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22 de noviembre de 2011 |
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Pedro Vaquero del Pozo |
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Comunistas sin peluca |
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Me indigna ese falseamiento de la historia consistente en presentar la transición española como una obra de la astucia de Suárez, de la magnanimidad del Rey Juan Carlos y de la peluca de Carrillo. Sin la legalización de el partido, del PCE, no hubiera habido democracia creíble. Esta idea era entonces evidente, incontestable. Por eso repugna ver cómo presentan hoy la transición en clave de protagonistas, como la audaz visión de Suárez en cómplice colegueo con el monarca; o cómo manipulan la imagen de Carrillo, presentándolo como aquel señor de la peluca que Martín Villa metió de comparsa en la escena de transición tan ejemplar. Yo viví otra transición. Sin la lucha de los trabajadores, de los tres obreros de la construcción asesinados por la policía en la Huelga del 70 en Granada, sin el fusilamiento de Julián Grimau, de otras muchas luchas de las Comisiones Obreras de aquel entonces y de las movilizaciones estudiantiles y universitarias, sin la alianza de las fuerzas del trabajo y de la cultura, la legalización del PCE no hubiera sido necesaria. Pero todas esas luchas se produjeron. El pueblo luchó por sus libertades, organizado en torno al PCE. Nadie le regaló al PCE nada. Su legalización no fue una mágica resurrección de Sábado Santo. Fue una conquista que hoy no le interesa al sistema recordar. Sería tanto como reconocer que la transición se debe en muy buena parte a la responsabilidad histórica que los comunistas mostramos al aceptar las condiciones constitucionales: la monarquía, la bandera, el mercado (aunque planificado e intervenido, con derechos)... El PCE perdió las elecciones y el bipartidismo triunfante es el que escribe hoy la historia. Según los vencedores, al PCE le pusieron la peluca por sudario. Pero como no todos los militantes del PCE de entonces nos hemos pasado al bipartidismo y a la honorabilidad que proporciona el sistema, prefieren hacer reportajes de los cinco granadinos del Secretariado comunista del 77 que se pasaron al bipartidismo de la casa común (salvo una honrosa excepción que se ha quedado en el escepticismo), antes que reconocer que el PCE sigue vivo, y dispuesto a luchar con la gente para conquistar el otro mundo posible que la derecha neoliberal quiere abortar, y cuyo alumbramiento la izquierda pusilánime y ambigua no garantiza. Así pues, perdón por aguarles la fiesta, por seguir vivito y coleando, comunista y sin peluca. |
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