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04 de octubre de 2011 |
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Antonio Ramos Espejo |
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José Vida Soria: El catedrático que dio la cara |
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Quince años entre Madrid y Salamanca casi lo dieron por perdido. Ni la memoria ni las raíces olvidan. Ya catedrático de Derecho del Trabajo, José Vida Soria volvió a su Granada. En aquella coctelera ideológica que fue el colegio mayor de posgraduados del SEU en Madrid, del que fue residente y rector, el profesor granadino se consolidó ideológicamente de izquierdas y no olvida las palabras de Jaime García Añoveros sobre aquel ambiente de la dictadura, que se abría ya a borbotones hacia otros caminos: Aquí hemos logrado construir un sitio en que conviven gente que se ha sentado en el Banco azul de las Cortes, con gente que se ha sentado en el banquillo de los acusados.... Desde entonces, aunque sin militancia, fue socialista en la línea de Pablo Castellano. Al llegar a su ciudad, en un ambiente de escasa militancia socialista, Pepe Vida no volvía a las raíces con cuerpos extraños. En su casa ya había aprendido las primeras y más sólidas lecciones, esos aprendizajes que marcan para toda la vida: Viví siempre en un ambiente familiar liberal, progresista, dominado, complacientemente por mi parte, por la manera escéptica de ver las cosas de mi padre de izquierda republicana y por su manera de ver los varios y contradictorios puntos de vista de un mismo tema. Dominado también por la figura, algo mítica por lo demás, de mi abuelo, catedrático de Derecho aquí, y cofundador o miembro muy temprano de la Institución Libre de Enseñanza, parte de cuya inmensa biblioteca aún tengo y uso. En la carrera siempre me interesé por todos los temas, sociales y culturales -después políticos-, y los cogí donde los encontré: en el SEU, en los Jesuitas, con mis propios amigos, en mi casa....; pero no fui activo organizado nunca en esa época. No tengo traumas escolares, que tan socorridos, e incluso rentables, son aún ahora, aunque sí tenía una visión critica muy nítida de muchos temas. La influencia de mi padre debió de preservarme de esas terribles cosas que según parece, ocurrían en el colegio, a mi alrededor. Siempre me enfureció la miseria y la injusticia, viniera de donde viniera; ésta es la única vivencia cierta que retengo de aquella época. Después, como él dice, todo fluye con naturalidad. Cuando llega en 1975 a Granada a incorporarse a la cátedra de Derecho del Trabajo, el profesor Vida recala en el PSOE: Al volver, se comunicó a los del PSOE de Granada, que yo llegaría y que se me debía contactar. Pero pasaron más de seis meses sin que nadie me hablara.. Después me enteré, y me consta de primera mano, que esos afiliados al PSOE de Granada, todos universitarios, se negaron a contactar con un catedrático; una de dos: porque no les cabía en la cabeza que eso fuera posible , o ...porque no quisieron por lo que sea ( o por lo que fue). Quien sí conectó fue Juan Tapia y su gente, denominados los históricos...Mi primer carné PSOE fue pues histórico,aunque ya sí conocía a los jóvenes. A todo esto vino de profesor conmigo Jaime Montalvo (hoy presidente del Consejo Económico Social), que era militante en Madrid; eso supuso para mi un buen empujón a efectos de mi afiliación. En el primer congreso del PSOE, reconstituyente y unificador de modernos e históricos, que se celebró en el C.M. Loyola, gracias a los jesuitas, fui elegido secretario general provincial, y Juan Tapia, presidente. Era época de clandestinidad tolerada; de tal modo que al día siguiente salió una página entera de Patria, con la noticia y nuestras fotografías. No pasó nada. En Granada hubo en esa época sólo una detención, que duró un día, y que me consta que fue provocada por quien la sufrió. Duré poquísimo en esa Secretaría General.
