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22 de noviembre de 2011 |
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José Luis Moreno Codina |
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Fútbol y democracia |
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En aquellos años de la transición el equipo de fútbol del Granada vivió su época dorada, la década prodigiosa, y aunque ya se aspiraban aires de libertad, la presidencia era ocupada por un gallego que acertó a dirigir el club con mano férrea y métodos que le dieron tan buenos resultados en lo deportivo como justa fama de dictador en un mundillo que, dentro de su talante todavía antidemocrático, no presentaba reglamentos internos tan inflexibles como el rojiblanco. Pero Candi, que era el presidente en cuestión, fichó buenos entrenadores y jugadores, con una especial inclinación por el mercado sudamericano y así una temporada llegó a reunir hasta nueve jugadores llegados de aquellos países hermanos. o fue extraño que alguno, como Aguirre Suárez, llegara a decir que su papá había nacido en Osasuna para justificar su ascendencia española. Con lo expuesto puede entenderse que al decir el cinco a las cinco muchos creyeran no ya en una cita taurina sino que venía a Los Cármenes el Real Madrid o el Barcelona. Nadie lo relacionó con García Lorca y Fuente Vaqueros porque tenía más seguidores la definición que Bill Shankly hizo del balompié: Algunos creen que el fútbol es una cuestión de vida o muerte... puedo asegurarles que es mucho más serio. Así, los aficionados cordobeses que acompañaban a su equipo en un desplazamiento cercano sufrieron los rigores de la Policía, pues enarbolaban las banderas verdiblancas del conjunto cordobés y la tradicional astucia policial les hizo confundirles con peligrosos activistas. Algunos acabaron en las lecheras hasta aclararse que no tenían nada que ver con la otra verdiblanca, la de Carlos Cano. Aunque parezca mentira, igualico casi que veinte años antes, en 1959, cuando el Granada jugó su única final de Copa ante el Barcelona y Vicente, capitán, recibió antes del partido hasta cuatro visitas de miembros de la Casa Civil del jefe del Estado. El primero le hizo responsable de cualquier actitud poco correcta de sus compañeros; el segundo le ordenó que el equipo no saliera al terreno de juego hasta un minuto antes de que llegara Franco al palco presidencial y no se moviera nadie de la formación en tanto no terminara el himno nacional; el tercero, que si ganaba su equipo la Copa no le fuera a dar la mano a Franco hasta que éste no alargara la suya, y el cuarto, que en ese supuesto no intentara dársela a doña Carmen Polo. El bueno de Vicente, abrumado ante tantas consignas, sólo acertó a responder: ¿Sabe usted lo que le digo? Que no vamos a ganar la Copa y así me quitaré de tanto follón. P.D. Ganó el Barcelona por 4-1. |
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