Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  22 de noviembre de 2011
  Antonio Checa Godoy
  Esa Universidad influyente
  En los últimos años del franquismo la Universidad de Granada –-que supera en el curso 1970-1971 los 15.000 alumnos y que ha venido siendo en la década anterior la tercera universidad española por alumnado– experimenta un rápido crecimiento, pero sobre todo va a conocer una etapa de mucha mayor influencia  y reconocimiento en su entorno que hasta entonces. Varios factores contribuyen a ese dinamismo y no es desde luego el menor la etapa fértil, con planeamientos a medio y largo plazo,  iniciada con el rectorado de Federico Mayor Zaragoza.
Dista, sin embargo, de ser una Universidad atendida, no digamos mimada, por la Administración. Cuando en 1977 el Departamento de Derecho Político publica el estudio La Universidad de Granada a comienzos de los años 70: un análisis sociopolítico, dirigido por José Cazorla y con Manuel Bonachela como redactor principal, una reflexión sobre la universidad y sus problemas más acuciantes y una valiosa descripción de su entorno, del conjunto de encuestas y datos se desprende una apreciación generalizada en profesores y alumnos: la insuficiencia de las instalaciones y dotaciones de casi todas las facultades  y centros de la universidad granadina.
Y sin embargo, pese a las precariedades, por aquella universidad de finales del franquismo y de la transición pasaron muy destacados profesores, muchos –mal de la época, hoy paliado– camino de otras Universidades, Madrid sobre todo, pero muchos también dejando escuela tras los años de docencia en Granada: Francisco Murillo Ferrol, José Cepeda Adán, Joaquín Bosque Maurell, José Manuel Pita Andrade, Javier Lasarte, Elisa Pérez Vera, Juan Antonio Carrillo Salcedo, José María Fontboté... Muchos también arraigando en ella y desarrollando con eficacia y discreción su tarea.

En una ciudad donde ha fracasado la experiencia del Polo Industrial y  los núcleos obreros son reducidos y se concentran en el sector de la construcción –el más reivindicativo, como evidenciarán los trágicos hechos del verano de 1970–, la Universidad se convierte con toda lógica el centro de la oposición a la dictadura, el más relevante sin duda no ya de la capital y su provincia, sino de toda la Andalucía Oriental.
Paralelamente, en un contexto de escasa preocupación oficial por la cultura, con alguna excepción como el Festival Internacional de Música y Danza, la Universidad deviene la principal dinamizadora cultural de la región,  incluida una cultura alternativa, de contestación, que llega por las vía de los recitales de cantautores, las obras de teatro, los ciclos de conferencias o las mesas redondas, que registran por lo general –-incluso en la aparente intimidad de los colegios mayores– una muy estimable presencia del alumnado y del propio profesorado. Años en los que crecen también el número de publicaciones, numerosas revistas de departamento, la colección monográfica, significadas por la apertura y la puesta al día. Como aumenta el compromiso con la propia tierra andaluza, de lo que es muestra la creación del Instituto de Desarrollo Regional, que publica entre 1979 y 1982 una docena de excelentes y renovadores estudios.

Ya en vísperas de la democracia, esa Universidad de Granada se convierte en cantera política. Con la excepción en parte del PCE, que tiene militancia obrera, las facultades granadinas surten de cuadros a la izquierda. Es especialmente llamativo el caso del PSOE, donde los líderes emergentes son mayoritariamente profesores universitarios: María Izquierdo, Francisco Valls, Ángel Díaz Sol, Rafael Estrella, José Vida, Pedro Cerezo, Manuel Pezzi, Antonio Jara, Javier Torres Vela...-, pero ocurre en menor grado en otras fuerzas de izquierda e incluso de centro-derecha. Estabilizada la democracia, esa influencia disminuye.
En 1983, cuando ya Andalucía tiene plena autonomía, el Rectorado se traslada al Hospital Real, convertido en relevante núcleo cultural, y se anuncia la Facultad de Bellas Artes, primera que se une en la ciudad a las cinco “históricas”, la Universidad de Granada inicia una etapa muy diferente. La transición, también su transición, queda atrás.
   
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