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11 de octubre de 2011 |
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Juan José Téllez |
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Rafael Román: "Me encargaron que levantara la UGT, pero yo no era sindicalista" |
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En su despacho de la Diputación de Cádiz, Rafael Román bromea hoy con su relativo parecido físico a Francisco Franco: Franquito le llaman algunos y así le puso por nombre a un pájaro que le obsequiaron y que conservó durante cierto tiempo en estas oficinas del antiguo Palacio de la Aduana. Eso sí, tuvo humor suficiente como para disfrazarse del autodenominado Caudillo durante unos recientes carnavales. Pero, ahí se acaban los parecidos. Román, desde luego, fue uno de los pocos gaditanos que militaron abiertamente en el antifranquismo, aunque no quiera blasonar de heroísmo alguno: Me gustaría destacar lo extremadamente minoritario que era el movimiento político de oposición. Si se reunieran las declaraciones de todo el mundo que estuvo allí, no cabríamos en España. Equivalente al número de compañeros que tuvo Felipe González en clase, mientras estuvo en el Gobierno, claro...
PREGUNTA: ¿Cuándo decide usted optar por la política antifranquista y la militancia en el PSOE? RESPUESTA: Contra el franquismo, estuve desde mis tiempos de estudiante.
P.: Pero su familia no era precisamente de extrema izquierda. R.: Eso no viene al caso (risas). En mi tiempo de estudiante en Salamanca participo en tertulias sobre la historia del socialismo y, de hecho, analicé tan profundamente la Revolución Rusa, que soy capaz de echar una porra con cualquiera, hoy día. Hacíamos grupos de discusión ideológica, pero la verdad es que no conocía todavía a nadie del PSOE. Más bien conocía a alguna gente del Partido Comunista y gente más a la izquierda. Y conviví con algún grupo de amigos que tenía también ideología trotskista, pero no me afilié nunca a ningún partido. Al PSOE me afilio en Cádiz, con Alfonso Perales. A partir de ese momento, siempre he formado parte del sector centrista del partido socialista. Entendí desde el principio los postulados de Felipe González, su interpretación de la ruptura democrática y lo que significaba ocupar espacios de libertad. Yo también soy un gran pragmático, o al menos creo que lo soy, y creía que esos eran los postulados que teníamos que asumir. Cuando el juicio de Burgos, yo participé en un encierro en la iglesia de la Clerecía, en la iglesia de los jesuitas de Salamanca, con un grupo de estudiantes vascos y de otras nacionalidades españolas. Yo tenía varios amigos vascos, aguantamos allí desde la mañana a la tarde. En un momento determinado, los jesuitas, a traición, abrieron la puerta de la iglesia y entró la policía, que nos dijo que teníamos dos opciones, o salir todos presos, o salir todos por nuestro propio pie. Y yo ya fui de los partidarios de salir por nuestro propio pie. En la puerta, nos aplaudieron varios cientos de personas. Es decir, en fin, yo soy radical en mis planteamientos pero no soy radical en las soluciones. Ésa fue mi primera actuación política destacada que recuerdo y fui del sector mayoritario.
P.: Durante la clandestinidad, ¿no existía acaso desconexión entre los diferentes núcleos del PSOE en la provincia de Cádiz?. R.: Está claro que la costa noroeste y el Marco de Jerez eran unas zonas donde el PCE tenía fuerza. Eso se notó en las elecciones y al partido socialista le costó mucho trabajo entrar en el Marco de Jerez. El Campo de Gibraltar, siempre dependiente de la dirección de Cádiz, tenía su propio referente y el PSOE siempre tuvo, allí, un eco electoral importante. Y nuestra mayor zona de dificultad ha sido la zona industrial de Cádiz, porque aquí había una fuerza sindical que distorsionaba la correlación política entre UGT y PSOE. Esa fuerza sindical era USO, que era mayoritaria en Jerez y en la Bahía de Cádiz. Y USO jugaba de una manera extraña. En un sitio favoreció al PSA, en otro sitio podía tener una cierta tendencia a la abstención, como en determinados periodos en Jerez. Era una fuerza sindical muy potente, pero políticamente no estaba alineada. Ese elemnto distorsionó la correlación política normal de una UGT fuerte que respondiera al partido socialista.
