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29 de noviembre de 2011 |
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Cristina Mellado |
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Emilio Arroyo: "No fue un camino de rosas" |
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En 1979, el socialista Emilio Arroyo, es elegido alcalde de Jaén. Estuvo en el cargo hasta 1986. Cuatro años más tarde abandona el PSOE, partido al que se había afiliado en 1976. Tuvo que lavarle la cara a la ciudad, al ayuntamiento, buscar dinero y enfrentarse al capitalismo urbano y a su propio partido. No fue un camino fácil.
Abril del 79. Emilio Arroyo tiene 35 años. Y es el primer alcalde democrático de Jaén después del franquismo. Siente, cuando toma posesión de la alcaldía, que la democracia se puede palpar; que hay aires de libertad y de tremenda ilusión. Cuatro años antes había llegado de Granada, en cuya universidad había estudiado Filosofía y Letras. Ingresa en el PSOE en el 76 y un año más tarde ya es secretario general de los socialistas jiennenses y tres años más tarde, candidato a la alcaldía de Jaén. Recuerda que fue una campaña electoral que cambió su vida. Todo era ilusión. Primeras elecciones democráticas para los ayuntamientos en tantos años nos hacía vivir de forma intensa cualquier acontecimiento, recuerda Arroyo con la nostalgia de haber vivido los cambios que se avecinaban.
Los ayuntamientos habían estado gobernados por franquistas sin apenas voluntad política. La mayoría de los concejales fueron personas con mucha dignidad pero sin demasiado interés por la gestión pública ya que estaban convencidos de que aquello iba a cambiar pronto; y así fue. Entré en la alcaldía con la emoción de que el cambio era ya una realidad. Hubo que empezar lavando la cara al ayuntamiento, a la ciudad, a dignificar al personal municipal, a recaudar dinero porque no había nada; había que arreglar, al menos, lo básico. Fue una política de subsistencia, de creación de servicios fundamentales. Todo muy duro, pero ilusionante.
Cerca del pueblo. En aquellos primeros meses, como en la mayoría de los municipios andaluces, había que estar muy pegado al pueblo, a sus necesidades. Era tal la carencia, recuerda Arroyo, que no sabíamos por dónde empezar. Como hombres de izquierdas nos preocupamos de los servicios sociales, de hacer una mínima planificación cultural, de atender las enormes necesidades de las barriadas periféricas, muchas de ellas sin alumbrado, alcantarillado, conducción de aguas o pavimento. No había dinero para más cosas. Tapar boquetes, atender urgencias.
En su gestión, recuerda Arroyo, hubo momentos de bastante tensión sobre todo con el plan de ordenación urbano. Fue una tarea horrenda, difícil. Empezamos su estudio en el 79 y en el 86, cuando me fui, por fin se aprobó. Hubo que luchar mucho y sobre todo porque la resistencia de los capitalistas urbanos, con muchos intereses inmobiliarios, era frontal; pero también tuvimos en contra a la Diputación socialista que era la mayor propietaria de suelo y tenía los mismos intereses que los capitalistas. Y también tuvimos la resistencia de la Junta de Andalucía que no estaba dispuesta a asumir los compromisos que había adquirido el ministerio de Obras Públicas antes de que se definieran las competencias.
Recuerdos en la conversación, algunos de ellos gratificantes, como la visita del Rey de España o el hecho de que el intento de golpe de estado de Tejero no se notara y ver cómo cambiaba la ciudad y los propios ciudadanos. No todo fue un camino de rosas con momentos muy tensos cuando la creación de la zona comercial de la calle San Clemente; plenos municipales muy duros, como aquel en que se manifestaron obreros de Jódar, con insultos, peleas, vejaciones, pero al final lo que queda es el recuerdo grato del cariño y el calor de la gente.
Como en el resto de Andalucía, la coalición de los partidos de izquierdas hace que la mayoría de los ayuntamientos sea gobernada por socialistas y comunistas. Sostiene Emilio Arroyo que ello tuvo efectos muy positivos, no sólo en la gestión, sino también en la influencia casi visual que tuvo sobre la población. Ya no éramos los cocos, ni los ogros; no nos comíamos a nadie y encima hasta dábamos subvenciones para la Semana Santa o nos poníamos a la cabeza de algunas procesiones. Los alcaldes de aquellos años tuvimos una enorme popularidad; éramos militantes entregados a nuestro trabajo.
Y sostiene que parte del éxito socialista en las urnas en 1982 tiene su arranque en la gestión municipal, aunque, recuerda Arroyo, sus mandatos municipales no se distinguieron por ser partidistas. Yo era alcalde elegido dentro de las listas del PSOE, pero sobre todo fui alcalde de Jaén y nunca tomaba actitudes partidarias. Sí defendía, como no podía ser de otra manera, actitudes y posiciones ideológicas claramente de izquierdas. Pese a gobernar en coalición con comunistas y andalucistas no hubo momentos de fuerte tensión y los 10 concejales de UCD tenían delegaciones y también el único concejal de AP.
