Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  29 de noviembre de 2011
  Francisco Medina Fernández
  El miedo a los "Rojos"
  Ingresé en el PCE en el año 74, coincidiendo con mi ingreso en la Escuela de Magisterio. Anteriormente tuve una experiencia política muy importante en la Universidad laboral. Inauguré la U. Laboral de Cheste (Valencia) y luego estuve en la de Córdoba, donde se produjo mi primer contacto con lo que en aquel momento se podía llamar la juventud opositora al franquismo. Participé activamente en una huelga general indefinida que hicimos los estudiantes (unos 1.200 ) en la Universidad Laboral en la que planteábamos muchos temas como mejora de la situación de vida y participación en los planes de estudios.  Fuimos expulsados todos. Allí conocí a un compañero de Jaén, muerto hace poco, Antonio Santiburcio Moreno, que fue el Primer Secretario del Partido de los Socialistas de Cataluña y de la UGT catalana que me puso en contacto con aquellos primeros movimientos antifranquistas. Ingresé en el PC en la clandestinidad (con 17 años). Entonces (año 74) la oposición al franquismo se vertebraba en dos niveles: el de los trabajadores, sobre todo los del campo, que llevaban trabajando ya mucho tiempo sobre todo en las áreas de Torredonjimeno, Torreperogil y Andújar;  y el de los estudiantes y profesores, organizados en “células”. La lucha se situaba en dos espacios: el Colegio Universitario de Jaén y la Escuela de Magisterio. La gente que ya estaba en el PC y que conocí entonces fue: Felipe Alcaraz, Arturo Ruiz, Javier Aguirre Sádaba, Francisco Zaragoza, Víctor Garrido (aunque no estaba afiliado al PC), Manuel Anguita Peragón  y Pedro Galera Andreu, a nivel de profesorado. Entre los estudiantes estaban Pilar García Márquez,  Concha Caballero, Manolo Molina Molinos, Francisco Pérez Castellano, Miguel Ruiz Durán, Joaquín Ruiz Durán, Jesús García Galán, Juan Francisco Salas Herrera, Alfredo Márquez, Miguel Ángel Valverde Egea, Antonio Martínez.
Nos organizábamos por “células”. Nos reuníamos semanalmente, teníamos un contacto muy estrecho  y la política que llevábamos a cabo era la que el PC marcaba a nivel nacional, de contestación nacional a través de la Junta Democrática, y la política de amnistía y libertad. Por supuesto intentábamos “ligar” todos los  elementos de oposición para canalizarlos hacia un contexto más amplio de democracia y libertad para nuestro país. Eran momentos de una ebullición tremenda, de grandes movilizaciones, de estar todo el día “trabajando” repartiendo propaganda, pegando carteles, convocando reuniones. Como anécdota, llegó un momento en que, cuando los bedeles ya “nos” conocían, ellos mismos se ponían en las esquinas de los pasillos y vigilaban avisándonos del momento oportuno para poner los carteles (eran unos carteles de una elaboración muy minuciosa porque para nosotros el tema de la imagen era muy importante) desde los que lanzábamos las consignas que se nos proponían en cada momento.  Era momento de una gran politización: se politizaba todo: el acceso al profesorado, la derogación de oposiciones, la racionalización de las prácticas.
Quiero resaltar la importancia que, para nosotros, tuvo en ese momento el eurocomunismo. Pensábamos que los cambios había que hacerlos dentro de un  régimen de libertades, de un régimen democrático; por eso asumimos el eurocomunismo como algo muy importante, en la línea del socialismo en libertad o “el socialismo es libertad”, una de las consignas que teníamos. Era un momento de mucha agitación, de repartir mucha propaganda: repartíamos el periódico “Mundo Obrero” que nos venía hecho por las famosas “vietnamitas” (multicopistas manuales) con unas medidas de seguridad tremendas, repartíamos “Nuestra Bandera”, la revista teórica del Partido y panfletos puntuales sobre cualquier tema que importara en aquel momento.