P.: Pero la resurreción de la UGT en la Bahía fue pareja a la del PSOE. R.: Naturalmente. A mí me encargaron que levantara a la UGT en la provincia. Y me dediqué a eso, pero yo no era sindicalista ni había trabajado nunca en el mundo sindical. Hice mi función lo mejor que pude y realmente articulé en el conjunto de la provincia a la UGT. P.: Para ello, ¿se relacionó usted con viejos sindicalistas o, antes bien, partió de cero?. R.: En Cádiz, quedaban algunos antiguos vascos que habían sido de la UGT, pero ellos no tenían muchas ganas de trabajar; ellos tenían ganas de recordar y, además, era lógico. La UGT, como todo, parte desde cero, con gente joven que empieza a funcionar en los distintos sindicatos. A mí, cuando me decían sindicato de rama, yo decía ¿eso qué es?. No tenía ni idea de lo que era el movimiento sindical, como los de los restantes sindicatos que venían de la cantera del Vertical. Nosotros llegamos al sindicalismo tarde y donde llegamos demasiado tarde como en Jerez nos costó mucho levantar el vuelo. En Cádiz, nos costó menos porque era un grupo de dirigentes muy introducidos en la ciudad y pudimos movernos. En aquellas poblaciones donde UGT se instaló rápidamente, el partido también tuvo un crecimiento vertiginoso.
P.: ¿Qué recuerda usted de la clandestinidad sindical? R.: En la clandestinidad, hicimos acciones, reuniones, pero yo no tengo una visión demasiado heroica de nuestro comportamiento. A mí me detuvieron varias veces, unas veces pegando carteles, otras porque nos llevaban a comisaría, otras por el llamamiento a la huelga general y, la más tardía, cuando el acto de la amnistía en San Felipe Neri. Yo no daría una visión demasiado trágica de aquello. Éramos conscientes y la policía era consciente de lo que venía y de que nosotros representábamos lo que representaba la socialdemocracia. Y ellos sabían que era cuestión de tiempo nuestra legalización e incluso hacernos cargo del país. Yo creo que hasta eso lo sabía el inspector Charro y los demás que se encargaban de interrogarnos. Recuerdo un interrogatorio que luego reproduje delante del juez: ¿declara usted ser liberal? Sí, sí, soy liberal. Entre el que preguntaba y el que respondía, los dos sabíamos que mentíamos. Nos tolerábamos la mentira. A mí me interrogaba Charro y me preguntaba ¿usted es socialista? No, no, yo soy liberal, mis ideas siempre han sido liberales... Muy bien, muy bien... Otro día: Le vamos hacer a usted responsable de la huelga general. Mire usted, que yo no tengo ninguna responsabilidad, eso será la gente que está por ahí repartiendo octavillas. Yo siempre eludía mi responsabilidad. No sé, me estoy poniendo como un antihéroe, pero siempre he pensado que es tonto darle armas al enemigo, así que no reconocía la paternidad de ninguna acción ilegal, como creo que era mi obligación.
P.: ¿Hubo cierta tolerancia en Cádiz hacia la UGT y el PSOE en la última etapa de clandestinidad? R.: FETE-UGT celebró un congreso aquí. Y el PSOE de Andalucía hizo una asamblea, y fue tolerada. Cartas iban y venían con el ministro de Gobernación y conseguimos la tolerancia para ese congreso. Ya estaban indicando el marco de relaciones, donde la duda, como usted sabe, era si se legalizaba el segmento comunista, pero el segmento socialdemócrata homologable con Willy Brandt y Olof Palme tenía que ser legalizado. La asamblea socialista se celebró en 1976, en el Colegio Médico, y la propició Jaime Pérez Llorca. También Felipe González vino a dar una conferencia a San Felipe, con anterioridad a la legalización del partido.
P.: ¿Cómo fue la clandestinidad política? R.: Yo formaba parte de la Mesa Democrática. Yo participaba tanto en la de Cádiz como en la de Jerez. La de aquí, normalmente, se reunía en los bajos de San Felipe Neri. Nunca agradeceremos tanto a Chaminade la labor que hizo entonces. Yo iba al principio como independiente, pero cuando se hizo la Platajunta, yo participé como representante provincial de la UGT. Iba Horacio Lara por CC OO, Manolo Gitano por el PCE, me parece, y Coco Blanco, por el PSOE. Hicimos un manifiesto. A saber la repercusión que podía tener: hacíamos mil ejemplares, los tirábamos en cualquier sitio y ya puede suponer el impacto que podía tener en la opinión pública. Servía para que gente que se movía estuviera informada pero la mayor parte de la población estaba totalmente alejada de nuestros movimientos conspiratorios. La población no participaba para nada en esto. Nos llegaban unos papeles muy bonitos, impresos en Suecia, con un diseño desconocido totalmente en estos lares, con unas banderitas muy bonitas desplegadas... También llegaba El Socialista, el boletín de la UGT alguna vez... Pero la mayor parte de la población vivía ajena a aquello. Cuando nosotros llamamos a la gente a que no fuera al referéndum de la Reforma, la gente, muy inteligentemente, no nos hizo caso y fue por el camino del gradualismo hacia el cambio político.
