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18 de junio de 2012 |
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Rafael Escuredo |
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La política es oportunidad |
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Rafael Escuredo (Estepa 1944), presidente del ente autonómico entre 1979 y 1982 y primer presidente de la Junta de Andalucía, amntiene con mínimos recortes el discurso y talante que le convirtieron en protagonista indiscutible del proceso autonómico andaluz, aunque él hable de la política de la oportunidad. Le tocó vivir políticamente los años más apasionante de la Transición democrática de Andalucía; quizás también los más duros. Sin Rafael Escuredo es polible que la autonomía hubiera transcurrido por otros derroteros.
Rememora con calor, pero también con sentido crítico incluso para si mismo y nunca exento de humor, los aciertos y los errores de unos años intensos. Mantiene también el porte, que alguien definió tribuno romano, de los años de la transición, aunque ahora el pelo, abundante, azulea en blanco. "En esta historia -afirma refieriéndose a la agitada transición andaluza-, el que menos se ha movido he sido yo". "Yo abandoné el partido socialista en 1972 -explica, cuando se le pregunta por aquella curiosa salida-, porque en aquella etapa, la de Rodolfo Llopis, tenía una estructura masónica, se regía con mano de hierro. Desde Sevilla mandábamos artículos a El Socialista, que se publicaban manipulados. Yo pensé que era imposible que la dirección del partido estuviese, como queríamos, en España. Lo mismo pensaba, por ejemplo, Enrique Tierno Galván, que optó por crear el PSP. Y me fui: se quedó mi mujer, Ana María, que es más estable y no tira al monte en las decisiones personales como yo. Luego, cuando tras el congreso de Suresnes (Francia) la dirección volvió al interior, me reincorporé. Ya entonces el partido, aunque éramos aún muy pocos, estaba creciendo. El partido tenía por entonces una fuerte tradición federalista, no se compartía el esquema de la II República, que no había funcionado, con autonomía para el norte de España y para el resto, mancomunidades de diputaciones. Un discurso que luego va a tomar la UCD. La Ilustración poítica de la transición española tenía una cabeza, una organización del Estado, réplica de la II República: autonomía para Cataluña, Euskadi y Galicia y para el resto papas aliñás".
Federal y andalucista. Rafael Escuredo siempre tuvo un gran olfato político. Venteaba el futuro, aunque a muchos compañeros de su partido le sorprendiera la evolución tan rápida, del federalismo al nacionalismo andaluz. "Yo creo que la política es oportunidad. ¿Vale un discurso para siempre? De ninguna manera. El discurso político debe estar ajustado al momento. Eso no es oportunismo. Oportunismo es la democracia instantánea, sacar la mano, ver hacia donde sopla el aire y apuntarse ahí. Ya en aquel momento, antes incluso de la aprobación de la Constitución, lo que se estaba viendo en España eran manifestaciones para resataurar lo que se denominaban derechos históricos de Cataluña, Euzkadi y Galicia. Frente a eso cabían dos cosas, lo que se nos comenzó a vender, la Mancomunidad de Diputaciones, o pensar que España debía tener no sólo un norte fuerte, sino también un sur igualmente fuerte que contrapesase y equilibrase al Estado, eso apoyado desde luego en el sentimiento de un pueblo que piensa que está abandonado a la suerte de lo que decidan los gobernantes de Madrid". "Entendí el andalucismo como una herramienta que nos podía servir a los andaluces, no sólo en el marco de la estructura territorial del Estado, sino como un elemento de reafirmación; lo que hoy se llama la autoestima. No somos más que nadie, pero tampoco menos. El andalucismo/nacionalismo andaluz no se sustenta tanto en la historia y en la cultura, como sobre todo en los agravios económicos; se sustentaba en el subdesarrollo. los textos están ahí, los de José Aumente por ejemplo. De forma que vi que en un partido que tenía vocación federal cabía la posibilidad de incorporar los valores positivos del andalucismo. Entiendo que encajan en el imaginario doctrinal del socialismo y pienso que es la percha para funcionar en Andalucía. Una evolución racional, pero que yo veía también día a día en la calle".
