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04 de octubre de 2011 |
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Antonio Ramos Espejo |
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Antonio Jiménez Blanco: Un abogado de provincias |
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Hombre fundamental para entender los entresijos de la transición de Granada. Su despacho fue una rebotica. Antes de que Suárez le tendiera la mano a los comunistas, JB ya había construido puentes lo mismo como abogado defensor de presos y políticos represaliados, que creando plataformas para la oposición política. Estratega, hábil y de fácil oratoria saltó a Madrid, donde fue portavoz del Senado, después del Congreso hasta que presidió el Consejo de Estado. En su camino vivió días de gloria y bebió también el trago amargo del 28-F. Para un niño que venía de la guerra haber llegado a un régimen de libertades ya era suficiente.
Antonio Jiménez Blanco no deja de repetir que fue demasiado para un abogado de provincias ahora que vive en Madrid repasando sus memorias de un niño de la guerra. Vivió intensamente la transición. Dice que Fernando Abril Martorell, vicepresidente del Gobierno de Súarez, le decía: Emite o recibe. Dos palabras claves que para el portavoz de la UCD, que lo había sido ya del Senado, y medía entonces sus fuerzas con Alfonso Guerra, portavoz del grupo socialista, significaba: Si es emite, es que te pongas a hablar indefinidamente hasta que aquello se agote. Si es recibe, es que te calles. Fueron días inolvidables. El abogado granadino contaba con la ventaja de su oratoria barroca y una capacidad negociadora, mezcla de tratante de la Vega y letrado de la Plaza Nueva, que le valió ser uno de los grandes pasteleros de UCD término acuñado por el propio partido ante el cúmulo de asuntos que se solventaban entre bambalinas y reboticas. Ahí se movía Jiménez o JB como pez en el agua.
De condición binaria. No se cansa de hablar de su largo recorrido. Siempre fue JB un personaje binario, con sentimientos entre dos aguas, haciendo combinaciones para lograr la síntesis de su personalidad. Así, nació en Granada (1924), la guerra lo traumatizó, y Sevilla, adonde se desplaza la familia por asuntos de negocios, le da la cobertura del colegio de los jesuitas, compartiendo pupitres de otros grandes pasteleros que encontraría más tarde en su camino: Antonio Fontán, en un curso superior; Manuel Clavero, en uno inferior. Y el granadino, en el centro, siempre en su estado natural. La Universidad Hispalense le abre también los horizontes políticos a la sombra del profesor Manuel Jiménez Fernández, que era democristiano en la clandestinidad y emitía mensajes que servían lo mismo para los futuros líderes de la izquierda que para los del centro. Y ahí estaba también JB. Con ese poso de inquietudes, al joven abogado le urge, primun vivere, montar despacho en Gra-nada: Yo no pertenecía a los clanes granadinos. Nunca pertenecí a esa clase dominante de Granada. Aunque le cuesta más trabajo partir de cero, abrirse un hueco entre aquellos grandes despachos influyentes, el suyo se va haciendo notar. Tiene dos claves para crecer: se dedica a temas más humanos, como la defensa de matrimonios en vías de separación, y a temas más crematísticos, como la asesoría de inversiones extranjeras (participa en la creación de Cetursa, Sierra Nevada). Cuando llegan los años más cercanos a la caída de la dictadura, el despacho de JB es ya uno de los grandes de Granada. Había formado tándem con el joven abogado Jerónimo Páez, aunque cada uno está en su despacho, repartiendo asuntos, papeles e influencias. Entonces en Granada, dice el veterano político, había tres pilares de oposición: la Iglesia de los jesuitas del padre Castillo, los jóvenes comunistas y revolucionarios de la Universidad y los despachos de abogados. Las primeras detenciones, las primeras palizas las sufrieron obreros y estudiantes comunistas. Recuerdo que se descubrió una carta comprometedora y se detuvo a un comunista de Maracena. El padre Castillo se responsabilizó de aquel escrito. Yo exigí entonces en Comisaría que se dejara libre a aquel hombre. Y me dijeron, cómo eran las cosas, que le permiteran estar dos días más hasta que se le quitaran las señales. Las señales de la paliza que le habían dado, recuerda el abogado defensor de muchas víctimas de aquella brutal represión. De todos aquellos hombres y mujeres, destaca la personalidad de Paco Portillo.
