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22 de noviembre de 2011 |
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Daniel Maldonado |
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El sindicato de Pablo Iglesias |
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Recuerdo con la ilusión propia de mi edad en aquellos años, y también con orgullo el haber colaborado intensamente junto con otros compañeros en reorganizar la UGT en nuestra provincia durante los últimos años de la dictadura franquista y también participar activamente en la transición política hacia la libertad y la democracia.
No fue tarea fácil, fueron años de mucho trabajo y, como jóvenes que éramos, teníamos tiempo para todo: cumplir con la jornada laboral, participar en las actividades de la asociación de vecinos, organizar la UGT, y, ¿cómo no?, sacar algún ratillo de diversión y ocio. Entonces había que hablar con los trabajadores de la existencia de un sindicato democrático, histórico, un sindicato de clase y de inspiración socialista prohibido durante los años de dictadura, y por tanto ilegal, de ahí la dificultada para reunimos, lo hacíamos en casas de particulares o en el campo, tampoco nos llegaba el dinero de las cuotas para los gastos más precisos como, por ejemplo, desplazamientos a los pueblos de la provincia, viajes a Madrid, a pagar algo a los abogados...Llegado el momento, había que recrearse al bolsillo y hacer frente a los mismos.
Por aquellas fechas había muy buenas relaciones entre partidos políticos y sindicatos porque teníamos el objetivo común de acabar con la dictadura. Todos estábamos coordinados en la plataforma democrática. Tanto es así que, cuando pudimos disponer de un piso alquilado a nombre de un graduado social, CNT lo utilizaba también en ocasiones para celebrar asambleas. De ahí viene mi amistad con José Luis Rua, su secretario general en aquellas fechas. Recuerdo que se sorprendió cuando vio que yo participaba en las elecciones generales del 77 como candidato a Cortes por el PSOE y me pregunto: ¿ Cómo un sindicalista como tu colabora en política y va al Parlamento?. Y como entonces nadie esperaba que saliésemos tres, yo le respondí: Voy el tercero, no creo que salga elegido, pero no hay experiencia democrática hoy por hoy y debemos orientar el voto hacia un cambio serio. Para nuestra sorpresa fui elegido diputado. Yo aún no me había afiliado al Partido, ( entonces no se entendía bien lo de la doble militancia) y como secretario general de UGT en Granada quise mantener mi autonomía sindical hasta después de las elecciones, siempre había colaborado estrechamente con el PSOE, pero no tenía carnet. Aquel primer piso al que hacía referencia más arriba, se utilizó principalmente como bufete de abogados cuyos componentes eran Francisco Barros, Francisco Castellano, Rafael Cali, Virginia Correal, Rafael Jiménez Jaraba, Manuel Gámez Ores y Matilde García-Galan. Se puede decir que este local fue la cuna de la UGT en Granada. Curiosamente el piso de arriba era del Opus Dei, algunos compañeros, por equivocación, acudían allí, y al abrir la puerta decían: ¡Salud, compañero!, recibiendo por respuesta: No, aquí estamos con la obra de Dios, lo de salud compañero es abajo.
Como decía al principio todavía me siento contento e incluso orgulloso de haber trabajado tan seriamente por la democracia con compañeros y compañeras tan llenos de entusiasmo por organizar el sindicato de Pablo Iglesias, de Largo Caballero y de tantos otros grandes hombres, con Nicolás Redondo a la cabeza. Como decía Antonio Murcia, de Motril, militante histórico del PC: éste era mi sindicato durante la República y lo seguirá siendo toda mi vida. |
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