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29 de noviembre de 2011 |
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Encarna Méndez Gutiérrez y Sebastián Fernández Martínez |
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De la explotación a la rebeldía |
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Jaén no ha contado nunca con un tejido industrial, en el amplio sentido de la palabra, a excepción de la industria minera de Linares y La Carolina y los polígonos industriales que se fueron estableciendo en la década de los setenta en la propia capital y en ciudades como Linares, Baeza, Andújar, Úbeda, La Carolina, Torredonjimeno, Mengíbar, Bailén y Martos.
La clase obrera era de procedencia agrícola y ganadera y su dispersión geográfica le impedía tomar conciencia de clase. Sólo a finales de los setenta, los olivareros, agrupados en cooperativas empiezan a ser una fuerza a tener en cuenta social y políticamente por las protestas, demandas y acciones conjuntas que llevan a cabo. Por tanto, los movimientos ciudadanos nacen en aquellos pueblos que cuentan con un tejido industrial, en extinción progresiva -como el de la minería- u otros que empiezan a desarrollarse: construcción, metalúrgica, textil, cemento, conservería y servicios.
La falta de una organización sindical, independiente de los sindicatos verticales del gobierno, motivó el nacimiento de los llamados movimientos ciudadanos que estuvo unidos, en algunos casos a ideologías políticas concretas (UGT, CGT, CNT, CC OO) y en otros casos nacieron al amparo de organizaciones de clara reivindicación social. Y en muchos de ellos, son las mujeres las protagonistas dado que en algunos sectores (textil, servicios, sanidad, enseñanza y campo) la mujer desempeña un papel fundamental. Mujeres como Bernabeli Murillo, Agustina Medina, Rafi Núñez, Pepi Murillo o Encarna Méndez, fueron piezas activas de las movilizaciones, protestas y huelgas y reivindicaciones que llevaron a cabo estos movimientos, incluso más que los hombres, aclara Encarna Méndez: Empecé a tomar contacto sindicalmente en el momento en que me incorporo a trabajar fuera de casa. Siempre he sido una persona muy inquieta que me ha gustado la relación con otras personas: tomé contacto con la HOAC (la Hermandad Obrera Católica); comencé a plantearme mi trabajo individual como un trabajo colectivo y a dar pasos. Trabajé primero en guarderías hasta que Amparo Cano, que trabajaba en el Hospital Princesa Sofía, me propuso hacer un cursillo de Auxiliar de enfermería aunque, en realidad lo que me gustaba era trabajar con chiquillos. Trabajaba entonces, en el año 74, en una casa, cuidando niños, explotada, por cuatro perras gordas (12.000 ptas. al mes) y sentía esa explotación. Consciente o inconscientemente me daba cuenta, incluso, de que las otras chicas que trabajaban en las tareas de la casa cobraban aún menos que yo (6.000 ptas). Después de hacer un curso de auxiliar de enfermería me incorporé al Hospital Princesa Sofía y formando parte del Comité de Empresa por CCOO, empecé a luchar por las negociaciones colectivas en las que defendíamos los salarios y las condiciones de trabajo.
A través de lo que oía en casa a mi padre Cándido, veía como una contradicción, si se puede decir así: se estaba explotando a una serie de personas sin que esos colectivos tuvieran fuerza y organización para enfrentarse a los patronos. Y aunque mi padre y mi hermano formaban parte de UGT, me afilié a CCOO sencillamente porque entonces eran los que más se movían. Recuerdo que junto a Manolo Córdoba y Emilio Álvarez organizamos el Comité de Administración pública dentro del Sindicato Provincial. Pero yo tenía, sigue Encarna, una fe cristiana que no quería perder porque pensaba que desde ella, y gracias a ella, podía luchar por unas condiciones laborales más justas. Conocí a Sebastián, mi marido, que compartía las mismas inquietudes y empezamos a movernos, concretamente en Linares, la ciudad más reivindicativa, quizá, de todas las de la provincia.
El movimiento ciudadano de Linares comienza en los barrios obreros de San José y Fuente del Pisar, impulsados ambos por militantes de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de Jaén, a los que su compromiso cristiano les lleva a trabajar con el mundo obrero.
Uno de ellos, el sacerdote Tomás Rivas Ayuso, es designado por el obispo párroco de Santa Bárbara, ubicada entre barrios eminentemente obreros para ejercer sus labores pastorales.
Otro militante de la HOAC, Pepe Garzón Leiva, entra a trabajar en Metalúrgica Santana S.A. (hoy Santana Motor), llegando a ser Secretario del Consejo de Trabajadores, representación elegida por los trabajadores de la empresa tras derrocar al Sindicato Vertical (jurados de empresa y enlaces sindicales) y posteriormente despedido en la lucha mantenida en el año 1977.
En el año 75, tras un proceso previo de concienciación, surgen dos Asociaciones de vecinos, La Esperanza y San José, impulsadas por Tomás Rivas y Pepe Garzón. Lo hacen en base a la Ley de Asociaciones de 1964. En sus estatutos no podían figurar fines de tipo político, si no, no las aprobaban en el Gobierno Civil. Sin embargo, sus actividades eran de tipo político: denuncia de los problemas de los barrios, situación de vida de la clase obrera, etc. Sus primeras reivindicaciones son de tipo primario: demanda de agua, luz, pavimentación, desagües, etc. Posteriormente pasaron a otro tipo de reivindicaciones como la demanda de centros cívicos, bibliotecas, eliminación de actividades insalubres en el núcleo urbano (vaquerías, estercoleros...). Los vecinos se organizaban a través de comisiones específicas para el seguimiento de cada problema, como método de trabajo. Las mujeres llevarían la voz cantante en apoyo de los trabajadores de Santana y en sus propios centros de trabajo: el Hospital geriátrico y el Hospital de San Agustín, donde se propusieron adaptar la normativa vigente a unas mejores condiciones laborales y retributivas. Hubo movilizaciones populares y huelgas de centro seguidas casi por el 100% del personal. Se formaron Comités de empresa para analizar las condiciones de cada colectivo (salud, administración, hostelería, servicios). Los objetivos de estas Asociaciones, aunque no constara oficialmente, eran políticos porque se trataba de reivindicar una mejor y mayor calidad de vida para los vecinos e ir definiendo el tipo de sociedad a la que se aspira. Las asociaciones de vecinos siempre han sido críticas, con un respaldo popular mayoritario, ante la política del Ayuntamiento, al menos hasta los primeros años de andadura democrática. Podemos señalar algunas fechas significativas: en 1974 se producen movilizaciones en Metalúrgica Santana con despido de cuatro trabajadores, amnistiados posteriormente. En 1975 se inicia el movimiento ciudadano en Linares, con respaldo masivo. En 1977, 6.000 personas se manifiestan ante el cese de Tomás Rivas como párroco de Santa Bárbara, gran impulsor de grupos de militantes cristianos. También en 1977 hubo una movilización y huelga de 40 días en Santana que termina con el despido de 12 trabajadores. Las protestas se realizaban a las puertas de la fábrica y en ellas participaban hombres, mujeres, niños y ancianos. Lo mismo cabe decir de las movilizaciones en Andújar y Bailén (industria azulejera); en Torredonjimeno (industria oleícola), en Baeza y Úbeda (industria textil)... Hasta la legalización de partidos y sindicatos, estos movimientos ciudadanos fueron foco activo de oposición a las condiciones sociolaborales que imponían los sindicatos verticales del régimen. |
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