No olvida JB aquella palabras de Leonardo, su portero: Don Antonio, y aquí en Granada, ¿para qué queremos la libertad?. Entonces a todos nos ponían la cruz de comunistas.
El Poncio represor de turno. La represión fue aún más dura en esta tierra. En El Decreto-ley de 26 de agosto de 1975, conocido como el del Antiterrorismo, se promulgaban unas condiciones durísimas, que afectan muy directamente en Granada: Se trataba de aterrorizar, de asustar y de tener al personal dominado ... Pero en algunas provincias, o por lo menos, en la de Granada, la interpretación por el Poncio de turno de su facultad de enchiquerar y aislar diez días a presuntos terroristas se convirtió en una verdadera tragedia, que estoy cierto que horrorizó hasta a los que él creía más afines. Trescientos presuntos terroristas, más o menos, en-contró en la pacífica Granada en los meses finales del 75 y primeros del 76 el inolvidable gobernador de entonces
Jiménez fue una de los promotores del homenaje a Lorca, del primer cinco a las cinco, cuyo programa fue a presentar a Barcelona con Jerónimo Páez y Juan Carlos Rodríguez, con Manuel Jiménez de Parga, que les sirvió de embajador en el Ateneo: Creo que aquel homenaje, que reunió a más de doce mil personas en la plaza del pueblo, en un día radiante de la vega en flor, significó la puesta de largo de toda la oposición democrática granadina de entonces, lo que hoy puede parecer poco y quizá lo era, pero que llevaba muchos años trabajando o existiendo al menos, aunque dispersa, y que, por fin, encontraba una historia en la que todos convergían, hasta sin matices. Su alianza profesional y amistosa con Jerónimo, vista desde la perspectiva de hoy, representó una gran plataforma política. Antonio ya era presidente del Centro Artístico y, junto con su colega, funda el Club Larra. En el primero, JB llevaba a hablar a políticos que requerían un público, que se resistía a acudir a otros parlamentos. Y así llevó a Fraga, Clavero... Mientras que el Club Larra estaba más enfocado para las nuevas voces de la izquierda, a coro con socialdemócrtas, liberales, democristianos... Daba la impresión de que nos distribuimos los papeles. Pero sí sé que Jerónimo me dijo: tu sitio es la UCD. De algún modo, aunque no lo hablamos teníamos distribuimos los papeles.
Liberal con falangista. De entre la sopa de siglas que conformarían la UCD y, a su vez, de entre las familias liberales, JB se va con Ignacio Camuñas. ¿Y por qué? Otra vez entra ese juego de dos: la cuota andaluza de los liberales de Antonio Garrigues Walker está cubierta con Antonio Fontán y Soledad Becerril; decide entonces, optar por los de Camuñas, con los que se convertirá en un buen cabeza de serie. Así cuando llegan las primeras elecciones democráticas, JB ya tiene ganada su posición. En Granada, había una serie de notables que abrigaban la aspiración de encabezar la lista de Adolfo Suárez. Se había pensado en los falangistas: Pero en Granada aquello no era posible, con los falangistas Baldomero Moreno, que era una gran persona, Sebastián Pérez Linares... Pero Granada no era Segovia. Quién me iba a decir a mí, que tendría de presidente del partido al mismo que seis meses antes había sido secretario general del Movimiento. Vamos, que me lo dicen meses antes y no sé, creo que no hubiera ido. La fórmula de Suárez salió bien. Pero Granada era otra cosa.. Y tan diferente era Granada que había, es lo cierto, mucho donde escoger e incluso con alguna baza oculta para poner orden en la disputa por la cabeza de serie. Estaban el abogado Luis Angulo Montes, Miguel Olmedo, Arturo Moya Moreno... JB había movido con habilidad la transición en Granada, había facilitado el punto de encuentro entre comunistas y centristas: Fíjate que esa obra sería finalmente la mejor que le sale a Suárez con la legalización del PCE y luego los Pactos de la Moncloa. Ante ese panorama yo pienso que debo encabezar la lista al Congreso. Creíamos que Luis Angulo, que es un magnífico abogado, una cabeza excepcional, no representaba ese aire de renovación. Él venía de los democristianos de la UDE de Alfonso Osorio. Así lo veía también Miguel Olmedo, otro hombre extraordinario. Pero aparece Federico Mayor Zaragoza, que traía de Madrid un poder para hacer la lista. Él era el cabeza. Yo le firme en blanco para que hiciera la lista; pero con la condición de que yo me retiraba a la lista del Senado. No es vanidad; pero o iba el primero al Congreso o no iba. Y así se hizo la lista. Quedó Luis Angulo desplazado; pero luego fue compensado, como había prometido Suárez, que lo nombró senador real.
