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03 de julio de 2012 |
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Manuel Prados |
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La televisión andaluza |
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En tiempo de tribulaciones no hay que hacer mudanzas, pero por llevar la contraria y porque estábamos inmersos en la vorágine, yo me fui de Radio Nacional de España en Andaludía, donde había vivido con intensidad el 28-F, a Radio Cadena Española. José María Durán tenía en la cabeza aquella cadena de emisoras, que agrupaba a las antiguas cadenas del Sindicato Vertical, del Movimiento y de la Falange se convertía en una radio autonómica. Pero no funcionó, y a los seis meses me fui al paro.
La diosa fortuna queiso que una tarde en el patio del Parlamento, donde pegábamos la hebra los periodistas y los diputados, Juan Teba me anunciaba que iba a ser nombrado jefe de informativos de Televisión Española y que contaba conmigo para hacer información política. El mismo día entramos en el chalet de La Palmera Juan Teba, Charo Fernández Cotta y el que suscribe, el equipo de rojos que iba a manipular la única televisión que entonces podían ver los andaluces y que iba a desplazar a la ultraderecha instalada. No fue así, no hicimos la revolución. mi crónicas del Parlamento eran tan aburridas como las que hacía antes mi amigo Manolo ponce, que pidió tres meses de excedencia para dirigir la campaña de Antoñito Hernández Mancha y cuando volvió a TVE lo pusieron en el pasillo. El Parlamento, el Gobierno y los partidos políticos daban tanto juego que era muy difícil atender tantas convocatorias: plenos sobre el divertido libro verde, que criticaba atribulado Arenas del Buey porque él nunca vio pelos en vagina alguna, ruedas de prensa aburridas, comidas, desayunos de trabajo, copas de enredo y conspiracion, y cafelitos en la Delegación del Gobierno.
El PSOE había ganado primero en Andalucía en mayo, después en España en octubre, y la mayoría absoluta campaba por sus respetos. Pero no era un camino de rosas. Escuredo era presidente de la Junta, pero Borbolla controlaba el partido y Leocadio Marín era el Delegado del Gobierno, con un despacho entre Juan Guerra y el de Eduardo Chinarro. El portavoz del Gobierno andaluz, Enrique García, organizador del recorrido por las comarcas deprimidas, gesto populista más de Rafael Escuredo, estaba entusiasmado con la idea del tercer canal. Quería hacer una televisión autonómica y se trajo a Pepe Víchez para hacer el proyecto técnico. Cuando Sony le envió una cámara betacam de muestra, la sacaba de la caja y la empuñaba como un fusil. Era una cámara modernísima para la época, cuando en la Palmera aún montábamos en la moviola la cinta de cine que nos enviaban desde Almería la noche anterior y llegaba a Sevilla a las doce del mediodía si no se retrasaba el expreso. Para aquel proyecto de tercer canal Enrique contaba también con Paco Cervantes y con quien suscribe, pero nuestro gozo en un pozo porque poco después Escuredo tuvo que dimitir y el nuevo presidente Rodríguez de la Borbolla anunció en la primera rueda de prensa que no habría tercer canal. Borbolla firmó un acuerdo con Calviño para potenciar Televisión Española en Andalucía y financió las instalaciones de San Juan de Aznalfarache.
Ironías de la vida, el propio borbolla rompió el acuerdo con Calviño cuando le convino desmarcarse de esa política y acabó creyendo qeu podría ser un barón con una televisión propia. Las instalaciones de San Juan, financiadas por la Junta de Andalucía son desde el año 89 la sede central de Canal Sur, desde cuyo despacho de dirección escrib estas líneas con trazos de memoria.
Manuel Prados es periodista |
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