Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  29 de noviembre de 2011
  Rafael Olmo
  Del apogeo y crisis de Uteco al nacimiento de Expoliva
  El sector del olivar y el aceite jiennense también vivió su particular transición, paralela a la de carácter político que entre 1973 y 1983 experimentó España. Los olivareros de esta provincia perdieron en estos años a su propio caudillo, en un proceso (la crisis de UTECO) que rebasó las lindes sectoriales para convertirse en uno de los acontecimientos más destacados en el panorama político provincial e incluso nacional. A la vez, se apuntaban los primeros indicios de lo que debía ser la modernización del sector y comenzaron a difundirse los descubrimientos científicos que permitirían iniciar la revalorización de las cualidades del aceite de oliva frente a las campañas de desprestigio a favor de otras grasas, incluida la tragedia del aceite de colza desnaturalizado.
En 1973, la provincia de Jaén cuenta con 430.170 hectáreas de olivos,  lo que supone el 19,3 por ciento de la superficie dedicada a olivar en España. Según los datos publicados por el profesor Luis Garrido González en el Observatorio Económico de la Provincia (julio de 2001), ese liderazgo olivarero seguirá acrecentándose en esta etapa, como venía ocurriendo durante todo el siglo XX, hasta llegar en 1983 al 22,2 por ciento del conjunto nacional. Predominan las pequeñas y medianas explotaciones, pero el Catastro de 1977 recoge que el 1,1 por ciento de los propietarios era titular del 38,6 por ciento de la superficie agrícola provincial y acapara el 35,7 por ciento de la riqueza imponible.

Igualmente, la participación jiennense en la producción española de aceite de oliva crecerá permanentemente, de forma que si en 1973 suponía el 38,8 por ciento, diez años después será ya un 41,3 del aceite de oliva español. En cuanto, a la industria extractora, el Boletín Oficial de la Cámara de Comercio de Jaén publicaba en 1975 que la provincia contaba con 503 almazaras, de las que  216 eran cooperativas o similares y 287 pertenecían a particulares.


La mayor parte de estas cooperativas se organizaban, desde mediados de los años sesenta, en torno a la Unión Territorial de Cooperativas, UTECO, que llegó a contar con casi 160 entidades y unos 60.000 socios. Esas cifras ya dan idea de la importancia que tenía en la economía jiennense esta organización cooperativa, que consiguió controlar una parte importante del mercado nacional e internacional del aceite de oliva con la marca Coosur. Domingo Solís Ruiz, un perito mercantil natural de la localidad cordobesa de Cabra y hermano del ministro franquista José Solís, fue el principal dirigente de ese entramado.

Pese a todo, en el periodo 73-83 el sector olivarero y oleicultor jiennense continúa inmerso en la crisis iniciada en los años sesenta, la cual no concluirá hasta la entrada de España en la entonces denominada Comunidad Económica Europea. El consumo de aceite de oliva en nuestro país estaba en clara desventaja respecto a otras grasas. En la campaña 1974-75, por ejemplo, el consumo de aceite de oliva en nuestro país suponía únicamente un 35 por ciento  del consumo nacional de grasas (algo más si se suma la pequeña cantidad de aceite de orujo), sobre todo por los bajos precios -políticos— de la soja (que representaba el 33 por ciento del consumo de grasas ).

La prohibición de importaciones de esas otras grasas comestibles fue una constante en las demandas del sector durante estos años, junto con el incremento de los precios de intervención y, más tarde, de las subvenciones a la producción. El giro de la política oficial de grasas a finales de los setenta y comienzos de los ochenta permitió una paulatina recuperación de mercado por parte del aceite de oliva, que en la campaña 80-81 ya suponía casi el 48 por ciento del consumo nacional de grasas, principalmente en detrimento de la soja, puesto que el girasol también siguió aumentando su consumo hasta casi igualarse con el de oliva en el año 84.

