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26 de abril de 2012 |
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Eduardo Castro |
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El "5 a las 5" |
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Sin duda fue un titular para la historia: Media hora de libertad en Fuente Vaqueros. Fue un titular para la historia y así apareció, con distintas variantes, en periódicos y revistas de todo el mundo. Y es que, aunque sólo fuesen treinta minutos y se tratase de una libertad vigilada, lo cierto es que aquel homenaje al más grande y universal poeta granadino de todos los tiempos, aquella hora de libertad vivida por más de diez mil personas el 5 de junio de 1976, en la Plaza de Fuente Vaqueros, supondría un punto de inflexión para el futuro de la transición española. Porque el primer "5 a las 5", celebrado en el pueblo natal de Federico García Lorca, bajo la mal disimulada vigilancia de los policía y guardias civiles diseminados -arma en ristre- por los tejados del alrededor, no sólo fue un acto de justicia a la memoria del poeta y de todas las víctimas de la represión fascista, sino también el gran primer acto de masas autorizado a la oposición democrática en nuestro país dede la caída de la Segunda República, además de la salida a la luz de la recién formada Coordinación Democrática de España, popularmente conocida como Platajunta e integrada por todos los partidos políticos que es hasta entonces se habían oranizado por separado: unos, la Plataforma Democrática, y otros, en la Junta Democrática.
Fue precisamente en Granada, y con ocasión del homenaje a Lorca, donde se celebró también el primer mitin político conjunto de la oposición, en el que tomaron la palabra líderes clandestinos de varios partidos todavía ilegales, con el PCE a la cabeza de ellos. El caso es que alrededor de aquella media hora oficialmente concedida a la Comisión Organizadora del "5 a las 5", se había desarrollado durante varios días un extenso programa de actividades paralelas que culminaron con el primer mitin político celebrado en Granada en los últimos cuarenta años (y uno de los primeros de Toda España). Fue el mismo día 5 por la noche, en el Hospital Real, sede del Rectorado universitario, y se prolongó durante más de media hora, con asistencia de unas tres mil personas, que pudieron oir por primera vez en público a destacados políticos de la izquierda española del momento, como Francisco García Salve, Alejandro Rojas Marcos, Isidoro Moreno, o el porpio Alfonso Guerra, entre otros. Naturalmente, nada es esto habría sido posible sin la iniciativa, el empeño y el denodado trabajo llevado a cabo por la Comisión Organizadora a lo largo de ocho meses. La idea había sido de la Peña del Realejo, y pronto se extendió en varios ámbitos sociales, culturales, universitarios de confianza, para terminar conformando una comisión de 33 personas -todos ellos artistas, escritores, periodistas, profesores e intelectuales de diversa extracción profesional- que se encargarían de organizar el homenaje.
Aunque la historia de la gestación, el desarrollo y el trabajo de la Comisión Organizadora ha sido ya contada en varias ocasiones (Antonio Ramos Espejo ha publicado incluso un libro sobre ello: "El cinco a las cinco con Federico"), lo que no se ha dicho todavía, y creo de justicia hacerlo, es que aquella media hora de libertad en Fuente Vaqueros no se habría podido realizar sin el decidido apoyo y el trabajo soterrado del Partido Comunista de España y toda su organización política clandestina puesta al servicio de la idea. Su célula Gramsci en pleno y varios militantes de agrupaciones universitarias o vecinales formaron parte, desde el principio, de la Comisión Organizadora, y su labor en ella estuvo, en todo momento, coordinada con la dirección del partido. No se entienda con esto que la Comisión pudiese haber sido en algún momento manipulada o teledirigida, sino todo lo contrario. Personalmente, puedo dar fe deque las decisiones de la Comisión fueron tomadas siempre con el más absoluto respeto a la pluralidad democrática representada entre sus miembros. Pero también puedo darla de lo difícil que habría sido que habría sido hacerlas realidad sin el complejo entramado político y humano de la organización comunista trabajando a la sombra para facilitar las cosas.
Eduardo Castro es periodista |
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