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12 de junio de 2012 |
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Amparo Rubiales |
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Haciendo camino al andar |
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Volviendo la vista atrás en mi ya dilatada vida política me encuentro con dos años y dos acontecimientos especialmente significativos y emocionantes. Han sido muchos los buenos años vividos y aunque también fueron antes demasiados los malos, de éstos más vale ahora no acordarse. Significativos para mí han sido dos: 1979, año en el que eligieron los primeros ayuntamientos democráticos y en el que pasé a formar parte del Ayuntamiento de Sevilla, primero y de la Diputación Provincial después , como vicepesidenta de la misma, y 1982.
Desde que se aprobó la Constitución, todo lo que pasó fue nuevo y diferente; se empezaban a hacer realidad muchas de las cosas por las que durante tanto tiempo habíamos luchado. En mi recuerdo personal y político nada se puede comparar al año 1982; hacía poco tiempo que había dejado la militancia en el PCE y, al mismo tiempo, mi acta de concejal y, por tanto, la vicepresidencia de la Diputación. Había elecciones en Andalucía, las prtimeras en su larga historia, las primeras después del referéndum del 28 de febrero, las primeras por sufragio universal para elegir un Parlamento propio. Fui candidata en las listas del PSOE por Sevilla y salí elegida parlamentaria andaluza el 20 de mayo de 1982; formé parte del primer Parlamento andaluz en el que el PSOE de Andalucía obtuvo mayoría absoluta (66 diputados de un total de 109), pese a la campaña del gusano que salía de a manzana podrida con el que tan "famosos" se hicieron los empresarios andaluces, nos adelantamos en 5 meses al espectacular triunfo del PSOE en toda España. por cierto, en aquel Parlamento sólo éramos 6 mujeres de un total de 109 parlamentarios. no teníamos ni sede: las primeras reuniones para elegir presidente del Parlamento primero, y del Gobierno después, se celebraron en el Alcázar de Sevilla. Allí elegimos a Antonio Ojeda como primer persidente del Parlamento y a Rafael Escuredo, el político más carismático que ha tenido Andalucía y sin el cual no habría sido posible la autonomía andaluza, primer presidente del Gobierno andaluz. Pasé a formar parte de ese primer Gobierno como consejera de Presidencia, era la primera y fui la única mujer de aquel Gobierno.
Después comenzó otra historia: la de llenar de contenido la auntonomía andaluza; partíamos de casi cero. No teníamos nada: ni despachos, ni funcionarios, ni coches, ni apenas competencias y mucho menos recursos económicos (el primer presupuesto que aprobamos fue de 78.865.599.965), pero sí mucha ilusión y entusiasmo y le echamos muchas horas de trabajo y muchos kilómetros. Y así fuimos haciendo camino al andar, cumpliendo nuestro Estatuto, y haciendo realidad el sueño de los andaluces al haber conseguido una autonomía de primera para Andalucía. En 1982, por fin, el sueño se hizo realidad.
Amparo Rubiales fue vicepresidenta del Congeso y diputada por Sevilla. |
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