En ese contexto de crisis y con la agravante de un periodo de sequía que tuvo en 1974 uno de los años menos lluviosos, el olivar jiennense entra en el periodo de transición hacia la democracia con importantes movilizaciones de protesta en 1976 y 1977, que llevan a los tractores a las carreteras y a los olivareros hasta Madrid. Unión del Olivar Español es en esos momentos la organización con mayor presencia pública. La difícil situación del sector justifica y explica la contundencia de las acciones, aunque en su organización e inspiración se observe también el protagonismo de los personajes más ligados a la dictadura y menos satisfechos con la nueva situación democrática que se va instaurando. Así, no se puede olvidar el intento de Domingo Solís de saltar a la vida política democrática con su candidatura al Congreso de los Diputados en 1977 a través de “Agrupación de electores y Partido Independiente Acción Social Agraria” (A.S.A.), una formación política creada ex profeso pero que no consiguió resultados significativos. La ignorancia hacia la figura de Solís por parte de los jiennenses en las urnas fue un buen indicio de que los cambios eran imparables.
Finalizando ya la década de los setenta, se produce una de las novedades que apuntan verdaderamente hacia lo que será el futuro del olivar y el aceite jiennense: en noviembre de 1979,  el Ministerio de Agricultura aprueba la denominación de origen para el aceite de la Sierra de Segura. Era la primera de este tipo en Andalucía, seguida inmediatamente después por la de Baena, y con los antecedentes de la catalana Borges Blanques, tradicionalmente vinculada con la Sierra de Segura. La figura del farmacéutico serrano José Bautista de la Torre aparecerá siempre ligada a esos primeros esfuerzos en la apuesta por la calidad del aceite jiennense.

En esos momentos la presencia del aceite virgen extra en el mercado es muy limitada y vive un proceso de regresión. Entre 1973 y 1984, el consumo de aceite virgen extra en España, si se excluye el autoconsumo de los productores, retrocede desde el 30 por ciento a algo menos de un cuatro por ciento del consumo nacional de aceite. El proceso de producción  de aceituna y elaboración de aceite no se dirigía todavía a la búsqueda de la calidad. Además, el mecanismo de intervención estatal no incentivaba tampoco la producción de aceites vírgenes extra, porque el precio no se relacionaba con las características organolépticas sino únicamente con la acidez. El agricultor buscaba por lo tanto únicamente conseguir grandes producciones de baja y mediana acidez.

Sin embargo, iniciativas como la de la Sierra de Segura marcan un nuevo camino para el olivarero jiennense que se verá reforzado con los aportes científicos que comienzan a difundirse en el inicio de los ochenta. En los años 50 había surgido una potente corriente que aconsejaba el consumo de grasas de origen vegetal como girasol, soja o maíz, amparada en observaciones científicas que indicaban que su consumo habitual no elevaba los niveles de colesterol en sangre. Desde 1980 comienzan a conocerse diversas investigaciones que resaltan los beneficios del aceite de oliva. Las aportaciones del profesor Grande Covián, primero, y luego de Mataix Verdú, permitirán revalorizar en el mercado el aceite de oliva (especialmente el virgen extra) ligándolo a sus indudables ventajas para la salud, inicialmente para los sistemas digestivo y cardiovascular.

Pero el aceite de oliva tendrá todavía que superar una nueva crisis de credibilidad, derivada de la aparición en 1981 de la que se denominó en su comienzo “neumonía atípica”. Lo que se pensó simplemente como un fraude de grandes dimensiones, al desviar al consumo humano aceite de colza desnaturalizado (una grasa para uso industrial) que se vendió como aceite de oliva, luego resultó ser una gravísima tragedia humana y un importante golpe al sector. El “aceite de España” cayó bajo sospecha rápidamente, varios países cerraron sus fronteras a la importación tanto de aceite de oliva como de conservas españolas y nuestras exportaciones se redujeron a la mitad.

El recuerdo de aquella torpe expresión del ministro ucedista Sancho Rof  atribuyendo la intoxicación a  un “bichito” nos sitúa en el momento político que se vivía: tramo final de legislatura, Gobierno de UCD y la expectativa del inminente triunfo del PSOE. Ese fue el contexto de uno de los procesos más importantes de la transición jiennense, que desencadenó a su vez, en palabras del entonces diputado nacional y flamante exsecretario provincial del PSOE, Fernando Calahorro, una de las decisiones gubernamentales más trascendentales para esta provincia en todo el periodo democrático: la aprobación por parte del recién En ese contexto de crisis y con la agravante de un periodo de sequía que tuvo en 1974 uno de los años menos lluviosos, el olivar jiennense entra en el periodo de transición hacia la democracia con importantes movilizaciones de protesta en 1976 y 1977, que llevan a los tractores a las carreteras y a los olivareros hasta Madrid. Unión del Olivar Español es en esos momentos la organización con mayor presencia pública. La difícil situación del sector justifica y explica la contundencia de las acciones, aunque en su organización e inspiración se observe también el protagonismo de los personajes más ligados a la dictadura y menos satisfechos con la nueva situación democrática que se va instaurando. Así, no se puede olvidar el intento de Domingo Solís de saltar a la vida política democrática con su candidatura al Congreso de los Diputados en 1977 a través de “Agrupación de electores y Partido Independiente Acción Social Agraria” (A.S.A.), una formación política creada ex profeso pero que no consiguió resultados significativos. La ignorancia hacia la figura de Solís por parte de los jiennenses en las urnas fue un buen indicio de que los cambios eran imparables.
Finalizando ya la década de los setenta, se produce una de las novedades que apuntan verdaderamente hacia lo que será el futuro del olivar y el aceite jiennense: en noviembre de 1979,  el Ministerio de Agricultura aprueba la denominación de origen para el aceite de la Sierra de Segura. Era la primera de este tipo en Andalucía, seguida inmediatamente después por la de Baena, y con los antecedentes de la catalana Borges Blanques, tradicionalmente vinculada con la Sierra de Segura. La figura del farmacéutico serrano José Bautista de la Torre aparecerá siempre ligada a esos primeros esfuerzos en la apuesta por la calidad del aceite jiennense.