Había voces que pedían la unidad de los socialistas. Los intentos del PSOE y PSA, pese a reuniones poco antes de las primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977, no dieron sus frutos. Rafael Escuredo lo recuerda. "Luis Uruñuela tenía una relación afectiva, de amistad, con Felipe González, que se casa por poderes y Luis Uruñuela es el poderdante. Pero hay una visceralidad permanente ante Alejandro Rojas Marcos y los socialistas, en general. Rojas Marcos es un hombre de Don Juan, de los monárquicos, y nosotros -en la Facultad de Derecho- estamos en una idea republicana federal. Creo que ideológicamente se podían haber encontrado caminos comunes, pero personalmente no, ahí había un divorcio, eran agua y aceite. Felipe era un personaje desbordante, lúdico, afectivo, con elementos libertarios, y Alejandro es luterano, frío, una persona que escribe todo en fichas". "Es cierto que los andalucistas ya circulaban por este terreno. Sí, el camino lo estaban abriendo ellos, conviene subrayarlo. Pero yo interpreté que el andalucismo era un valor añadido a una doctrina. Socialismo, más andalucismo, más subdesarrollo, más historia y cultura".
"El 151 o ninguno". El partido socialista decide que Plácido Fernández Viagas sea el primer presidente de la preautonomía andaluza. "Plácido era ejemplo de socialista íntegro, honesto, prestigiado. Un señor magistrado que no sólo es socialista, sino que tiene un discurso y un comportamiento socialista. No se discutió, era el maestro. Pero Plácido era de la misma generación que la gente de la Dictadura, era el perdedor de la guerra; nosotros, mi generación, estábamos más próximos a la gente joven de Andalucía, mientras que Plácido era el socialista republicano, le hicieron la campaña más brutal que yo he conocido en términos políticos. Y se hartó "Antes se había conseguido pactar el camino de la autonomía, en Antequera. las imágenes recuerdan momentos claves en los que se hizo una apuesta para buscar una salida, después de numerosas reuniones de la Asamblea de Parlamentarios de Andalucía, que había surgido tras las elecciones del 15-J. "Fue una iniciativa conjunta de Plácido Fernández Viagas y José Rodríguez de la Borbolla, y fue decisivo, porque de una forma inteligente de amarrar algo que ya se estaba poniendo en duda. De hecho se habían producido intervenciones de dirigentes de UCD que presagiaban un paso atrás en la autonomía. Fue Plácido el que diseñó los términos del Pacto y quien lo negoció. Y lo firmaron muchos partidos".
De los momentos claves en la vida de Rafael Escuredo hay unas fechas que marcan su vida. De todas ellas el 28 de febrero de 1980, cuando el pueblo andaluz aprueba la autonomía. "Estamos en la batalla tras el 28-F, cuando el PSA está tratando de llegar a un acuerdo con la Unión de Centro Democrático (UCD) para salir del punto muerto provocado por quedarse Almería descolgada (que estoy convencido, se perdió por el catastrófico centro). La sensación es que habíamos ganado el refrendo, y los medios, sin excepción, lo interpretaron así. En ese clima, el portavoz de la UCD en el Congreso, Antonio Jiménez Blanco, que tenía un discurso muy granadino de defensa de la idea de Andalucía Oriental, me nombró en un momento del debate, y yo pedí la palabra por alusiones, en contra de las instrucciones que tenía de Gregorio Peces Barba. no tenía muy clara la intervención, pero subí a la tribuna y dije: mientras yo sea presidente de la Junta y cuente con la mayoría de esta institución. Andalucía irá por el artículo 151 o por ninguno. Y se hizo un silencio espectacular". Dominaba entonces, la idea de las dos Andalucías. Eso venía de la II República, recordemos la Asambiea de Córdoba de 1933, no es cosa de la transición. Y venía, sobre todo, del mundo del dinero. La batalla de fondo era de poder, si gobernaba UCD o nosotros. Con la división, UCD veía más fácil gobernar en Andalucía. Jaime García Añoveros lo decía muy claro. Y a Manuel Clavero recordamos, lo estaban ninguneando. Yo lo que hice fue apuntarme a todo lo granadino. Durante dos años y medio estuve yendo a Granada cada quince días, contactando con todos los sectores y buscando un puente cultural Sevilla-Granada".