Pero quedaba la lista del Senado. En lugar de tres candidatos, la UCD presentó cuatro. Un caso verdaderamente extraño. En alguna provincia más también lo hicieron así. Pero en Granada fue un descalabro: El caso es que Federico lo decidió con los cuatro nombres. Desde luego yo quería que fuera Rafael Bellvís porque era de mi partido. También quería Federico Mayor que fuera Moréu Mirasol. Y estaba Miguel Olmedo, abogado del Estado. Cuando enviaron las papeletas de Madrid, sólo se marcaron tres nombres con cruces. Se dejó fuera a Bellvís. No se supo por qué razón ocurrió así.. El caso fue que sólo salio JB de senador.: Fue realmente desagradable. Yo era muy amigo de Miguel Olmedo. Pero aquello, ciertamente quedó mal. No terminó bien. Miguel quedó muy dolido. Moreu se lo tomó de otra manera. De aquel extraño proceso dice que comprendió entonces aquella frase atribuida a Adenauer sobre los tres enemigos del alma: El mundo, el demonio, y los correligionarios a la hora de hacer las listas.
Un alto precio. Después hubo que enfrascarse en la campaña y vivir aquel episodio desagradable del viaje de Adolfo Suárez: Llegamos al aeropuerto y nos enteramos que había un grupo de Fuerza Nueva esperándonos en el café Suizo para dar la bronca. Yo le había dicho al coronel de la Guardia Civil de Atarfe que controlara la situación. Además le había pedido a Paco Portillo que me limpiara aquello. Del aeropuerto nos fuimos a Santa Fe. Hombre, fuimos a probar los piononos, pero en realidad nos fuimos allí a pensar sobre la situación antes de seguir a Atarfe donde la UGT nos formó la encerrona. Pero de todo aquel lío sacamos partido. Aquellas imágenes de violencia, ya me lo había comentado Pérez Llorca, sirvieron para repetirlas en la tele. Yo creo que en el ámbito estatal nos favoreció en un par de diputados. Así se escribe la historia. Sin duda que su peor trago político lo vivió con motivo del referéndum andaluz del 28-F.: Aquello se planteó muy mal. Nosotros pagamos un alto precio. Fue un error gravísimo. Nunca pensamos que se podía perder. Ésa es la realidad. Creíamos que era imposible superar la mayoría del censo. Visto desde hoy aquello fue la consecuencia del descalabro de UCD. Tengo que decir que yo siempre hablaba de una sola autonomía, pero sin que fuera estrictamente sevillana. Ahora hay quienes me dicen qué razón tenías... Lo hecho, hecho está.....
Ya presidente del Consejo de Estado, el día del 23-F se fue al Congreso de los Diputados a entrar voluntariamente en el recinto tomado por el golpista Tejero; lo mismo que hizo el diputado José Vida Soria. Fue el gesto admirable de dos políticos granadinos. Al Consejo se lleva a Antonio, su peluquero de Granada, de mayordomo, y a su mujer, ambos anarquistas, que habían estado condenados a muerte. Su vida está llena de gestos, de estrategias y recuerdos que ha plasmado en su obra Los niños de la guerra ya somos viejos. Cuando nos contaba su historia de la transición sonó el bombazo de ETA casi enfrente de su casa. Creyó que era una traca de la afición madridista y siguió hablando hasta que vimos la gran humareda del atentado: La libertad sigue estando en juego con estos cabrones. Porque para un abogado de provincias y un niño que venía de la guerra ya era mucho soñar. |
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