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02 de julio de 2012 |
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Alejandro V. García |
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Cristos y demonios |
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El de 1983 fue un año Granada que nació precedido por la talla de una virgen que lloró sangre cuando su inteligencia mineral intuyó el triunfo del PSOE en las elecciones generales y que se extinguió unos meses antes de que unos sujetos, armados con palos rematados en el extremo con crucifijos, trataran de romper el cráneo de los expectadores que asistían a una representación de una obra titulada 'Demonis'. La última resistencia contra la normalización democrática provino pues de una insólita alianza entre la ultraderecha, Dios y la Virgen Santísima, una circunstancia que ayuda a comprender la presente tenacidad de la derecha, y el silencio cómplice de los socialdemócratas, de colocar estatuas de santos en las calles.
Con el transcurso de los años he descubierto que el verdadero portento no fue que el busto de una virgen llorara sangre, ni que a los creyentes les emocionara más aquel reguero trazado con pintura al óleo que la lágrimas simple de un hombre aterrado o hambriento, sino que un santo de palo previera el resultado de unas elecciones aunonómicas y de unas generales. Pero dado que aquellos hechos misteriosos no interrumpieron la transición política, durante 1983 la ultraderecha que -entonces abarcaba también la derecha y todo el espectro tibio que hoy se conoce como centro- dio un paso adelante y planificó acabar con los demonios que habían conquistado las calles y puestos de gobierno. La oportunidad llegó cuando, ya acabada oficialmente la transición, el grupo teatral Els Comediants representó un festivo pasacalles al que infortunadamente llamó 'Demonis', en catalán. ¿Demonios catalanes?, debieron pensar confundidos los ultramontanos, y a renglón seguido montaron una misa de desagravio y una cruzada con los soldados armados con crucifijos que se saldó con unas cuantas cabezas abiertas por la contundente intervención de Cristo. Pero nada más: el poder de aquel Dios invocado por los intolerantes quedó reducido a unas cuantas brechas en el cuero cabelludo y al pintores suceso del llanto conjetural de la virgen.
Por lo demás, en el mes de junio de 1983 los demócratas rindieron por primera vez homenaje a las 4.000 víctimas de la represión franquista enterradas en fosas comunes de Víznar. Para evitar suspicacias, la izuiqera decidió bautizar la carretera de tercer gradd que une Alfacar con Víznar con el ostentoso o incomprensible nombre de Avenida de los Mártires. Al día siguiente las dos placas de la calle aparecieron rotas, una a pedradas, la otra a tiros. El de mártir, comprendimos, también que era un título exclusivo.
Alejandro V. García es escritor y periodista |
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