En aquellos momentos es clave otro andaluz, Manuel Clavero. Rafael Escuredo recuerda que vivieron juntos momentos muy angustiosos, también de soledad. En más de una ocasión tuvieron que apoyarse. "A manuel Clavero lo llevaron al límite y se convirtió en lo que nunca quiso, porque él siempre fue, digamos, una persona de orden. En aquel verano fui a comer a su casa y cuando nos sentamos me preguntó, -¿Usted cómo lo tiene? - Difícil. -Yo también. -Pues vamos a apoyarnos. Hubo un pacto porque, en ese momento, Manuel Clavero no era un adversario político, era más bien un elemento de fragilización d ela UCD". "Con Adolfo Suárez tuve aquella entrevista histórica, en la que le arranqué la fecha para el refrendo. Previamente me entrevisté con Felipe González, que me dijo "tira para adelante". Adolfo Suárez creía que se había llegado a un pacto con Gregorio Peces Barba para que no hubiese refrendo. Yo el dije que no era cierto y con quien acababa de hablar. Le pedí la fecha y él me dijo que no podía dármela. Le advertí que quienes iban a perder era él y su partido si se descolgaba. Siguió una larga conversación. En un momento, me dijo "me has convencido", y me dio una fecha que luego hubo que cambiar porque era sábado".
El partido socialista."El que menos se ha movido en esta historia he sido yo, lo que pasa es que he sido víctima. Era federalista, incorporé el andalucismo porque vi que era un proyecto que encajaba y que equilibraba el norte con el sur. Y lo sigo creyendo. En aquella época yo lo tenía muy claro, pero había gente en el partido que no lo tenía". Cuando se le insinúa el nombre de José Rodríguez de la Borbolla, Rafael Escuredo, como si hubiera digerido aquellos años, contesta: "Pepote quería ser como yo, pero con el partido en la mano, pero entonces tu podías tener el partido o la Junta, pero las dos cosas era muerte súbita. Pero Pepote alimentaba esa ilusión. En el congreso de Granada yo me subo al Gólgota, pero yo entendía que si me subía al Gólgota podía encontrar un punto intermedio; en este partido (el PSOE), si pides 2,5 te dan 0,4, pero si pides 10 te dan 4. Y Pepote cedió, porque pensaba que no era su tiempo. Ese congreso no lo gano, pero tampoco lo pierdo, que yo lo he perido todo siempre. Yo nunca he tenido aspiraciones en el partido, porque yo siempre he sabido que para ganar cota de poder en el partido, hay que dedicarle demasiado tiempo, y no he tenido ganas. Pepote le ha dedicado miles de horas". "Sin embargo nadie me dijo no a la autonomía plena en el partido, unos, quizá, porque esperaban que yo me estrellara. Yo sabía que era un camino que no tenía vuelta, aparte de que la UCD me lo recordaba todos los días: señor Escuredo si esto no sale, usted tiene que dimitir. Pero luego estaban la gente de los pueblos, no eran gente del aparato, eran las agrupaciones, pero íbamos a los pueblos y los mítines eran masivos. Los pueblos se envolvieron en la bandera blanca y verde. Pero ellos tenían muy claro que si estas cosas salen bien, adelante, pero que si salían mal yo estaba amortizado y acabado. Sale ien, me tiro en el Parlamento, y ya no hay vuelta de hoja. Pero los que estuvieron en contra de esta historia siguen estándolo, no cabe engañarse". "Dirigentes como Carlos Navarrete o Rafael Estrella me apoyaron incondicionalmente. Incluso un municipalista tan destacado como Pedro Aparicio. Personas hubo, como Antonio Jara, que se mataron trabajando. A mí no me tiraron de la Junta de Andalucía, a mí los que me tiraron fueron los que estaban en La Moncloa. A pesar de que yo conocía mi patio y de que Pepote me apoyaba. El adversario no fue la gente de Andalucía, fueron acontecimientos exógenos al margen de la autonomía y del gobierno de Andalucía los que hacen que yo decida irme".
