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12 de junio de 2012 |
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Antonio Hernández Mancha |
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Derecha andaluza y democracia |
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En 1977 AP no consiguió en las elecciones generales de junio ni un solo escaño. AP funcionaba como un partido fuertemente centralizado en Madrid para el que Andalucía sólo eran "las 8 provincias andaluzas"; ocho distritos electorales donde mandaban "cuneros" a las elecciones. Y ninguno sacaba su escaño. Yo vi claro que aquello había que cambiarlo. AP no podría despegar de ninguna manera si antes no hacía cuatro cosas: - Soltar lastre franquista y amarras del pasado. - Hacer un recambio generacional. Recuerdo que Fraga me dijo en alguna ocasión, en privado, que no comprendía mi empeño en "matar al padre" (sic). Afirmar su fe en las autonomías de cuya estructura, quisiera o no, iba a ser imposible sustraerse un poco de los tirantes bicolor. - Y, en todo caso, derivar su ideología hacia fórmulas más modernas y moderadas, dejando a un lado todo el ejemplo Thatcher tan querido por nuestro fundador. En Madrid no existía aún esta sensibilidad. Además no captaban el "feeling" andaluz. Se veía claro que en AP ignorando el hecho autonómico no íbamos a parte ninguna. Por eso, aprovechando que en Madrid pensaban que en Andalucía estaba la cosa imposible y me dejaron hacer, decidí -más bien solo que con otros- regionalizar nuestra estructura. Razón por la cual yo, en lo sucesivo, para predicar con el ejemplo siempre fui parlamentario andaluz -nunca diputado del Congreso- cosa que bien lamentaría luego al asumir el liderazgo de la oposición a nivel nacional. A los actos y reuniones de la llamadda "Preautonomia" solíamos acudir en representación de AP varios diirgentes encabezado, como más veterano, por Miguel Sánchez Cañete, de Alcalá la Real (Jaén).
AP de Andalucía fue la primera de todas las organziaciones regionales de este partido que, por mi iniciativa, adquirió estructura regional frente al acendrado centralismo instalado por Fraga y los "siete magníficos". No olvidemos que esta época de "España lo único importante"...En 1979, conseguí en un Congreso Extraordinario, que convoqué en Fuengirola, crear AP de Andalucía, con unos estatutos y unos órganos autónomos, que la Organización Central del partido miraba de reojo y a los que no dio luz verde hasta que, se empezó a hablar en gallego... No conviene olvidar, sin embargo, que AP de Galicia se constituyó a imitación, aunque ahora parezca mentira, de AP Andalucía y bastante después de ésta. Desde 1976 a 1982 fue nuestra travesía en el desierto. En las Municipales de 1979 no conseguí siquiera presentar candidatura en las ocho capitales, tal era el miedo a significarse de nuestra gente frente a la pujanza y agresividad dialéctica de los partidos de izquierda y extrema izquierda. Los posibles candidatos huian correindo antes de ternminar la frase "he pensado en ti..." Desde luego no había entonces, precisamente, "codazos".
En las Autonómicas de 1982, encabecé las candidaturas de APA acompañado por gentes como Miguel Arias; Mon del Río y Gabino Puche. Y contra todos los pronósticos, incluso los de una CEOE que tras el "error del gusano" tenía un cierto "síndrome de Estocolmo" y empezaba unos pasteleos con los empresarios que luego alcanzarían el paroxismo con Boyer y Solchaga, dimos la campanada colocándonos en el primer Parlamento como primera fuerza de la oposición por delante del PC de Julio Anguita. Continué haciendo el recambio del partido -hoy diríamos "centrado"- e incluyendo gente laica -entonces algo inaudito- como Pedro Albert. Y moderada o independientes como Soledad Becerriil que me aceptó la cabecera de la lista municipal de Sevilla. Aunque pese a intentarlo muchas veces no conseguí la aceptación de Clavero Arévalo cuyo partido regionalista no consiguió despegar. Javier Arenas si aceptó -y a la vista está nuestro acierto- pero bajo la fórmula federativa del efímero PDP.
La falta de apoyo de aquella derecha un tanto cerril y miope, con sólo algunas honrosas excepciones, me negó su apoyo incluso en trámites tan sorprendentes como en nuestra oposición -que llevó con su proverbial brillantez Miguel Arias- a aquella demagógica y demencial Reforma Agraria, de la que gracias a Dios nunca más se supo; y que hace bastante tiempo ha ido derogada por la Política Agraria Común Europea. Después de mi experiencia andaluza -y lo digo con jactancia-: en AP se puso de moda el ejemplo y se empezó a pensar que no sólo en las Cortes y en Madrid se hace política, cuando, además, comenzó a ser menos difícil ascar un escaño regional que uno en el Congreso: Aznar se fue a Castilla-León, auqnue necesitó como él sabe mi imprescindible ayuda para ser candidato; Juan Ramón Calero se fue a Murcia, Rajoy se hubiera ido a Galicia de no regresar Fraga a Estrasburgo; Ruiz Gallardón optó por la Autonomía Centralista...Pero todo esto es más reciente.
Antonio Hernández Mancha es abogado |
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