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05 de diciembre de 2011 |
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Cristina Mellado Morales |
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Jaén, cuna del arte ibérico |
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La provincia de Jaén cuenta con un pasado histórico multicultural. Desde la Prehistoria, su territorio ha sido asiento de pueblos que han dejado su huella en yacimientos arqueológicos o monumentos de una riqueza incomparable. Sin hablar de la importancia de sus castillos, tan bien estudiados por Juan Eslava, o de los monumentos renacentistas repartidos por ciudades como Jaén, Úbeda, Baeza, en la década de los 70 comenzaron los hallazgos, excavaciones y restauración de asentamientos prehistóricos en Orcera, Cabra de Santo Cristo, Cueva de Almez, Cueva de La Graja (Jimena), Peñalosa (Baños de la Encina), Aldeaquemada, La Carolina, Cueva del Plato (Castillo de Locubín), Caño Quebrado (Jaén), Marroquíes Bajos (Jaén), La Guardia, Jamilena, Otíñar, Castulo (Linares), etc.
Importancia fundamental tiene la huella que el pueblo ibérico ha dejado en la zona del Alto Guadalquivir, desde el siglo VI a.C. hasta la dominación romana y el siglo I d.C. El suelo de Guadalimar, Puente Tablas, Huelma, Hinojares, La Guardia, Fuente del Rey, Abrigo de Despeñaperros, Villargordo, Peal de Becerro y, sobre todo, Porcuna, albergó durante siglos tesoros que aún siguen investigándose. La riqueza de la cultura ibérica es aún incalculable, según declara Pedro Molina Poyatos, Conservador del Museo Arqueólogico de Jaén y miembro de la Asociación de Amigos de los Iberos, presidida por Pilar Palazón. Para ellos, sería necesario y digno de tal riqueza arqueológica, un emplazamiento amplio y adecuado que permitiera exponer la totalidad de las piezas encontradas en las excavaciones de toda la provincia y representar la escenografía completa de las piezas aisladas encontradas en la Cámara de Toya (Peal de Becerro) y en Cerrillo Blanco (Porcuna). Porfían en el intento de que el edificio de la antigua cárcel, al final del Paseo de la Estación, sea dedicado exclusivamente al arte ibérico. Por ahora, el proceso administrativo es muy lento, según Pedro Molina, sólo existe un preproyecto. Se ha prestado poca atención artística y económica, sigue diciendo Pedro Molina, por parte del Patrimonio Nacional.
Desde que Arturo Ruiz llegó al Colegio Universitario en el año 74, y posteriormente desde su cátedra en la Universidad de Jaén, ha dedicado todo su empeño, en una labor incansable, a estudiar la cultura ibérica. Ayuda inestimable recibió de Juan González Navarrete, Director del Museo Provincial, que compró personalmente por 300.000 pesetas. el yacimiento de Cerrillo Blanco y puso un guarda, el Morente, para evitar el expolio de los cerca de 1.500 fragmentos que se encontraron en la excavación. Juan González presentó el hallazgo, en 1975, al entonces Ministro Carlos Robles Piquer, quien no dio más importancia al asunto, lamentablemente. Según dijo, textualmente, Juan González, no me hicieron caso. Estaban más preocupados de qué iba a pasar con ellos que del hallazgo. Así que continuó excavando y restaurando las piezas encontradas con muy poca ayuda económica en una labor callada de investigación, ayudado por el restaurador Constantino Unguetti.
Las piezas encontradas, hablan de una civilización rica con una sociedad jerarquizada, cuyas esculturas encierran, según Pedro Molina, el mensaje de poder que poseía este pueblo, que controló el territorio y fue vencedor en mil batallas. Las piezas ensalzan el linaje de sus antepasados, muestran jóvenes en su proceso de formación guerrera, o toros que simbolizan la riqueza ganada para un linaje heroizado casi hasta la divinidad. Aparecen también piezas que representan a mujeres sacerdotisas pertenecientes a un rango social y religioso alto. La historia mítica de este linaje ibérico está representado por el famoso Grupo de Guerreros.
Destacan, en el yacimiento de la necrópolis de Cerrillo Blanco (Porcuna) las figuras del toro, la esfinge, el águila, la griphomaquia, el guerrero con escudo, el jinete atravesando con su lanza a un enemigo, la cabeza con tocado, el caballo, la mujer con serpiente, el varón con manípulo. El yacimiento de el santuario de El Pajarillo (Huelma) muestra un grupo escultórico en su contexto arqueológico. Y, a principios de siglo, el Pernazas, habitante de Peal de Becerro, descubre la Tumba de Cámara de Toya, construida con grandes bloques de piedra caliza procedentes de una cantera próxima. El tesoro incluye cajas de piedra, cerámicas griegas e ibéricas con decoración pintada, tres ruedas, la escultura de un pequeño animal y otros objetos componentes del ajuar del personaje para quien se construyó la tumba.
Del año 75 al 80 se trabajó en la restauración de las piezas encontradas. En la visita que los Reyes realizaron a Jaén en el año 80, visitaron las piezas expuestas en el Museo Arqueológico y la reina Sofía quedó profundamente admirada por el conjunto arqueológico que mostraba evidentes huellas de la cultura griega. Casi una década después, en los años 97-98 se organizó una Exposición itinerante que llevó parte del tesoro a Barcelona, París y Bonn y obtuvo el reconocimiento internacional. El impacto que produjo fue tal que el Comisario francés de la exposición, felicitó al Conservador del Museo, Pedro Molina, con unas palabras que, para él fueron mucho más que un elogio: felicito a Pedro Molina que convive a diario con los guerreros de Porcuna.
Aún queda mucho por hacer comenta Pedro Molina: seguir restaurando el 75% de las piezas que aún no se han expuesto y conseguir un Museo Monográfico de Arte Ibérico que permita reconstruir una escenificación completa de las piezas que ahora se exhiben aisladas. La Asociación de Amigos de los Íberos lucha incansablemente para conseguirlo. |
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