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22 de mayo de 2012 |
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Julio Anguita |
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"Para comunista, estoy yo" |
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Tenía 35 años cuando llegó a la Alcaldía de Córdoba. Una convulsión total. Un comunista alcalde en una de las ciudades más importantes de España. Crujieron los bastidores de la democracia. Pero ni él, ni el pueblo estaba dispuesto a renunciar a la libertad. "Fueron años muy complejos" Llegué a la Alcaldía con 35 años y algo más: una enorme ignorancia de lo que eran los ayuntamientos. En el PCE habían pretendido explicarnos, pero con una carga muy ideologizada, de cómo eran los cuerpos nacionales, la administración; pero una cosa era la teoría y otra la realidad. Y la gran ilusión: hacer cosas enormes de inmediato. Es lo que creíamos. Hubo de aprenderlo todo en dos meses. Además, había una penuria económica dramática. estaban también los grupos de presión. En mis primeros meses, la extrema derecha quiso hacerme la vida imposible, dentro y fuera. Recuerda sus enfrentamientos con Fernando Abril Martorell, "un hombre duro de pelar"; con el propio Adolfo Suárez. Julio Anguita abrió varios frentes de debate y de lucha, con el obispo cordobés, con la Casa Real, con el gobernador militar, con los grupos de extrema derecha de Fuerza Nueva, con el Patronato de Medina Azahara, que presidía Soledad Becerril, cuando era ministra de Cultura, "No se podía excluir al Ayuntamiento. Yo tengo la vara, dije, y no se doblega ante nadie; no por mí, sino por el pueblo que representa. Había que defender la dignidad de pueblo".
No era fácil gobernar. La gestión era lo primero y, también la participación ciudadana. "Queríamos gobernar para todos, quizás con un lenguaje reaccionario, ya que es difícil para todo el mundo. Lo lógico era gobernar para los más necesitados. Nos costó entenderlo. Pasado el tiempo fue más fácil. Explicaba los persupuestos, los programas, abríamos largos debates con las asociaciones de vecinos... Mi primera batalla fue la municipalización". "No creo recordar que tuviera miedo, aunque hubo incidentes con Fuerza Nueva. No podían entender que un comunista gobernara su ciudad. Yo pedía al partido, a los concejales que no cayeran en la provocación". Su otra gran batalla fue convencer y que colaboraran los máximos responsables de la gestión municipal. "Era el 20 de abril, cuando tuve la primera reunión con el secretario y el interventor. Les dije que no tenía ni idea de gestión municipal. Ellos estaban muy atentos porque, posiblemente, esperasen que hubiera purgas. Detrás de mi cabeza aún estaba el retrato de Franco. Uno de ellos dijo: "mire usted no soy comunista". Le respondí de inmediato: "para comunista, estoy yo; usted limítese a hacer su trabajo". Tuve excelentes colaboradores, gobernamos sin complejos y durante cuatro años fue un pacto fructífero. Lo más duro fue cuando hubo de prescindir de dos concejales del PSOE; lo más positivo el ejemplo del PSA que me apoyaron en todo, sobre todo el primer teniente de alcalde, Paco Martín. Fue un modelo de colaboración que, luego, pagaría en las urnas. Recuerdo que en la noche en que perdió el PSA, en las siguientes elecciones y nosotros subimos tanto, los del partido comunista se fueron a la sede del PSA, a las tendillas, para gritar "PSA". Fueron leales y consecuentes". Y es que no se podía olvidar, por recordar algo, que en una manifestación de extrema derecha, provocadora y dispuesta a cobrarse en sangre que los comunistas o la izquierda gobernara en Córdoba, arremetieran contra nosotros y, de pronto, vemos a Paco Martín que se quita la correa, la enarbola sobre su cabeza y hace frente a los ultras que, recuerdo, llevaban una especie de lanzas. Yo había pedido que no cayéramos en la provocación, pero cuando vimos a Paco, nos sentimos fuertes. Fue un acto ingenuo. En aquellos años la ingenuidad estaba en la izquierda. Lo pasó mal, cuando le acusaron de haberse llevado dinero. "Lo hicieron los concejales socialistas y aquello fue muy duro".
Si tuvo, como le pasó a Pedro Aparicio en Málaga, enfrentamientos con la Junta de Andalucía. "El poder autonómico, recuerda Anguita, no veía con buenos ojos el poder municipal y eso que fueron, en gran medida, los alcaldes y de ellos, los comunistas los que dieron el paso para implicar al pueblo e implicarse en el proceso autonómico. De todos modos, pasado el tiempo, sigo pensando que la autonomía, tal y como se produjo, fue un fenómeno de masas. El pueblo arrastró a los dirigentes, sobre todo después del 4 de diciembre. Se derrotó al gobierno de la UCD y a su aparato de propaganda, luchando en los ayuntamientos, en la calle. Creo que España tiene que darle las gracias al pueblo andaluz porque el poder estuviera repartido, federalmente hablando. Eso lo sabe Pujol (Jordi). Hubo un componente de clase en el reparto del poder. Además se le tenía miedo a Andalucía por el empuje del pueblo y porque su número de habitantes tenía mayor capacidad electoral. le tenían miedo a Andalucía, entre ellos el PSOE. Rafael Escuredo lo entendió cuando avanzó más de lo que estaba previsto, los poderes fácticos los tuvo en contra. Escuredo fue crucificado por esos poderes y fue víctima de su propio partido, como luego lo sería Rodríguez de la Borbolla".
Julio Anguita fue alcalde de Córdoba y diputado por Izquierda Unida |
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