Por el contrario recuerda que si contó con el apoyo del Partido Comunista de España (PCE) y en especial de algunos de sus dirigentes. "Estuvo a mi lado el PCE. Eran realistas. Tomás García, que fue consejero de Industria en la preautonomía, fue un excelente colaborador. El Partido Comunista no le regateó ni le restó un ápice a la autonomía andaluza. Rafael Alberti, por ejemplo, asistió a muchos mítines. Y los alcaldes, la gente joven estuvo en la briega. Julio Anguita se portó muy bien en todo el proceso autonómico. Pero luego estaba el parque jurásico, los Ignacio Gallego, lo que manejaban el poder, que eran todavía la foto en blanco y negro de la guerra civil, y eso no encajaba. Para ellos fue un golpe tremendo el resultado de las primeras elecciones autonómicas, las del 82, cuando quedaron muy por debajo de sus expectativas. Yo creo que en la autonomía hay dos grandes perdedores, uno es el Partido Andalucista, que cometió el error de imagen de firmar aquellos acuerdos con la UCE, con Martín Villa, y otro el Partido Comunista de España, que invirtió mucho en la autonomía, y quedó como fuerza marginal. Pero es que el oleaje del 28 de febrero fue tan grande que hasta fechas recientes, las últimas elecciones, la derecha no ha recuperado los votos que tenía en la transición.
La "manzana y el gusano". La conversacion entra en el análisis de los poderes fácticos. Primero los empresarios, porque no se olvida la campaña de la manzana y el gusano promvida por el entonces presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA), Manuel Martín Almendro. "Yo me reunía con ellos, pero no había manera. El consenso llegó con Pepote. Tras las elecciones de mayo de 1982 me invitó a cenar en su casa José María Cuevas (presidente de la Confederación Española de Empresarios) y me dijo: "Espero que no te hayas molestado". Y yo le dije: "No, si vengo a darte las gracias". "Las gracias por qué", dice él. "Porque me has hecho la campaña. No tenía dinero y tu con lo de la manzana y el gusano me has hecho presidente".
"En mis relaciones con la Iglesia -prosigue el ex presidente de Andalucía- hay un antes y un después de monseñor Infantes Florido, el entonces obispo de Córdoba, que hizo un discurso rupturista en 1979 a favor de la autonomía andaluza. En una visita a Córdoba fui a verlo y me recibió como un viejo amigo. Y me dijo que hacía una política ajustada a los intereses del pueblo andaluz". Con los militares, las relaciones no fueron tan cordiales "Hay una persona a la que estoy profundamente agradecido, el entonces capitan general del Aire, Fernando de Querol. Yo visitaba el acuartelamiento de la Policía Nacional en la actual Avenida de Blas Infante, en Sevilla. ETA acababa de matar, por entonces teníamos 150 muertos al año. Al entrar en la sala de oficiales, había unas cuarenta personas, que se van todas a un bar y me dajan solo con mi jefe de gabinete. Entra Querol y al verme me pregunta: - Presidente ¿qué haces aquí tan solo? - Pues que al entrar yo se han ido tus oficiales al bar. - No te preocupes; un minuto. Los trajo, los puso en cola y me dieron todos la venia, uno detrás de otro. Desde ese día supe que tenía un apoyo. Y está la otra cara de la moneda, el capitán general de la II Región Militar, Merry Gordon, que me maltrató en términos políticos y protocolarios. Me recibió sentado, no se puso de pie y no hablamos, y al que tuve que devolverle al día siguiente el maltrato".
