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04 de octubre de 2011 |
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Eduardo Castro |
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Javier Terriente: Años de plomo |
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Javier Terriente Quesada, hombre clave del Partido Comunista de España en Granada, tiene algunos recuerdos de los años de la transición a flor de piel. Otros, los enterró en su memoria. Y una especial sensibilidad para los miles de ciudadanos, muchos de ellos desconocidos, que hicieron posible la llegada de la democracia.
Hubo gente, apenas recordada, generosa, de espíritu abierto y con mucha entrega, que fueron protagonistas silenciosos de la consecución de la democracia. Yo sé, porque lo viví plenamente, que el Partido Comunista fue clave en la transición, pero también los movimientos sociales ligados a la Iglesia. Recuerda el importante tejido social alrededor de los movimientos cristianos. Aquellos años previos a la muerte de Franco fueron fascinantes, porque aunque el miedo, en muchas ocasiones, era nuestro compañero fuimos capaces de abrir algunas brechas en la monolítica dictadura franquista, que en Granada estaba muy enquistada. Realmente en Granada no existía, de forma organizada más que el PCE, la HOAC, la JOC y otros movimientos cristianos de base. Por los años sesenta es cuando yo entro en el partido. La actividad contra el franquismo era frenética. Pero de una forma distinta a como se ha magnificado: no siempre se actuaba siguiendo unas consignas, con rigidez, sino que había bastante margen a la improvisación. Recuerdo que en la Facultad de Letras la célula estaba formada por tres ó cuatro personas, Miguel García Posada, Emilio Escobar, Juan de Dios Luque. El régimen franquista había hecho tal mitificación del PCE que consideraban comunistas a todo el que se moviera contra la dictadura. Así parecía que éramos legión. Lo cierto, sin embargo, es que a finales de los años sesenta la implantación del partido en Granada y en los pueblos era muy fuerte.
Terriente echa la memoria hacia atrás. La iglesia progresista, social; el cristianismo fue un vivero de personas en la lucha. Más que los socialistas que entonces, al menos en Granada, no estaban organizados. En Málaga, por ejemplo, tenían al entonces comandante Sanjuán y a Rafael Ballesteros. En Granada, hay un grupo originario en el que aparece un valenciano, Javier, un chaval con mucha fuerza y, luego, Rafael Estrella, María Izquierdo, Javier Torres Vela, Angel Díaz Sol, Diego Hurtado, Antonio Indias, pero, en fin, que sean los socialistas los que hablen de su papel, porque recuerdo que en el año 1976 ya aparecen más organizados.
Pocas esperanzas. Granada se siente convulsionada por la luchas obreras a finales de los años sesenta y principio de los setenta. Terriente tiene recuerdos emocionados para quienes dieron la cara en aquellos años tremendos. Fueron años de plomo, pesados, con pocas esperanzas; sólo nos quedaba la lucha, pero poco más. La dictadura franquista no caía, la represión era muy fuerte. Olía a plomo. Las balas que fusilaron a los chavales del FRAP. Franco fuerte y nosotros buscando hundir un régimen que se veía con capacidad para autoregenerarse. Por eso se perdía la esperanza y, además, aunque el partido estaba organizado en la Universidad, en la capital, en muchos pueblos, había muy poca relación con el exterior del partido. Teníamos nosotros que trazar nuestras propias iniciativas después de fuertes debates en las reuniones, los que tenían que decidir qué hacer. Como les pasaba a los socialistas, nosotros tampoco teníamos un referente. En Sevilla estaban los Benítez Rufo, Fernando Soto, Eduardo Saborido, Paquito Acosta y Pepe Hormigo, Ernesto Caballero (Córdoba) y tantos más.
Muere Franco y Javier Terriente tiene su memoria casi en blanco porque después de tanto esperar aquella muerte, por deseada, apenas si me motivó. El problema, al final, no era Franco, sino el franquismo, si perdurarÍa o no. Recuerda nombres como Arias Navarro y los generales agazapados. No lo teníamos claro, pero es cierto que se recibieron instrucciones para extremar las medidas de seguridad. Quietos y sin mostrar alegría en público. Nada de manifestaciones o jolgorio. Hay que tener en cuenta que ya antes de acercarse la muerte del dictador, en el partido se vivía la sociología de la concertación, de buscar vías a la democracia. Como partido organizado sabíamos lo que teníamos que hacer y lo hacíamos. Viví la larga agonía y muerte de Franco tomando precauciones, pero sin miedo. El único miedo era la posible involución. Pensamos, de todos modos, que en un marco democrático europeo y manteniendo la presión interna, sería difícil que perdurase un régimen dictatorial. Aún así en el partido se vivieron momentos tensos, añade Terriente, entre otros motivos porque en muy poco tiempo se estaban echando modos y maneras de actuar en la clandestinidad. Yo recuerdo un partido muy permeable al mundo de la cultura y del trabajo; con una política de apertura a alianzas nuevas, a buscar y asumir estrategias con otros colectivos que luchaban por implantar la democracia. No se ha valorado suficientemente el papel que el partido tuvo en la reconciliación nacional. La estrategia del PCE en ese período y en la Transición fue muy audaz e inteligente.