El gran batacazo. Arroyo, como otros muchos políticos andaluces, vivió en primera fila las enormes tensiones que sacudieron al partido en el Gobierno central, la UCD de Adolfo Suárez. Y también en el seno de su propio partido cuando se debatía el futuro autonómico de Andalucía. Tiene una visión muy personal de lo que entonces sucedió: La UCD quiso dar un frenazo a la autonomía, tal y como se estaba pidiendo por algunos sectores claramente democráticos, pero que no entendían las prisas. Visto desde hoy, creo que de forma sensata. Pero eran otros tiempos. Digamos que en la Constitución, que tiene muchas deficiencias, algunas lastradas del sistema anterior, se trató de poner solución a un problema que nunca se había resuelto en España que era el de las tendencias independentistas catalanas, vascas y el surgimiento del nacionalismo gallego. Y se redacta la Constitución con la presencia de algunos partidículos incipientes, un tanto románticos, que tratan de sacar ideas autonomistas como en Andalucía, Aragón y Canarias.
Pero en Andalucía, a juicio de Emilio Arroyo hay un partido, el Partido Socialista de Andalucía (PSA) que quiere ir más lejos y además hacía muchas cosquillas al PSOE y a UCD y se empezó a ceder y a negociar una vía más rápida de acceso a la autonomía. Lo sorprendente es que ocurrió un fenómeno, no protagonizado por nadie -que nadie se ponga medallas- y que aconteció en un pequeño pueblo de Sevilla que ya tenemos casi todos olvidado, donde sus concejales se ponen en marcha por su cuenta, sin consultar con el PSOE, ni con la UCD, ni con el PSA, ni con nadie, pidiendo la autonomía plena por el artículo 151 de la Constitución. Y así empezó todo, porque el resto de los ayuntamientos ya se sabe lo que hicimos, maricón el último. Y aquello ya no había quien lo detuviera.
Con el tiempo, añade Emilio Arroyo, se vio que no todo se debió hacer de forma tan rápida, de forma precipitada; sin calcular las posibles tensiones . La UCD, en el poder central, asume sus responsabilidades de Estado y da marcha atrás. Fue su tumba, su gran batacazo. Con todo un pueblo, a través de sus ayuntamientos, pidiendo autonomía plena no se podía decir: Andaluz, éste no es tu referendum. La UCD se desangra y el PSOE aprovecha esta situación y lanza a una campaña tremenda. Para el PSOE la autonomía andaluza se convierte en algo esencial, precisamente en un partido que nunca lo había sido, sino todo lo contrario. Se vio que era la mejor manera de comer terreno a la UCD; una estrategia por política coyuntural, nada más. Y la aprovecha el PSOE. ¿Resultado? el hundimiento de la UCD y abrir las puertas a la futura victoria de los socialistas. En el referendo andaluz se jugó eso y se jugó otra cosa: la puesta en marcha de un proceso autonómico rapidísimo, ya imparable. Y que, posiblemente, sea irracional tal y como ha quedado.
Jaén, socialista.- Emilio Arroyo vivió muy directamente la recuperación del socialismo jiennense. Fue una tarea en la que debemos mucho a los históricos, siendo cierto que el partido, como tal, apenas si tenía estructura. Los comunistas tenían una raigambre más seria, una militancia más activa. Cuando yo llego a Jaén, mis compañeros pensaron que yo podía ser un jefecillo local en tanto era universitario. Había poca gente y había una división bastante fuerte; aquella herida de descolgados de Felipe Alcaraz.
Antes de llegar a Jaén, a Emilio Arroyo le habían dado nombres de posibles contactos para conectar con el partido. El de Alcaraz era uno de ellos, pero ya se había pasado con otros socialistas al comunismo activo. Recuerda que era en Linares donde los socialistas tenían más fuerza, y estaban más unidos a los sindicalistas del metal en Santana, y mayor relación con el histórico Julián Jiménez Serrano, pero en Jaén capital éramos muy pocos. De entonces recuerdo la importancia de Cándido Méndez y de un abogado, funcionario en la Diputación Diego Vadillos que no llegó a ver como en el 77 los socialistas alcanzamos unos resultados que nadie esperaba; fue una sorpresa muy grande para todos. Aquellas listas se hicieron casi con los militantes precisos y sanseacabó y lo soprendente es que conseguimos tres de los cuatro senadores y cuatro de los siete diputados. Eso no lo esperaba nadie, ni dentro ni fuera de Jaén. ¿Que ocurrió? Pues que había mucha gente heredera del socialismo de antes de la guerra civil que, por miedo, permanecían ocultos en sus pueblos. Después, todo cambiaría. |
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