| |
|
|
|
INICIO > PROVINCIAS > > ARTÍCULOS |
| |
14 de mayo de 2012 |
| |
Soledad Becerril |
| |
Desde los albores de la democracia hasta el Ministerio de Cultura |
| |
El régimen del general Franco estaba agotado. Eran los primeros años de los setenta. España no podía, por mucho más tiempo, mantener un sistema político, unas instituciones y unas leyes que chocaban frontalmente con todo el entorno europeo. Cada día resultaba más difícil convencer a los españoles que estuidaban, que viajaban o que simplemente observaban lo que ocurría ó lo que se escribía en los países vecinos de que nuestro sistema era adecuado para el pueblo español y que la democracia no traería más que males. Aquella España diferente, como desde el régimen se decía, no quería seguir siéndolo. Y esto era imparable, como lo ha sido, treinta años después, la caída de los regímenes socialistas en al Europa del este. En aquellos años los partidos políticos, aún en la clandestinidad, desarrollaban toda la actividad posible. En Andalucía, los partidos socialista y comunista contaban con personas especialmente activas que trataban de romper su aislamiento y hacer llegar mensajes tranquilizadores en relación con sus proyectos para el futuro. La democracia cristiana contaba con personas de relevancia profesional pero siempre menos activas que los partidos de izquierda. Ni la derecha ni el centro estaban organizados, desde el punto de vista político. Pero resultaba evidente que había que prepararse para una etapa bien distinta, y además colaborar en que llegara lo antes posible.
Joaquín Garrigues había fundado la sociedad de estudios "Libra", que editaba documentos de carácter económico y político y que sería el germen del Partido Demócrata y Liberal. En Andalucía costó bastante reunir un grupo de personas que además de compartir las tesis liberales, tan denostadas por el régimen, quisieran hacerlas públicas. Gabriel Navarro, jerezano que manifestaba públicamente su apoyo a Don Juan de Borbón, tomó la iniciativa de constituir el Partido Demócrata y Liberal Andaluz. El partido se presentó, a comienzos de 1975, en el cine del Cerro del Águila en Sevilla, ante un auditorio formado mayormente por gente de izquierdas que escucharon con respeto pero también con escepticismo que la derecha proclamara la soberanía popular, la defensa de las libertades y la economía de mercado como principios de un sistema a alcanzar como habían hecho las democracias occidentales. Y así empezó para mí una andadura políica que años atrás se había ido fraguando en mi trabajo en la revista La Ilustración Regional Jaime, revista de información regional de Andalucía que dirigía Ignacio Romero de Solís, promovida por un grupo de personas, entre las que se encontraba el catedrático de la Universidad hispalense García Añoveros, de muy diversas ideas políticas pero coincidentes en el objetivo de lograr la democracia.
En junio de 1977 se celebraron las primeras elecciones a las que concurrí con el partido de la Unión de Centro Democrático y resulté elegida diputada por Sevilla. Luego, se puso en marcha el proceso para alcanzar la autonomía en Andalucía. El gobierno de la UCD que veía con enorme preocupación el ritmo tan rápido del proceso de descentralización política recomendó la abstención en el referéndum de consulta previo. Pero aquello fue también imparable: ni siquiera el golpe de estado del 23 de febrero de 1981 logró detener el proceso. Aquel estatuto, en cuya redacción participé en Carmona en el verano de 1979, se aprobó y hoy es el de todos los andaluces. En diciembre de 1981 fui nombrada por el presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo, ministra de Cultura. Era la primera mujer que formaba parte del gobierno tras la instauración de la democracia, alcanzada de forma ejemplar por los españoles y auspiciada por S.M. el Rey desde el momento de su proclamación hace 25 años.
Soledad Becerril fue ministra de Cultura en 1981. También fue vicerpesedenta del Parlamento y diputada del Partido popular por Sevilla |
| |
|
|
|
|