Los listos de siempre. Sí que sufrí añade tarascadas de amigos y gente en general, bienpensantes, que se sorprendieron de mi aparición en política por ese lado. También hubo gente de derechas de toda la vida, que me acogió con respeto; e incluso con cariño. Hubo gente que me negó el saludo.. (Sonríe). Retengo una anécdota con pesadumbre: un conspicuo abogado, muy amigo mío y a quien yo apreciaba mucho, me dijo un día: Pepe, yo es que, a pesar de todo, te quiero mucho. También hubo amiguísimos de los años anteriores, que pusieron sus distancias a partir de entonces...las mismas que habían puesto algunos socialistas modernos. En la Universidad hubo respeto absoluto para conmigo; aunque las actitudes fueron idénticas, pero en ese ambiente. Sí hubo una cosa clara: yo era muy consciente de que en la Universidad de Granada no había nadie de mi status, que diera la cara. Siempre me pareció inadmisible esa famosa actitud de los listos de siempre, que hacían ostentación de la preservación de su libertad y lo denigrante que era para su nivel intelectual pertenecer a un partido. Y uno de las más importantes impulsos que me llevaron a la afiliación fue esa necesidad de dar la cara; quizás porque nunca me ha gustado ser neutral.
Besar el Santo. Pero también es verdad que fue llegar y besar el santo. José Vida Soria era el pro-hombre de los socialistas de Granada, al menos visto desde fuera. En las primeras elecciones democráticas forma parte de la candidatura unitaria de la izquierda al Senado, y logra escaño junto a sus dos compañeros de lista: Juan López Martos y Nicolás de Benito. Hoy, con la vista en el pasado, se siente satisfecho de haber contribuido directamente en la redacción de la Constitución y, desde la oposición, en la elaboración del Estatuto de los Trabajadores. Recuerda especialmente aquel final del golpe de Estado de Tejero. Pepe Vida y Jiménez Blanco entraron voluntariamente en el hemiciclo cuando el Congreso ya estaba tomado. Y en un plano más cercano, conserva en la retina aquellos primeros encuentros con el pueblo. Hombre escéptico por naturaleza y exigente consigo mismo, cree que la transición nuestra no fue época de líderes. El profesor y político ha sido mucha cosas, senador y diputado, fue rector de la Universidad de Granada y hasta participó en la etapa fundacional del Diario de Granada (1982), como presidente del Consejo de Administración. Su nombre sonaba insistentemente para ocupar una cartera ministerial; pero confiesa que nunca se lo creyó ni lo intentó, porque además, secretos del alma, sabía que no lo sería: Hay pruebas muy contundentes al respecto.
Está claro que hice una carrera política de medio camino. Nunca pretendí otra cosa. Y fui consciente de ello. Me he ido de los cargos que he ocupado cuando yo he creído que ya había acabado. Haciendo bueno algo que todo el mundo dice y que nadie cree: que nadie es imprescindible. Parece que en política eso no es verdad. Nunca me aparté de mi camino: que era la Universidad; y ahí sigo caminando, manifiesta reafirmando su condición académica. Quizá en ese medio camino se encontraba la alcaldía de Granada. Ésa ha sido un experiencia reciente y, además de las de pasar página, con su candidatura, junto a la de José Moratalla y María Izquierdo con la fórmula de las primarias para elegir al candidato. Una experiencia amarga, frustrante: Aquellas primarias ya mostraron que la transición había terminado hacía mucho tiempo; y que estábamos en pleno período de normalización democrática, en el peor de los sentidos; es decir: en el período en que uno mismo es el peor enemigo de su libertad. Y eso no es nada interesante, ni motivador.
Normalización. Al día de hoy mira la transición como el paso de un régimen a otro en el que se superó un trauma social muy grande. La transición fue normalización antes que ninguna otra cosa. Ahora le preocupan los impactos negativos de la nueva revolución tecnológica, el dominio de los poderosos y el desconcierto de los condenados-. Habrá que esperar a una reacción ante estos nuevos fenómenos. Cree que se han desmoronado muchas ilusiones, que la derecha avanza ya sin careta Y con eso se están debilitando las libertades; aquello que parecía que se había consolidado en la transición. Y como en todo el mundo, las desigualdades crecen, y aunque no lo parezca, la pobreza crece también...., aunque esa pobreza vaya en coche. No digamos aquello que creíamos que eran las bases de todo: la solidaridad, el sentido de lo colectivo, el bienestar colectivo.... Un nuevo panorama ante el que habrá que hacer más de dos o más de tres modernizaciones, o en todo caso, otra transición o las que hagan falta para que el personal vuelva a soñar, a sonreír, a necesitar a tipos como este granadino escéptico que, llegado su momento, dio la cara por un compromiso. |
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