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28 de junio de 2012 |
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Miguel Ríos |
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Verano del 83 |
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El autobús que nos llevaba de vuelta al hotel donde vivíamos todos los componentes de la gira 'El Rock de una noche de verano', enfiló la carretera de Málaga. Atrá quedaban, el estadio de Los Cármenes, y los miles de granadinos que asistieron esa noche a los conciertos de Luz, Leño y de un servidor. Un público variopinto e intergeneracional, salía del estadio con esa luz especial que se refleja en las caras de aquellos que han asistido a algo placentero y gustoso. La riada humana nos saludaba y nos cantaba el estribillo del El Blues del autobús mientras yo, todavía noqueado por la descarga de adrenalina del concierto, me maravillaba del milagro que sucedía todas las noches de aquel verano del 83: padres e hijos caminando juntos. Habían pasado de esa especie de relación emocional de corriente alterna, en la que habitualmente nos desenvolvemos los seres humanos, al enchufe de la corriente continua que se genera después de compartir algo en común. Definitivamente este país había cambiado. En el autobús una algarabía de músicos, chicas y "petas" hacían planes para la noche que comenzaba.
Granada quedaba atrás. la oscuridad de la carretera, que acentuaba la luz añil de los flashes de los cohes de la policía, que nos escoltaba del regreso al hotel, le daba a la escena un tinte irreal que me hacía pensar en otros tiempos nada lejanos. La situación era, cuando menos, surrealista. Nosotros estábamos acostumbrados a correr delante de la policía, a ser perseguidos por nuestras ideas, a ser corregidos por la censura a ser ignorados por el poder -y yo había comido esa tarde con Antonio Jara, alcalde de Granada-. ¿Qué había cambiado? Había cambiado un país que se había echado a la calle, a vivirla, a conquistar un tiempo de oscurantismo e indignidad, de miedo e incomunicación. Había llegado el tiempo del cambio, luego vendría el del desamor político -pero eso es otra historia- y los creadores de este país, con la libertad, floreciendo en todos los campos. La música, el cine, la literatura y otras manifestaciones artísticas nos colocaban en pie de igualdad con otros países a los que siempre mirábamos con cierta envidia. La Transición permitió, a todo un pueblo, ganar la batalla que habíamos perdido contra la dictadura. Nos permitió ganar la democracia.
Miguel Ríos es cantante |
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