Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  08 de mayo de 2012
  Juan de Dios Mellado
  Morir por Andalucía
  El disparo sonó seco. Luego, hubo tres ó cuatro más. Francisco de la Torre, diputado malagueño por la UCD, gritó: "No disparen, no disparen". A la altura del Puente de Tetuán, un grupo de policías pretende disolver la manifestación. Francisco Román, diputado socialista, con la cara lívida, pide ayuda. A su lado, el comunista Manuel Ruiz Benítez, dice que hay heridos; que una bala ha alcanzado a alguien. A pocos metros de la fachada del diario Sur, en la calle comandante Benítez, hay un cuerpo tumbado en la acera. Un charco de sangre en forma de rosa avanza hasta caer al asfalto. Llega una ambulancia. Nada se puede hacer. José Manuel García Caparrós, joven militante de CC.OO., está muerto. Una bala le ha segado la vida. Málaga, al conocer la noticia, estalla en una de las jornadas más tensas y violentas que se recuerdan. Los diputados piden explicaciones al gobernador civil, Enrique Riverola. El ministro de Gobernación, Rodolfo Martín Villa es como un sepulcro. Manuel Clavero no sale de su asombro, primero por la masiva asistencia y, en segundo lugar, por la muerte en Málaga. El ministro Clavero de dice al presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, que Andalucía ha manifestado en la calle la autonomía que quiere. Suárez calla. El núcleo duro del primer gobierno democrático, salido de las urnas, no está por la labor.

Día de júbilo. Era un día lluvioso en toda Andalucía. Aún así, cerca de millón y medio de andaluces se dieron cita en las calles y en las plazas. Día de júbilo porque se iba a pedir la autonomía para Andalucía. Se leerá en todas las manifestaciones el mismo texto redactado por los convocantes. En Sevilla, le impiden a Alejandro Rojas Marcos (PSA) entregar a unos niños la bandera de Blas Infante que, momentos antes, le ha dado una de las hijas del padre de la "patria andaluza". Es en Sevilla donde se produce la manifestación más concurrida. Rafael Escuredo, José Rodríguez de la Borbolla, Rojas Marcos, Manuel del Valle, Luis Uruñuela, Eduardo Saborido, Ramón  Lobato "alias" de Eladio García Castro y otros líderes  la encabezan. manuel Clavero sgue los acontecimientos desde su despacho ministerial en Madrid.

Las campanas de La Giralda repican a gloria, ante el fallido intento de Rojas Marcos, entrega la bandera de su padre, fusilado en agosto de 1936, a un grupo de niños.
También en Granada fue jornada de júbilo hasta que un grupo de parados lanzaron gritos frente al Gobierno Civil y algunos manifestantes de la  Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT) y del Movimiento Comunista (MC) ondearon banderas republicanas. Cargó la policía. Lo mismo que en Almería y Cádiz, con un Rafael Alberti exultante, que ya había dejado su acta de diputado para ser, simplemente, un poeta del pueblo. En Huelva la represión fue más dura. La policía nacional aún estaba anclada en el pasado.
Pero los sucesos más graves, que convulsionaron a toda Andalucía, se produjeron en Málaga, cuando el presidente de la Diputación, el fascista Francisco Cabezas, se negó a colocar la bandera andaluza en el palacio provincial. La policía actuó con inusitada dureza. Una bala segó la vida de José Manuel García Caparrós y hubo heridos de diversa consideración entre los manifestantes y la policía. Por una bandera, una muerte, Pancho Cabezas, que si era conocido en los ambientes ultras malagueños, desparece. Todavía hoy se desconoce quien o quienes dispararon.
Laurentino Heras, sacerdote obrero, con la crudeza de quien vivió horas intensas recordaba: "Los botes de humo caen a nuestros pies; nos ahoga el humo. los policías, con las porras en mano, no se detienen ante nada. lo que iba a ser una jornada festiva se convierte en un drama. Cuando llego al puente de Tetuán oí los disparos. A pocos metros, cayó el muchacho. Luego supe que había muerto José Manuel".
Los días posteriores, desde Madrid, tanto Santiago Carrillo (PCE), Felipe González (PSOE), como Marcelino Camacho (CC.OO) piden a sus militantes calma. El búnker no estaba dormido y el miedo podía atenazar el camino democrático. Los diputados y senadores de los dos partidos se echaron sobre sus espaldas la responsabilidad de calmar a un pueblo que reclamaba justicia, democracia y autonomía. Como diría Miguel Ángel Arredonda, "Andalucía, con la sangre de Caparrós, se reencontró con el camino por el que había muerto fusilado Blas Infante".
   
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