En esos momentos la presencia del aceite virgen extra en el mercado es muy limitada y vive un proceso de regresión. Entre 1973 y 1984, el consumo de aceite virgen extra en España, si se excluye el autoconsumo de los productores, retrocede desde el 30 por ciento a algo menos de un cuatro por ciento del consumo nacional de aceite. El proceso de producción  de aceituna y elaboración de aceite no se dirigía todavía a la búsqueda de la calidad. Además, el mecanismo de intervención estatal no incentivaba tampoco la producción de aceites vírgenes extra, porque el precio no se relacionaba con las características organolépticas sino únicamente con la acidez. El agricultor buscaba por lo tanto únicamente conseguir grandes producciones de baja y mediana acidez.

Sin embargo, iniciativas como la de la Sierra de Segura marcan un nuevo camino para el olivarero jiennense que se verá reforzado con los aportes científicos que comienzan a difundirse en el inicio de los ochenta. En los años 50 había surgido una potente corriente que aconsejaba el consumo de grasas de origen vegetal como girasol, soja o maíz, amparada en observaciones científicas que indicaban que su consumo habitual no elevaba los niveles de colesterol en sangre. Desde 1980 comienzan a conocerse diversas investigaciones que resaltan los beneficios del aceite de oliva. Las aportaciones del profesor Grande Covián, primero, y luego de Mataix Verdú, permitirán revalorizar en el mercado el aceite de oliva (especialmente el virgen extra) ligándolo a sus indudables ventajas para la salud, inicialmente para los sistemas digestivo y cardiovascular.

Pero el aceite de oliva tendrá todavía que superar una nueva crisis de credibilidad, derivada de la aparición en 1981 de la que se denominó en su comienzo “neumonía atípica”. Lo que se pensó simplemente como un fraude de grandes dimensiones, al desviar al consumo humano aceite de colza desnaturalizado (una grasa para uso industrial) que se vendió como aceite de oliva, luego resultó ser una gravísima tragedia humana y un importante golpe al sector. El “aceite de España” cayó bajo sospecha rápidamente, varios países cerraron sus fronteras a la importación tanto de aceite de oliva como de conservas españolas y nuestras exportaciones se redujeron a la mitad.

El recuerdo de aquella torpe expresión del ministro ucedista Sancho Rof  atribuyendo la intoxicación a  un “bichito” nos sitúa en el momento político que se vivía: tramo final de legislatura, Gobierno de UCD y la expectativa del inminente triunfo del PSOE. Ese fue el contexto de uno de los procesos más importantes de la transición jiennense, que desencadenó a su vez, en palabras del entonces diputado nacional y flamante exsecretario provincial del PSOE, Fernando Calahorro, una de las decisiones gubernamentales más trascendentales para esta provincia en todo el periodo democrático: la aprobación por parte del recién llegado Gobierno socialista de Felipe González de créditos extraordinarios por un valor total superior a los 27.000 millones de pesetas (del año 1982) para salvar el entramado cooperativista del olivar jiennense. En septiembre de 1982, un mes y medio antes de las elecciones generales, con el Parlamento nacional ya disuelto, se produce la intervención de la Caja Rural Provincial de Jaén por parte del Banco de España. La máxima autoridad financiera del país, todavía dependiente directamente del Gobierno de UCD, destaca la irregularidad de la excesiva concentración de riesgos que supone los créditos de Caja Rural a UTECO y Cooperativa Provincial Agrícola (C.P.A). Domingo Solís compatibilizaba la presidencia de estas entidades y de la Caja Rural Nacional. Era inevitable que algunos analistas interpretaran la decisión gubernamental como la expresión del fracaso en las negociaciones para la colaboración entre Solís y UCD. En cualquier caso, este sólo es el primero de una serie de acontecimientos que se precipitan ante el desconcierto de los olivareros jiennenses y la preocupación generalizada por el futuro del principal sector económico de la provincia.

