Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  22 de noviembre de 2011
  Ángel Díaz Sol
  Un alarido de libertad
  Desde luego que el momento más difícil que he vivido yo en esos años tan intensos de la transición fue el asalto al Congreso de Tejero. Más que por el problema, el miedo, y aquella extraña sensación que podíamos sentir, pensaba en la gente de fuera, que en aquellas difíciles circunstancias podían salir grupos desalmados, los incontrolados que aparecen en estas ocasiones, y pudiera pasar algo grave. Pero fue también muy emocionante la salida, con la gente en las terrazas, saludándonos, gritando libertad, libertad...  Fue realmente una expresión de júbilo. Con el trabajo que nos había costado llegar hasta ese punto de la democracia y parecía que todavía no la teníamos asegurada, como si estuviéramos aún en aquellos otros años oscuros hasta la muerte de Franco. En aquella ocasión, en mi casa vivíamos la espera de la muerte, minuto a minuto, colgados al teléfono, hasta que nos dijeron que ya, que ya había muerto y entonces a la mañana siguiente, lo antes que pudimos, cogimos el coche mi mujer y yo, con nuestra hija, y nos fuimos deprisa y corriendo a Madrid, porque pensábamos que estaríamos más seguro con nuestra familia. Allí estuvimos esperando con verdadero interés que la gran losa cayera sobre la tumba para volvernos a Granada, donde ya teníamos más organizado el partido.

 En el plano personal guardo recuerdos muy interesantes del contacto con los primeros socialistas históricos. Ahí estaban Ángel Gómez Vilches, Pedro Fornelll... También fue muy interesante desde los planos político y personal los contactos que teníamos entonces con la Junta y la Plataforma, con Javier Terriente o Cid de la Rosa, por ejemplo, que nos permitía conocernos unos a otros y sentarnos en una mesa como si jugáramos a una partida de póker, guardando cada uno su as bajo la manga, sin decir cifras de afiliados, estrategias, y en realidad, por lo menos nosotros, éramos cuatro gatos entonces, pero podía parecer que éramos quinientos, el partido más grande del mundo, por la actividad que desplegábamos.

Tengo grabados en mi memoria muchos recuerdos. Pero me gustaría resumirlos en dos, que creo que fueron muy importantes en nuestra trayectoria política. El primero es el día que se legalizó el partido. Estábamos preparados pasa ese momento. Se había redactado un comunicado en Madrid para que fuera leído a nivel nacional. Fue una experiencia tremenda. Íbamos por los pueblos. Nos veían y volvían a cerrar las puertas, creyendo que otra vez las cosas podían volver atrás. Aún así nosotros, con las calles sin nadie, conectábamos el altavoz y leíamos el comunicado porque éramos conscientes del momento histórico que estábamos viviendo. Y el segundo fue durante la primera campaña electoral, que la teníamos perfectamente organizada, con una disciplina excepcional, gracias a la organización que había diseñado Alfonso Guerra. No se volvería a repetir una campaña como aquella. Pues en aquella campaña, que seguíamos siendo muy pocos, llegábamos, sin más ayuda, con nuestros coches, nos anunciábamos, preparábamos el escenario, los micrófonos, dábamos el mitin y recogíamos. Pero siempre se quedaba algún contacto, que nos pedía volver para reunirnos primero con los viejos para formar la agrupación local. Multiplicamos por cuatro nuestras agrupaciones en la provincia. Se veía que había un potencial socialista oculto, una gran fuerza, que irrumpió después en el marco parlamentario. Cuando se pensó que el PCE iba a tener el éxito de los comunistas italianos, resultó que esa fuerza se le dio a los socialistas. Ya en la campaña se iba notando, es que lo veías, lo sentías. Recuerdo que llegamos a Moreda y estaba el pueblo desierto. Allí parecía que no vivía nadie. Y de pronto, se asomó a la ventanilla de mi coche un hombre mayor que me dijo: “¿Se puede decir algo?” Claro que sí, le dijo yo. Entonces cogió el micró y gritó: “¡Viva la República!”. Fue un alarido de libertad. Qué grito. Inolvidable.
   
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