Sábado de Gloria. Cuando se legaliza el PCE, recuerda Terriente, hubo una alegría inmensa, pero también contenida. Cree recordar que estaba en la sede del PCE en Granada, porque ya había noticias de que algo así podría suceder. Se dieron instrucciones muy serias de no provocar, pero no puedo olvidar las caras de Paco Portillo, de Antonio Cruz, de Pepe Guardia, de Rafael Fernández Píñar y de otros muchos. En muchos pueblos granadinos se vivió con grandes mítines y manifestaciones de alegría en las plazas, en las calles.
Sacar la cabeza, sin miedos, es un ejercicio que cuesta a muchos camaradas porque tienen la costumbre de vivir y haber vivido en clandestinidad. Empiezan a verse caras nuevas de viejos militantes. Aquellos duros años, incluidos los primeros de los 70 dejaron marcados a muchos comunistas, con una represión muy fuerte de la mano del gobernador civil Leÿva y el intento de renovación generacional en la dirección del partido. Era admirable ver a jóvenes comunistas junto a dirigentes históricos y veteranos en las primeras asambleas en la Vega granadina, a la sombra de los chopos. Estábamos en casi todas partes porque en realidad no había nada importante que se organizara donde no estuviera el partido; en los movimientos vecinales, en el origen y organización de las comisiones obreras, en la Universidad. Habría que añadir que inmediatamente después del Estado de Excepción y de la caída del 70, la dirección del PCE de Granada atravesó una corta etapa políticamente muy dogmática, más obrerista que los propios obreros.
La presencia en todos los frentes, en la lucha con entusiasmo y alegría se convierte en una pesada losa, en algo profundamente triste y descorazonador cuando en el 77 las urnas nos dieron la espalda conforme a las expectativas que teníamos. Hubo una pregunta de los viejos: tanto luchar y ¿para qué? Se abrió la primera crisis en el PC granadino. Pero pronto se levantó la moral, se recuperó el pulso y se consolidaron las relaciones con las fuerzas democráticas, incluida la derecha democrática y liberal de la UCD de entonces. De Antonio Jiménez Blanco recuerdo que nos decía, nosotros tenemos el Gobierno, el poder, pero vosotros la calle, así que vamos a entendernos y defender la democracia.
De aquellos años guarda amistad y respeto mutuo con hombres como Federico Mayor Zaragoza, Arturo Moya, Jiménez Blanco y, sobre todo, con Antonio Iglesias, uno de los grandes hombres de la política granadina y andaluza, de talante liberal, dialogante, uno de los grandes hombres olvidados, como otros muchos que dieron la cara y algo más por la democracia.
Club Larra. Sostiene Terriente que para entender la transición democrática en Granada hay que tener como referencia el Club Larra y su intensa actividad. Fue fundamental, como lo fue uno de sus principales promotores, Jerónimo Páez. El partido estaba detrás; de los fundadores una parte importante eran comunistas como Paco Portillo, Rafael Fernández Píñar, Eduardo Castro, Justo Navarro.... El objetivo estaba claro; implicar a todo el mundo en la lucha por la libertad y la democracia. Creo que el Club Larra fue el producto de una convergencia de una derecha progresista, como Jiménez Blanco y otros claramente situados en la izquierda.
Se llevaban bien con la UCD, pero no con los socialistas. Respecto a los socialistas, pese a viejos contenciosos históricos y algunos conflictos puntuales, logramos alcanzar importantísimos acuerdos como las Candidaturas para un Senado Democrático (1977) y los Acuerdos Municipales de 1979. Creo que a ello ayudó una buena relación personal entre ambas direcciones.
La convulsión, tensiones y crisis en el PC granadino hizo tambalear las estructuras comunistas. Una vida tumultuosa. Minorías que se imponen a las mayorías. Pesaban mucho las raíces campesinas del partido, las células cerradas, y luego estaba la necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos. Y mucha discusión, mucho debate. Ciento setenta y dos horas debatiendo en la primera o segunda crisis, que ya no recuerdo, pero sí el potencial intelectual y profesional de algunos oponentes prosoviéticos en aquellos debates, muy estimables. Renovadores, eurocomunistas, campesinos, obreros, intelectuales, históricos, amigos, con lazos perdurables como Paco Portillo, Fernández Píñar, ya fallecido, José Luis Insausti, el Abuelito de Maracena, Pepe Cid de la Rosa y tantos otros que harían la lista interminable. Nombres y recuerdos que Javier Terriente fue almacenando en su memoria y de los que, aunque quisiera, no puede huir. |
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