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22 de mayo de 2012 |
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Felipe Alcaraz |
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El sueño de la libertad |
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Felipe Alcaraz, diputado en el Congreso en varias legislaturas, fue secretario general del PCA durante la mayor parte de la Transición y persona clave en el proceso autonómico andaluz. En su memoria, el recuerdo de los camaradas llegados del exilio, las reuniones clandestinas, la desarticulación una y mil veces del partido comunista y la "siembra" de los Benítez Rufo, Tomás García, Ignacio Gallego, Eduardo Saborido, Fernando Soto, Pérez Royo y otros muchos que en el "sábado de gloria" de 1977, saltaron de alegría cuando se legalizó el PCE.
"El partido con mucho sacrificio, sometido a una represión tremenda por el franquismo se mantuvo vivo en Andalucía. lo desarticulaban y se volvía a trabajar, con todos los riesgos del mundo. Poco a poco fuimos variando estrategias. En los últimos años del franquismo, nuestra estrategia fundamental era el sueño de la libertad, estábamos llegando al final de un trayecto y el punto de llegada era la libertad y, como fue después en forma escrita, la Constitución de la reconciliación. Lo fundamental era dictadura o democracia y nos volcamos ahí. Incluso antes de la legalización comenzábamos a salir a la superficie, a alquilar e incluso a comprar sedes, lo que luego ha sido una cadena importante. Teníamos una gran afiliación y manteníamos unas relaciones muy buenas con CC.OO., teníamos en ese momento una gran capacidad de movilización, y de movilización rápida, nos podíamos reunir en poco tiempo cinco o seis mil personas, como se vio con ocasción de la detención de Carrillo". "Cuando estábamos a las puertas de la democracia o al menos cuando ya se intuía el final del franquismo, hubo momentos represivos muy dolorosos, como sucedió con la presentación de Ignacio Gallego en Jaén. Aquello fue tremendo porque estábamos buscando la reconciliación y apareciendo en superficie. La represión fue inusitada, y yo fui uno de los detenidos. Era un error político de primera magnitud, nos habíamos concentrados muchos miles de comunistas, era domingo, había fútbol, y aplearon incluso a hinchas del Córdoba, que iban con los blanquiverdes".
Felipe Alcaraz recuerda el papel que el PCE en Andalucía tuvo en la preautonomía, como compañero leal de aquella iniciativa que abría los caminos de la autonomía andaluza, después del Pacto de Antequera, en el 1978. "Nosotros siempre hemos sido muy generosos. Y lo fuimos sobre todo entonces. Logramos, merced a la política de concentración que defendíamos y en función de entregarlo todo por la libertad en esa aludidad dicotomía dictadura-democracia, coincidir al final en una sola plataforma. Todos coinciden en afirmar que hubo dirigentes del partido, caso de Tomás garcía, que dieron una lección de cómo colaborar con un proyecto en el que creíamos, aunque mantuviéramos algunos matices distintos". La legalización del PCE en semana santa del 77 fue "algo tremendo", recuerda Alcaraz. Pero, con la disciplina de partido supieron contener la alegría que podía desembocar en que alguien lo entendiera como una provocación. Como otros muchos comunistas andaluces, vivió aquel "sábado de gloria" de una forma muy intensa. "Yo estaba en Torredonjimeno, nos reuníamos en una casa de obras, era una reunión importante. Se estaba recomponiendo el partido, que allí había tenido una caída muy fuerte en el setenta. La tente lloraba como niños. Algunos dijeron "vamos inmediatamente al centro del pueblo con las banderas rojas". Pero lo que es un partido que sabe atemperar las situaciones, de inmediato decidimos que: vamos a esperar a mañana, no vamos a hacer ninguna demostración que pueda llevar a provociones. Al día siguiente sí, salimos de forma masiva. La gente más prestigiosa de cada calle en aquel momento era comunista. Con el PCE legalizado, los comunistas andaluces pudieron trabajar de forma más clara en el proyecto de autonomía para Andalucía. "Nuestro discurso estaba muy determinado por dos ideas, libertad y justicia social. Pero al mismo tiempo, en el Partido Comunista, desde siermpre, teníamos una concepción muy clara del estado federal, de los derechos territoriales de cada pueblo, y eso fue saliendo a la luz con mucha fuerza, cara a la conquista de la autonomía plena, en la idea desde luego de conquistar una autonomía a la altura de catalanes, vascos y gallegos, pero no sólo eso, sino que Andalucía fuera la locomotora que tirara del resto para la constitución de un estado nuevo, porque en aquellos años no era sólo la alegría por la caída de un régimen contra el que tanto habíamos luchado, sino que se iniciaba una nueva etapa de democracia, camino del estado federal, una etapa fundacional en la que Andalucía -al conquistar la autonomía plena, pese a toda la oposición de la UCD, con aquella ley de modalidades de referendo que logramos cambiar- jugaba un papel fundamental, era la Andalucía del paro y la emigración, las palabras claves del estatuto, además de la reforma agraria. Era una situación que nos conmovía y nos impulsaba".