En la trayectoria de la preautonomía andaluza hay, entre otros hitos, el día de la huelga de hambre protagonizada por Rafael Escuredo a finales de 1979. "Yo en la huelga de hambre sólo bebí agua. Y no tiene más mérito, sólo duró tres día. Había dicho ya en el partido que si Antonio Fontán no nos garantizaba que habría refrendo, montaba el pollo, que en una coyuntura en la que la mayoría de los medios no nos daban ni agua, era una forma de recalmar atención. La Presidencia de la Junta no tenía gabinete de imagen ni nada que se le pareciera. Pero descubrí que se puede hacer política sin dinero y sin medios; quizás si hubiese una televisión no hubiese hecho esa huelga".
Una reforma y un balance. Los últimos meses de Rafal Escuredo al frente de la Junta de Andalucía, los que anteceden a su dimisión en febrero de 1984 están marcados por la Reforma Agraria. "La Reforma Agraria para Andalucía la pactó con Felipe González, Alfonso Guerra, Carlos Romero y, por supuesto, dentro de la Junta de Andalucía con Miguel Manaute. La Ley la hace Ángel López López, Ignacio Vázquez Paraldé, José María Sumpsi... Levó meses. Y lo anunció en Ronda, en un momento calculado, recuerdo que estaba con María de los Ángeles Infantes. Yo no preví la reacción y en política lo que no se prevé, te estalla encima. Hubo mucha gente que se movilizó, a niveles que yo nunca creí, y hablo de niveles internacionales. Lo que todavía no he sido capaz de perdonar, políticamente hablando, e que no me dijeran que no, Yo no soy un loco, si me dicen no puede se, no lo hago. El Sindicato de Obreros del Campo (SOC), el movimiento campesino andaluz, se integra en la autonomía porque en un determinado momento, en esos años, se da cuenta de que hoy ser propietario de la tierra no significa que puedas resolver los problemas endémicos del campesino andaluz, sino que pasan por otros circuitos. Y ve que el gobierno autónomo es la herramienta".
"Previa a mi dimisión hubo una campaña perfectamente instrumentada. Se dijo que yo estaba muy deprimido, que no trabajaba, luego se ha dicho que yo era un romántico, no un hombre para la realidad de la política. Está la historia de la casa, que me hice pagándomelo todo, que publicó El País pese a que yo le enseñé todas las facturas a dos redactores que me hicieron la entrevista. Yo dejé la Junta con una deuda de 16 millones, y tuve que pedir un crédito. Yo ya era un personaje incómodo para el partido, en términos de la autonomía amortizado, y no era del aparato, aunque sigo siendo miembro del partido".
Rafael Escuredo hace su balance final. "Hoy la autonomía andaluza por el artículo 151 de la Constitución tiene tanto o más valor que el 28 de febrero. La autonomía andaluza tiene tanta o más virtualidad que entonces, y es que el norte tira hacia donde tiró la II República y hacia donde tiró siempre, cuando no está hablando del derecho de autodeterminación está jugando a tener agencia tributaria autonómica, a partir de ahí ¿quien pierde? Hoy sigue teniendo sentido un estado federal, pero no asimétrico. Si hay asimetría, no hay federalismo. Hay unas declaraciones de Leopoldo Calvo Sotelo, en las que viene a decir lo mismo que Pascual Maragall, defendiendo un estado asimétrico". "Estamos, entonces, donde estábamos, desgraciadamente. Y, o te rindes, y pasamos a tener un papel subordinado, secundario en el Estado, o instrumentamos un discurso político de decir que de ninguna de las maneras, que la Constitución es la Constitución, y el café para todos es la solución. Pero la derecha nunca ha sido federalista. Yo creo que Andalucía debe ser una autonomía reivindicativa, lo que no quiere decir que esté siempre armando bronca. Pero al día de hoy las diferencias entre Andalucía y las comunidades más ricas no se han reducido, están ahí. Y no sólo en términos económicos, también políticos. En el momento en que Andalucía se duerma, está perdida. Tenemos que mantener viva la conciencia de los andaluces. Esa es nuestra fuerza".
Rafael Escuredo fue el primer presidente de la Junta de Andalucía. |
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