Pocos días, después, el 18 de octubre (día de San Lucas, patrón de Jaén), Domingo Solís, con 67 años, ingresa en la prisión de Carabanchel acusado de delito monetario en transacciones extranjeras para una supuesta venta de aceite de oliva en Francia. Igual que él, son procesados por la Audiencia Nacional y encarcelados su hijo, Felipe Solís (responsable de exportaciones en UTECO) y el director general de la Caja Rural, Ricardo Cruz Tuñón. Aunque los tres serían absueltos posteriormente de esa acusación, se había abierto ya una brecha para investigar irregularidades en la gestión del entramado cooperativista del olivar jiennense que acabaría suponiendo penas de cárcel para todos ellos.

Siguiendo el relato de hechos cronológicamente, el 2 de diciembre, con Solís encarcelado y tras las elecciones generales que supusieron la primera mayoría absoluta del PSOE, UTECO celebra asamblea general extraordinaria donde se informa que el pasivo de la entidad asciende a 27.400 millones de pesetas.  Los seiscientos representantes de 127 cooperativas no llegan a decidirse por ninguna de las opciones de futuro de UTECO: disolución, conversión en una empresa mixta (con capital público minoritario) o privatización para evitar “intentos colectivizantes por parte del Partido Socialista”. Nada más pasar la navidad, el 25 de enero comienzan los trabajos de la ponencia de la comisión de investigación del Parlamento de Andalucía, la primera de este tipo que se constituía en la cámara legislativa autonómica. De sus trabajos derivarían las futuras actuaciones judiciales por las que los citados tres directivos de UTECO, CPA y Caja Rural fueron condenados a prisión por apropiación indebida y falsedad, pero también surgirían allí noticias tan curiosas como la presunta financiación desde la entidad de ahorros al intento golpista de Tejero.
Cinco meses después de estallar la crisis y apenas tres después de las elecciones, el Gobierno central asume el protagonismo para abrir una vía de solución: el 2 febrero el Consejo de Ministros aprueba la intervención tanto de UTECO como de la Cooperativa Provincial Agrícola, que contarán con un responsable técnico nombrado por la Administración. La decisión se produce a petición de los consejos rectores de ambas entidades. Paralelamente, se anuncia un crédito extraordinario para reflotar esas entidades,  que culminará con la aprobación el 27 de abril de 1984 de la Ley 12/1984 en la que se reconocen como obligaciones exigibles del Estado las derivadas del saneamiento financiero de ambas organizaciones cooperativas y la concesión de varios créditos extraordinarios por importe de 27.160 millones de pesetas.. Quizá no sea fácil veinte años después percibir la dimensión de esa inyección económica. Para situar mejor su significado, tomamos otras cifras de la época: el importe de todas las subvenciones estatales al aceite de oliva en ese año supusieron 24.000 millones de pesetas; y las inversiones que a principios de 1982 había anunciado el anterior Ministerio de Agricultura para la reestructuración del olivar eran de 15.000 millones en tres años.

A partir de la intervención estatal se inicia un nuevo proceso que se excede del periodo que aquí abordamos. La transición en el olivar jiennense se cierra, tras el terremoto de la crisis de UTECO, con el tercer acontecimiento de esta época que hemos considerado especialmente indicativo del futuro: Expoliva. Después de la aprobación de la primera denominación de origen jiennense y la divulgación de los hallazgos científicos sobre las cualidades del aceite de oliva para la salud, la creación de la Feria Nacional Monográfica del Aceite de Oliva e Industrias Afines podemos considerarla el tercer hito que merece ser destacado de los nuevos caminos que se abrían. Los siguientes pasos vendrán determinados por el ingreso de España en la Comunidad Económica Europea, aunque los efectos para el olivar y el aceite de oliva comenzaron a producirse desde el mismo momento en que se conoció el plazo para firma española del Tratado de Roma. 

El 2 de mayo de 1983 se inauguró la primera edición de Expoliva, en el recinto Felipe Arche, y con  ella el Simposium Nacional sobre el Aceite de Oliva, que se convertiría en una actividad paralela inseparable de la feria. La idea había surgido de la Cámara Oficial de Comercio e Industria de Jaén. Hermenegildo Terrados del Cerro, al ser elegido presidente de la entidad retomó esa iniciativa y fue el organizador de la primera edición, con la colaboración de todas las instituciones. El ministro de Agricultura, Carlos Romero, en la inauguración, afirmó que “el futuro ya ha llegado”. Lo que no dijo el ministro es que hubiera de resultar fácil.
   
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