Por esa época, hubo algunos hechos que canalizaron la vida del movimiento estudiantil y del Partido en general: nos marcó mucho la “revolución de abril” de Portugal y algunos incluso nos propusimos viajar al país vecino para vivir “in situ” la revolución de los claveles. Teníamos, también, una relación muy estrecha con los compañeros y compañeras de la Universidad de Granada, a través de Francisco Menéndez y Lola Parras. Francisco era la vía que unía al Partido en Jaén y Granada con París, con Santiago Carrillo. Por otro lado, el espacio del Colegio de Doctores y Licenciados jugó un papel muy importante como punto de unión con la Junta democrática. La Directiva del Colegio de Licenciados y, en concreto Pilar Palazón, fue un centro de irradiación de antifranquismo muy importante: la policía lo tenía bastante vigilado y “controlado” en ese momento. También nos marcó mucho el golpe de estado en Chile a través de algunos chilenos que vinieron a Jaén huyendo de la dictadura de Pinochet. Otro foco importante era las reuniones que teníamos en Cáritas con Esteban Ramírez: una parte importante de la Iglesia, no la “estructura”, pero sí una parte importante de los movimientos de base estaban a favor de la transición, apostaban claramente por un cambio, no sólo un “lavado de imagen” sino un cambio profundo hacia una sociedad de rostro humano. Criticábamos mucho el socialismo “real”, muchísimo. Por ejemplo, cuando la entrada de los tanques rusos en Checoslovaquia, asumimos la escisión que se produjo en el PCE,  nos colocamos junto a Santiago Carrillo y criticamos duramente la invasión rusa.
Nuestra postura, respecto de España estaba muy clara. Frente a la gente que optaba por la “reforma democrática”, el PCE aspiraba y defendía la “ruptura democrática”. No nos íbamos a conformar sólo con que hubiese elecciones libres y amnistía, que ya era algo muy importante: queríamos reformar la estructura del estado (reforma agraria, reparto de la propiedad, participación del pueblo en todos los procesos político-sociales).  Teníamos unos seminarios de formación, estudio y debate de las obras de Marx, de Engels, de Lenin, (la interpretación de “El capital” de la chilena Marta Hanneker la teníamos que saber casi de memoria para comprender las estructuras lingüísticas del marxismo). Leíamos también “Triunfo”, “La Calle”, “Cambio 16”; devorábamos toda la información que nos pudiera llegar y luego debatíamos dialécticamente los acontecimientos. Más tarde empezamos a conocer a otros camaradas del Partido, como Cayetano, Rosario, Carlos Expósito, Paco “el herrero” Paco “el sevillano”, Brígida y Pepe Checa, José Rubio (que después de una paliza en el cuartel de Torredonjimeno se quedó absolutamente inútil), es decir, “los históricos” del Partido.
No sólo estaba el PCE, estaba también el PSOE , el PT, la Joven Guardia Roja, grupos de “extrema izquierda” para los que nosotros éramos “los eurocomunistas revisionistas”. Nos reuníamos en dos bares: “El criminal” y “El Marqués”.  Y sufríamos los últimos coletazos del franquismo, que eran durillos. Porque aunque teníamos ganada la batalla ideológica y la batalla “de la calle”, las fuerzas reaccionarias que quedaban se resistían a entender que había que dar un salto y cambiar la sociedad.
La “autoridad” era consciente de nuestra actividad porque nos hacíamos ver en todos los sucesos y había momentos de tensión entre ellos, la extrema derecha y nosotros. Sabíamos que estábamos controlados policialmente. En el aniversario de la muerte de Franco hicimos unas octavillas y me detuvieron junto a Paco Zaragoza; y el interrogatorio no fue una cosa suave, no llegaron a tocarme pero fue un interrogatorio de un acoso personal , familiar y psicológico muy duro (año 76)
Jaén era una ciudad muy apática políticamente excepto en ciertos ambientes universitarios y obreros. Por eso chocó mucho la explosión de júbilo que se produjo cuando legalizaron el Partido: nos echamos a la calle con pancartas, banderas y entonces, muchos “escondidos” se sumaron a nuestra fuerza, aunque algunos seguían insultándonos. El Partido cobró una fuerza tremenda que luego, desgraciadamente, no fue refrendada en las urnas. ¿La explicación? El miedo latente a “los rojos” que seguía existiendo después de 40 años en los que se había dicho de los comunistas de todo. El corazón estaba con el Partido; la cabeza, no. Además, en Andalucía, no había un líder definido, “carismático” que arrastrara y tampoco convenía que el PCE tuviera demasiada fuerza en las circunstancias que se vivían en los primeros años de democracia. Parecía más prudente un cambio menos radical, menos traumático: un cambio progresivo, no una ruptura. El peso de la historia, el miedo y el pragmatismo pudieron más que cualquiera otra razón...
   
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