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07 de mayo de 2012 |
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Francisco de la Torre |
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Nunca olvidaré nunca el 4-D |
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El Parque de Málaga comienza a acogerla manifestación cuyo comienzo es en la Glorieta de Torrijos. La ilusión y la alegría es compartida por todos. La cabeaza de la manifestación ha de avanzar bastante para que atrás puedan situarse las decenas de miles de malagueños que acuden. El Parque va lleno de "banda a banda"; todos los parlamentarios, los ocho diputados, los cuatro senadores van en cabeza con algún dirigente provincial del partido. Allí estoy con Muriel, Brilkmann, Bernal, Román, Sanjuán y Ballesteros, Tomás García, Villodres, Huelin y Grcía Pérez; la bandera andaluza es la pancarta.
A la altura de la Diputación hay público cerca, se comenta que algunos grupos de extrema derecha están situados en la calle que separa este edificio de la antigua Caja de Ronda y en la calle Sancha de Lara, (la Diputación de Málaga era la única que no había incorporao en su fachada la bandera andaluza). Cuando llegams al Puente de la Avenida de las Américas, que cruza sobre la Avenida de Andalucía, Rafel Ballesteros leyó el texto consensuado para todas las manifestaciones de ese día. Había muchísima gente pero no sabíamos que un número superior de personas no habían terminado la manifestación. Al volver hacia el Centro notamos un espacio vacío, grande, desde la zona donde está ahora Unicaja, detonaciones y la humared de los botes de humo; supimos que algo pasaba pero no las causas.
El Puente de Tetuán estaba vacío y el grupo en el que iba Francisco Román (PSOE), Manuel Ruiz (PCE), entre otros, decidimos cruzarlo. Pasada la media noche un policía, pistola en mano, lo cruza de Sur a Norte. Está como "ido" y le insto a que enfunde el arma. Sin esperar a si lo hace o no, cruzamos hacia la Alameda Principal y a la altura del edificio de la Adriaática un grupo de sindicalistas de UGT arroja piedras, del cercano Guadalmedina, contra policías que asomaban por la Alameda de Colón. Ahora es a los sindicalistas a los que pido que dejen la violencia que un día de fiesta no puede terminar así. Una bala de goma de la policía -estoy de espaldas a ellos- impacta en mi pierna derecha. Seguimos Román y yo hasta el Gobierno Civil, y allí el gobernador Enrique Riverola -gran persona y buen gobernador- nos da la noticia de la muerte de García Caparrós en la Alameda de Colón, cerca del Puente de Tetuán. Debio ser poco antes de que lo cruzáramos.
Un dolor infinito nos embarga. Supimos entonces lo del chaval que "escaló" la fachada de la Diputación, hasta el balcón para poner la bandera andaluza y todo lo que siguió, a partir de ahí empezó una verdadera batalla campal y la violencia sustituyó a la fiesta y la rabia e indignación a la ilusión y alegría de otros.
El día cinco, después del entierro de Caparrós, gran parte de los asistentes se manifestaron y con violencia -en algunos casos brutal- tomaron el centro de Málaga. Recuerdo la reunión que tuvimos en la sede del PSOE, en la calle Martínez, y como el ruido de lunas de escaparates rotas, llegaba hasta el lugar de la reunión; la situación era preocupante. Pero también recuerdo el día seis, llegados los policías de grupos especiales desde Linares -pañuelo al cuello- la dureza con la que actuaban para recuperar la "normalidad" en la ciudad.
Francisco de la Torre es alcalde de Málaga |
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