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05 de diciembre de 2011 |
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José Luis Codina |
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Del ajedrez al balonmano |
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En 1975 el Ayuntamiento de Jaén aprueba un proyecto de instalaciones deportivas en la capital, a ubicar en los terrenos de La Salobreja, con un presupuesto muy próximo a los 19 millones de pesetas de entonces. Sirva el dato para situarnos en el tiempo y comprobar que puede suponer la referencia a lo que fue, a partir de entonces, una auténtica revolución en tantas cosas y también en el deporte, asignatura siempre pendiente, y en cierto modo explicable, cuando los famélicos presupuestos de aquellas calendas tenían que atender necesidades más perentorias de la ciudadanía. Resultaba comprensible pensar que antes que un polideportivo, siquiera una modesta pista para hacer deporte, hubiera que asfaltar las calles o llevar el agua potable a la población. Pero reconocido esto, los hechos demostraron que era posible atender al deporte también como una necesidad, y no de las más pequeñas, a la hora de que tuviera su hueco cuando de planificar el gasto público se trataba.
Jaén comenzó entonces una etapa plasmada en la proliferación de instalaciones deportivas que hoy, 25 años después, cubren el mapa jiennense para orgullo y satisfacción de sus poblaciones, con deficiencias y mal uso en algunos casos, pero como una realidad incontestable que la historia ha de recoger. Y en este repaso a los primeros años de la transición deben reflejarse dos acontecimientos que nada tienen que ver con lo que era tradicional cuando se hablaba o escribía de deporte, siempre con el fútbol como protagonista y la suerte que corrieran los equipos más representativos de la provincia. Pues no, dos disciplinas distintas al balompié marcaron los hitos más importantes del deporte jiennense en esos años que van desde 1975 a 1984, por citar la primera década de la democracia.
El ajedrez y Linares. Corría el mes de noviembre de 1978 y en su último día, el 30, arrancaba el primer torneo de ajedrez de Linares, que ya tuvo categoría internacional pues el vencedor fue el sueco Jon Eslon, quien ocho días después se proclamaba ganador de esa primera edición. Pocos podían imaginar que con el paso de los años, y una edición tras otra, el Torneo Internacional de Ajedrez Ciudad de Linares no sólo se consolidara sino que aumentase el prestigio hasta convertirse en el primero del mundo por los elos que aportaban los maestros internacionales que iban incorporándose a sus tableros y con Karpov y Kasparov como indudables estrellas.
Sería injusto no mencionar un nombre, el de Luis Rentero Suárez, enamorado de su tierra, Linares, y de esta modalidad, mitad deporte y mitad ciencia, dinámico empresario y creador e impulsor de este Ciudad de Linares que el próximo año, 2003, cumple las bodas de plata. Veinticinco años ya en los que la población linarense figura por derecho propio a la cabeza de los torneos internacionales que se disputan en todo el mundo y ahí sigue, ahora en manos del Ayuntamiento, para que los nombres de Linares, Jaén, Andalucía y España repiqueteen en los teletipos de todo el mundo, salten a las ondas de las emisoras de radio en los cinco continentes y, en fin, las más prestigiosas cadenas de televisión den cuenta de su desarrollo durante dos semanas. Siquiera fuera por esto, por la labor de promoción e imagen, ahora tan en boga, es incalculable el precio material que tendría y la idea que un buen día tuvo Luis Rentero resulta muy rentable, escrito sea en un fácil juego de palabras.
El mejor balonmano. Y si lo del ajedrez tuvo su aquel en una provincia que no figuraba en los calendarios de los grandes eventos deportivos, un año después Jaén sorprendía de nuevo cuando el ADA de la capital se convertía en el primer equipo andaluz que llegaba a la máxima categoría del balonmano español, que entonces pugnaba con el baloncesto para ser el segundo deporte nacional, tras el intocable fútbol. Y en esa División de Honor, Trofeo Carlos Albert, se mantuvo el ADA varias temporadas compitiendo con el Atlético de Madrid, Granollers, Barcelona o Alicante, que eran los que partían el bacalao entonces. Es cierto que muchos de los seguidores del ADA ni siquiera conocían todas las reglas de un deporte hasta entonces desconocido para el gran público y circunscrito a sus competiciones provinciales merced a un reducido grupo de incondicionales, pero llenaban el pabellón, cada dos domingos era una fiesta, y en ocasiones, incluso al margen del resultado, sentían la satisfacción, y la autoestima de codearse con los mejores. No fueron muchos años pero fue bello mientras duró y resultó una aventura inolvidable para quienes tuvieron la suerte de vivirla.
Y en cuanto a fútbol, pues lo de siempre, Jaén y Linares, Linares y Jaén, tenían sus altibajos y si en 1976 el Real Jaén ascendía a Segunda División, el Linares hacía lo propio a Segunda B al año siguiente, hasta llegar al varapalo de 1984, cuando los capitalinos tenían a la mano el ascenso a Segunda A y venía el jarro de agua fría del colista y descendido Antequerano en La Victoria para no salir del pozo de la B y hacer desertar a muchos ilusionados aficionados que desde entonces no han vuelto al coliseo blanco, tal fue el mosqueo y la sofoquina. El Linares descendía a la B en esa aciaga temporada y como el que no se consuela es porque no quiere, al menos quedó de positivo que volvieron a verse las caras y resucitar la noble rivalidad que de siempre ha presidido las relaciones entre ambas aficiones.
La Ruta del Olivo desaparecía y era una puñalada trapera para el ciclismo y el deporte de Jaén, pero en 1977 Jaén se proclamaba subcampeona de España de voleibol, categoría cadete, en tierras de Soria. En el 79 Urbano, el futbolista jiennense que ha llegado más lejos, ya apuntaba al ser llamado en octubre a la selección española juvenil y un poco antes, en junio, Jesús Líndez se enfundaba el maillot de campeón andaluz de ciclismo de fondo en carretera. Estaba lejos aún que saltara a la competición el mejor deportista jiennense de todos los tiempos, el atleta torrecampeño Manolo Pancorbo, pero eso forma ya parte de otra historia. |
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