del jefe del Estado, la Sociedad de Estudios Libra, grupo constituido para la acción política en los estertores del franquismo, inicio su andalura en la mayoría de las provincias españolas para convertirse, clandestinamente, en partidos políticos de cuadros que devinieron, trsa la muerte del dictador, en la Federación de Partidos Demócratas y Liberales que compareció en las primeras elecciones democráticas bajo las siglas de UCD: una amalgama que, según diversos analistas posteriores, nunca fue un partido genuino porque desde el poder es empresa muy dificultosa de conseguirlo. En dicha fecha, en un hotel impersonal existente en el Paseo Marítimo de Fuengirola, dio los primeros pasos el Partido Demócrata Andaluz. Concurrimos a la fundación una treintena de andaluces, convencidos de que estando próximo "el hecho sucesorio" -eufemismo empleado por sus adictos edecanes para no nombrar la muerte de Franco- y la subsiguiente "devolución de España a los españoles", la acertada expresión es de Julián Marías. Quienes deseábamos el establecimiento del pluralismo democrático, tendríamos que dar respuesta a la vetusta dictadura que se iba deteriorando al ritmo que su tembleque caudillo. Para conseguirlo, lo primero que había de ser abandonar el "España es diferente", que a tremoche propalaba el Régimen, y parecernos a nuestro entorno europeo al que perteneciámos por nítidas afinidades culturales. Aquel día, que marcó el comienzo de numerosas reuniones mensuales en Madrid -algunas en Sevilla- durante los años 75 y 76, conocimos a quien siempre fue considerado líder indiscutible: el malogrado Joaquín Garrigues Walker que, desde el primer momento, nos transmitió las emanaciones de su personalidad: amplitud de miras, enemistad con las estridencias, ingeniosa y suave ironía manifestadas con palabras tranquilas, capacidad para jalonar cuanto decía con frases memorables... No se me ha borrado la apreciación que le esuché aquella tarde otoñal en el hotel de Fuengirola: "Vivir libre es mucho más difícil que vivir esclavo; por eso tantas personas renuncian con tanta facilidad a la Libertad y, consiguientemente, a las libertades con minúsculas".
Carmelo Casaño es abogado y Defensor del Pueblo de Córdoba |
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