"El 28-F los comunistas andaluces trabajamos con mucho ardor y auque cedimos protagonismo también aquí, nos empleamos a fondo; colaboramos con todos vuestros recursos, porque pensábamos que el estatuto que se veía venir era un instrumento fundamental para incorporarnos a la media del Estado en temas fundamentales y conquistar un poder político a la altura de vascos, catalanes y gallegos. Pero nos encontramos entonces con un Rafael Escuredo que partía de la idea de que en Andalucía no se había hecho la revolución burguesa, que había -decía él- una revolución socialdemócrata pendiente. Él tiró con fuerza y ahí nos encontramos en una colaboración estrecha -nos abstuvimos en su investidura- que terminó cuando él se atrevió a hacer una reforma agraria y se le dijo no desde La Moncloa. A partir de ahí se inició un proceso de separación porque el PSOE, a raiz de conseguir la autonomía, comienza un proceso de enfriamento del entusiasmo y la unidad popular generada por la autonomía. Creo qeu no nos equivocamos, ha sido un proceso larguísimo de enfriamiento". "La autonomía, para nosotros, era un instrumento para luchar contra el paro y la emigración, y la gente lo entendía perfectamente así, lo entendía como una respuesta, una forma de recuperación de la dignidad andaluza. Asimiló, por ejemplo, que nuestra forma de hablar no es una degeneración del castellano, sino una forma distinta y moderna. Todo se hacía en base a la unidad de la izquierda, y ello permitió derrotar al gobierno en el referéndum que él mismo había convocado con sus condiciones y su pregunta".
Uno de los desengaños que más hondamente caló en le Partido Comunista fue que la Reforma Agraria, que escuredo había proclamado a los cuatro vientos, se desinflara. "En la negociación del Estatuto nosotros logramos meter el concepto de reforma agraria. Al principio parecía que se aceptaba, que se encajaba. Pero pronto comenzamos a ver movimientos muy inquietantes. Yo, que era secretario general del PCA, tuve muchas reuniones en la que se me presionó para que retirásemos el término reforma agraria. Pero ahí nos mantuvimos firmes. Yo informé de esas presiones al Comité Central y éste dijo que lo mismo que la lengua era el hecho diferencial en vascos o catalanes, aquí era la reforma agraria. Esas presiones no sólo se daban en Andalucía, Santiago Carrillo me informó, por ejemplo, de conversaciones con Rodolfo Martín Villa en ese sentido, pero no retiramos la reforma agraria. Lo mismo ocurrió en defensa del artículo 151. Había un deseo de reforma muy claro. Recuerdo que iniciamos una marcha en pro de la reforma agraria en el 83 que resultó tremenda, pues fue creciendo y cuando llegó a Sevilla erámos veintitantos mil. Era una reforma con la Constitución en la mano. Era una reforma para la modernización, para la planificación, de abajo a arriba, a través de las juntas comarcales. Escuredo planteó la ley, e incluso pidió -lo que todavía hoy no se ha conseguido- competencias plenas sobre el Guadalquivir. Las contradicciones fueron tan fuertes que a los dos años escasos de llegar al poder un personaje tan mítico como él, tuvo que dimitir. Y la clave de esa dimisión está ahí, en la reforma agraria".
Felipe Alcaraz fue secretario general del Partido Comunista de Andalucía |
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