Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  05 de diciembre de 2011
  Horacio Lara
  "Hay curas y curas"
  Se pueden desconocer, pero no olvidar aquellos gritos rituales que al término de los "partes" radiofónicos repetían "... por Dios y por España. Presentes". ¿Qué Dios y qué España? Se trataba de enaltecer a los ganadores y condenar, de nuevo cada día, a los perdedores de la guerra civil. En ese contexto, me sorprendió el "Hay curas y curas" con que Miguel Campos Varela "el Maestrito", de forma escueta, me comunicó la conclusión adoptada.

Casi dos meses antes se había sabido, dentro de las CCOO clandestinas, que aquel compañero que era yo, además de trabajador, también era cura y jesuita. Durante esas semanas se me trató con muchas cautelas y, además, con una abierta prevención a todo lo que proponía en los contactos y reuniones ilegales, por supuesto. El mayor contingente de CCOO en la provincia era, en aquel tiempo, de trabajadores del campo del Marco de Jerez.
Esto ocurría tras más de un año de colaboración en esas actividades. Pero ya me conocían bastantes de mi trabajo en el taller y en la asesoría jurídica que se inició en la calle Salvador del Mundo. Otros compañeros, quizás menos, me relacionaban con Alfonso Castro, Pepe Araujo, Gabriel Delgado, Javier Fajardo, Juan Cejudo, etc. que eran otros tantos curas que trabajaban como otro obrero más, compartiendo las mismas condiciones laborales y sociales. Y los había también en Algeciras, El Puerto, Puerto Real, etc.
Así que, con la conclusión que me comunicó Miguel, se me quería decir que conmigo se había terminado la suspicacia y la prevención; que por el hecho de ser cristiano no se era necesariamente un contrario, un enemigo.
Esta anécdota significaba, en una pequeña medida, superar décadas y siglos de una contradicción que venía siendo más que evidente en el Marco de Jerez y sus cercanías en la relación de los "curas" y los trabajadores. Escasas excepciones se escapaban de lo que Blasco Ibáñez describía en "La bodega": esos curas que eran una pieza más en la estructura de explotación, y también de humillación, de los trabajadores, sus familias, su mundo. Eran muchos años de experiencias vividas y transmitidas por quienes podían incluso recitar de memoria largos párrafos de esa novela de Blasco Ibáñez. Yo mismo se los oí recitar.
El anticlericalismo del primer tercio del siglo XX daba respuesta a una antigua toma de postura, muy anticristiana, de la estructura eclesiástica en el conflicto de clases. De alguna forma, esa toma de postura era heredera también del añejo Edicto de Milán, proclamado por el emperador Constantino en el año 313, cuando el cristianismo pasó a ser la religión oficial del imperio romano. Y hay más herencias después.
A ellas se añadió la guerra civil, con la subordinación de la jerarquía eclesiástica al bando franquista, levantado contra el gobierno legítimo. Y el "nacional-catolicismo" imperante desde ya antes de terminar esa contienda ("incivil" más bien), y unas cuantas décadas más... continuándose una situación injusta y opresiva. Es decir, una situación en la que unos oprimen y otros son oprimidos por los anteriores. O estabas con unos o con los otros.
¡Pues claro que tenían motivos y razones para ponerse en guardia ante un "cura"! Tenían más que suficientes experiencias acumuladas para rechazar a los curas, a la iglesia católica y al cristianismo. Todo en el mismo paquete.
En esta situación, el mensaje de Jesús de Nazaret estaba tapado por una habitual práctica humilladora o indiferente de unos eclesiásticos que no sabían, o que no querían ver la injusticia del "status quo". En el cual, aparecían como aliados de quienes dominaban la propiedad de la tierra, el dinero y el poder. Parte de esa opresión era la general obligación de acudir a dependencias eclesiásticas para trámites entonces imprescindibles, ahora impensables en una sociedad laica (o casi laica).
Precisamente en la provincia gaditana, la palabra y los expresivos hechos del obispo Añoveros, ya antes habían puesto en alerta a quienes tuvieron ocasión de apreciar que "había obispos y obispos". Pero, claro, una golondrina no hace el verano. Además, un obispo no te lo encontrabas todos los días en toda las calles de la provincia...
En esos años, desde dentro de grupos de cristianos se quiso andar el camino para descubrir y superar las raíces de tal desencuentro y rechazo. La voluntad fue acercarse a los principales destinatarios del mensaje liberador de Jesús de Nazaret y, además, intentar ser consecuentes con ese mensaje. Para algunos ese camino empezaba por compartir las condiciones de vida y trabajo con el común de los trabajadores. Los "excluidos", entonces.
Ahí, entre los "curas obreros" se abría un abanico de diversas situaciones personales. Pues, además del tiempo de trabajo ¿qué porcentaje de tiempo cada uno dedicaba a las tareas pastorales clásicas, a otras prácticas pastorales y a las actividades específicas de ese mundo por el que habíamos optado? Y, claro, andábamos en un terreno fronterizo. Esto a veces se tradujo en que se nos miraba con prejuicios, con desconfianzas. También supuso, muchas satisfacciones.
En la llamada "transición" se comprobó la fuerza del búnker, de los reformistas y de quienes quieren dar un salto a otra sociedad. Una transformación, querían estos últimos, más cercana al comienzo de la revolución de los claveles en Portugal. También dentro de la iglesia católica se daba una pugna similar entre búnker, reformistas y rupturistas. Los estudiosos valoren su proporción. Cada uno de esos tres polos de la sociedad, y de la iglesia dentro de la sociedad, dio su particular batalla.
Obtenemos las libertades políticas, pero demasiado tiempo después que la televisión. Mientras, el vicio del consumismo se va imponiendo aceleradamente. Es curioso que una de las primeras medidas del primer gobierno de izquierda, aparentemente, fuera incrementar el número de las modalidades de lotería.
Se avanzó, claro que se avanzó, en parte por el esfuerzo de bastantes personas, asociadas o no, y en parte porque casi no podía ser de otra manera dada la influencia de grandes poderes internacionales que querían incidir decisivamente, muy decisivamente, no fuera a escapársele el control.
Es necesario señalar, para quien no vivió aquella época, que era muy distinta la composición de la estructura de clases en torno a 1970 y en 2002. Pese a ello, parece que les era más fácil a los jóvenes, de entonces, iniciar la aventura de su independencia económica. Y hoy, las personas "excluidas" tienen otro perfil. Eso sí, la palabra "solidaridad", entonces maldita, ahora está bien vista, tiene "buena prensa".
Hace tiempo, por fin, dejaron de ser obligatorios, como antes, significativos trámites eclesiásticos. Hoy, desde luego, la opción por una, otra o ninguna creencia religiosa, no viene impuesta sino por la decisión personal.
Queda mucho por avanzar y, como nada hay definitivo, se tienen que evitar los retrocesos. Entonces como ahora, aquí, y en todos los ámbitos, o se está con los opresores o con los oprimidos, con los empobrecidos o con los enriquecidos.
   
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