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24 de abril de 2012 |
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Arturo Moya |
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Desde el Centro |
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Hay otra hsitoria de UCD, no escrita aún, que sin duda, hablará de una minoría de jóvenes vocaciones políticas, y de los esfuerzos que hicieron para consolidar la democracia y por erradicar de nuestras conciencias y de nuestras actitudes, del dilema de las dos Españas. Antes, en la Pre-Transción la cuestión política se planteaba estúpidamente: Los que no estaban con el orden establecido, eran comunistas. Tal era la simpleza del asunto. Los que queríamos democracia, éramos tachados, sin más, de rojos, o peor aún, de compañeros tontos de los mismos. Esa actitud oficialmente mayoritaria, abría más la fosa de la separación entre los españoles, de tal suerte que por aquel entonces nada estaba decidido y todo era posible, tamibén la involución. Toda nuestra obsesión fue superar esa dialéctica de confrontación, para conseguir una sociedad en libertad más solidaria, y justa en su distribución de la renta. Conseguimos superar ese abismo, y llenarlo con una reforma fiscal y una Constitución de todos y para todos. Cumplido el objetivo, aparecieron entonces y houy triunfan muchos oportunistas y aprovechados, que camuflados en el silencio de la mayoría de manera pragmática, han conquistado parcelas de poder para realizar, con demasiada frecuencia, la peor política de siempre, en torno a la especulación, el pelotazo y el amiguismo capitalista. En medio de aquel y este marasmo y de hoy, siempre hubo, y hay, mujeres y hombres, que no sucumbieron a la vanidad del poder ni al oportunismo de vivir a costa de él. Se quedaron con la ética y los ideales, y han ido madurando, entre la satisfacción de los objetivos cumplidos y la angustia de las frustraciones acumuladas. Desde ese espacio de centro sin complejos, en el que civilmente llevo toda la vida instalado, oservo Andalucía transformada, pero también con una asignatura pendiente para nosotros.
Hace veinticinco años muy pocos éramos los que arriesgábamos hacienda y tiempo y quizá también la vida, en aras de la democratización de nuestro país. La inmensa mayoría aguardaba astutamente el devenir de la balanza, para saltar sobre ella y quedársela, una vez se hubiesen aclarado las posiciones y los intereses. Hoy cuandose escribe este libro a modo de memoria de la Transición, se me ha invitado por sus autores a que exprese una opinión suscinta de mi experiencia personal, nada me resulta más grato que transmitir la experiencia, aunque ésta por su propia condición puede resultar estéril. Corría el año de 1971, cuando un reducido grupo de jóvenes asumieron el riesgo de llenar de carteles la ciudad de Granada, enfrentándose a la oligarquía del llamado "movimiento" para pedir el voto para un futuro de libertad y democracia. Aquella experiencia, inédita en España, llamó la atención de tal manera que forjó la vocación política de quien estas líneas escribe. Tres años más tarde, en 1974, pusimos en marcha "Causa Ciudadana", primera sociedad política constituida en nuestro país, para enmascarar la por entonces prohibida acción política. Causa Ciudadana fue un vivero de vocaciones políticas, unas para el liberalismo y otras para la socialdemocracia. En 1977, como fundador y miembro del Partido Andaluz Socialdemócrata, participé en la coalición electoral de la UCD, siendo elegido diputado por Granada. A partir de ahí, y a lo largo de cinco años (1977-1982), se recorrió un apasionante y difícil camino, lleno de gratificantes experiencias, primero como consejero del presidente Suárez, y después como secretario de Acción Electoral de UCD, y también como diputado, al frente de las comisiones de Interior y Hacienda. Pusimos las primeras piedras de casi todo: Cortes Constituyentes; Pactos de la Moncloa, Constitución de la Concordia; Primera Asamblea de Parlamentarios Andaluces y Primeras iniciativas Preautonómicas. Fue un laborioso y creativo hacer por la consolidación de la democracia, hasta llegar al referéndum de Andalucía, en el qeu UCD, tuvo una actuación tan corta de miras y absurda de cavó su propia tumba. Los que nos opusimos al dislate de la preguna maldita y su contenido, fuimos marginaos, mientras algunos de los que la fraguaron han sido después ministros de Gobierno de Aznar. Cosas de la política.
Con la perspectiva de dos décadas transcurridas, se ve con relativo optimismo a España. La gran preocupación que oscurece el horizonte, se deriva del pacto no escrito, que tanto la sociedad como los partidos políticos tenían respecto al terrorismo. Hoy, el País Vasco aparece como un discenso constitucional de graves consecuencias. Afortunadamente Andalucía progresa, y la libertad ya consolidada es un bien general para todos, pero no aún la justicia en la distribución de bienestar. Una sociedad menos controlada por los especuladores del capital y de la comunicación, se plantea como un reto vivo y permanente en general. Una comunidad, la andaluza, que se reconozca en el buen hacer de sus gentes, y en su capacidad de ser competentes, es el objetivo al que debemos seguir aspirando. La búsqueda de la excelencia y el mérito, frente a la mediocridad y el compadreo, son para nosotros los andaluces, asignaturas pendientes. A ellas deben aplicarse las nuevas generaciones, para conseguir una Andalucía respetada, que pueda ser tierra de promisión para sus habitantes. Si hace veintitres años empezamos a conquistar las libertades, y ese fue nuestro mérito, hoy todos, debemos aspirar a la justicia, porque sólo aspirando a ella, la libertad alcanzará su verdadera grandeza.
Arturo Moya es empresario |
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