| |
|
|
|
INICIO > PROVINCIAS > > ARTÍCULOS |
| |
29 de noviembre de 2011 |
| |
Salvador Cruz Artacho |
| |
La memoria del pasado |
| |
La muerte del general Franco abría, de hecho, las puertas a una etapa de libertades y conquistas democráticas, largamente anheladas por quienes habían protagonizado la lucha antifranquista y finalmente materializadas en el texto constitucional de 1978. Libertades y conquistas que, como decía, serán fruto no sólo de la muerte del dictador sino también y de forma muy especial de la presión ejercida en esta dirección tanto por las demandas sociales de los ciudadanos por cuanto el activismo político antifranquista.
A la altura de los años 70, la sociedad jiennense, aún cercenada por la sangría de la emigración, ofrecía ciertos síntomas de cambio y dinamismo que chocaban con las rigideces estructurales del régimen anterior. En este sentido, y desde tiempo atrás, el compromiso activo de personas como Juan Zarrías Jareño, Fernando Morales o Anastasio Valdivia, habían mantenido viva, aún cuando no sin dificultades, la llama de una lucha antifranquista que reverdecería, obviamente en la clandestinidad, desde fines de los años 60. Llama que, ahora, en las postrimerías del régimen, se mostraba en Jaén, al menos en tres frentes no necesariamente excluyentes entre sí: de una parte, en la articulación de las reivindicaciones sindicales, liderada por las recién reconstituidas Comisiones Obreras y referenciada en el marco linarense de Santana; de otra, en el magisterio ejercido por un grupo, numeroso y heterogéneo, de profesionales vinculados a la creación del Colegio Universitario Santo Reino de Jaén, adscrito finalmente a la Universidad de Granada; y, por último, en la lucha política mantenida por aquel entonces desde las filas del PSOE como desde el PCE. Ejemplos como el de Diego Vadillos Lechuga, abogado y militante socialista desde los tiempos de la II República, al frente de la organización socialista de Jaén; el de Margarita Sáinz de Aja, profesora de Medicina, y artífice, en buena medida, de múltiples actividades políticas antifranquistas desplegadas por jóvenes profesores y estudiantes en el marco del Colegio del Santo Reino; la propia reconstrucción organizativa de la UGT, donde destacará desde el inicio la figura de Cándido Méndez Núñez y su hijo Cándido Méndez Rodríguez; el activismo político, desarrollado igualmente en la clandestinidad por figuras como Manuel Anguita, Manuel Molinos, Rosario Ramírez o Francisco Pérez y su estrecha conexión con la reconstrucción del PCE jienense, etc. Constituyen por sí mismos, claros ejemplos de un flujo movilizador en el que se mezclaba la memoria y experiencia del pasado con los anhelos e impulsos de una nueva generación de jóvenes estudiantes, trabajadores, intelectuales, políticos y profesionales jienenses.
Demandas de democratización de las instituciones y activismo antifranquista que dio paso, tras la muerte del dictador a un proceso de Transición Democrática que, en Jaén, se caracterizó básicamente, por la configuración y mantenimiento del PSOE como fuerza hegemónica en el panorama político. Tal y como informan los resultados electorales a lo largo de todo este periodo, y de forma muy especial a partir de 1982, el PSOE alcanzó una holgada mayoría que le situaba muy por encima de la media nacional. La reconstrucción de todo el entramado organizativo y el referente que propiciaba la larga tradición socialista de que disponía el conjunto de la provincia desde principios de siglo estarán en la base de una hegemonía que, en otro orden de cosas, tuvo en el multitudinario entierro de Diego Vadillos (muerto en 1976) una de sus primeras y grandes manifestaciones populares.
Y es que en Jaén, el periodo de la Transición Democrática se vivirá políticamente hablando, en términos de centro-izquierda. En efecto, si agregamos a la ostensible hegemonía político-electoral del PSOE los resultados cosechados por las candidaturas, primero del PCE y, luego IU, comprobamos cómo no sólo constituyen mayoría respecto del centro-derecha y derecha, sino también cómo esta mayoría se agranda a medida que transcurre el tiempo, alcanzando en las elecciones de 1982 la cota, prácticamente mantenida en 1986, del 64% del total de los votos provinciales. |
| |
|
|
|
|