P.: Sin embargo, el acto pro amnistía en la capital gaditana resultó muy concurrido. R.: Pero era ya muy tardío, en el 76. Recuerdo que a Pérez Llorca lo querían encarcelar solamente por haberle dicho a los policías que nos detenían que parecían marcianos con los cascos de antidisturbios. Lo perseguían a él con especial saña, porque decían que los insultaba. Fue un acto muy bonito pero, en fin, creo que sólo fueron 24 horas lo que tardó en promulgarse la amnistía. Seguramente al ser informado el Rey de nuestro acto, se declaró inmediatamente la amnistía.
P.: ¿Es verdad que le ofrecieron al democristiano José Ramón Pérez Díaz Alersi ser liberado y él se negó? R.: Sí. Todos permanecimos en un cuartito con una reja toda la noche. Y de ahí pasamos al juzgado directamente. El juez nos liberó sin cargos. Y, luego, en un bar americano que había enfrente lo celebramos. Recuerdo que estaba Manolo Verano, de CC OO del Campo. Fue una noche agradable. Charlábamos e íbamos pasando por el interrogatorio del Charro, que nos preguntaba por qué habíamos organizado aquello, cuáles eran las motivaciones que nos llevaban a organizarlo y cuál era nuestra ideología.
P.: Así las cosas, las elecciones generales de 1977 supusieron una sorpresa enorme para el PSOE, que no pensó nunca en lograr tan buenos resultados. En aquellas elecciones del 77, Luis Yáñez tenía interés en presentarse por Cádiz, pero los socialistas gaditanos propusieron que el cabeza de lista fuera Manuel Chaves. R.: La familia Yáñez tenía en Cádiz una fijación especial porque el jefe de la Guardia de Asalto de Cádiz, el capitán Yáñez, era una persona muy especial, muy guapa y muy querida por la familia. Concurrió la circunstancia de que fue encarcelado el 18 de julio, siendo ejecutado aquí. Recientemente, Luis, después de tantos años, ha podido rememorar con toda su familia lo que fueron los últimos días de la vida de su tío. Estuvieron en el Castillo de San Sebastián, donde fue fusilado, y en el de Santa Catalina, donde estuvo preso, pero con varios personajes que tuvieron participación muy pasiva, casi obligada, en todo aquello. Eran los guardias que estuvieron de servicio aquel día en la puerta. El teniente coronel de la Guardia Civil preparó la visita, a petición mía, y todos tuvieron el valor de sobreponerse a la tragedia varias decenas de años después. Pero aquella tragedia marcó a la familia. Yo, ahora, comprendo el interés de Yáñez por haber encabezado la lista del PSOE en Cádiz, pero ninguno de los militantes de entonces, pipiolos dirigentes del partido, teníamos nada en contra de Yáñez. Sencillamente, así, a bote pronto, nos caía mejor Manuel Chaves y optamos por él, sin desmerecimiento de Yáñez. Con Chaves, habíamos participado, y ese fue quizá el motivo fundamental de nuestra elección, en aquel primer congreso de la FETE que se hizo aquí en Cádiz. Nosotros siempre hemos sido problemáticos en el partido. Nunca hemos sido una cosa sencilla y la verdad es que ahí se crearon varias corrientes, entre la gente de Madrid y la gente de Andalucía. Me parece que nosotros estábamos con los de Madrid, el grupo de Gómez Llorente y el de Daniel Pérez Galán y algunos más, porque quizá verbalizábamos más la radicalidad, como diríamos hoy. Y tuvimos un cierto enfrentamiento con Chaves en ese congreso. Entonces, en parte por mala conciencia y en parte por amistad, optamos porque fuera Manolo Chaves el candidato por Cádiz. Además, fue una opinión muy compartida por todo el mundo.
P.: Después de las elecciones del 77, los políticos demócratas tuvieron que convivir durante cierto tiempo con los que aún representaban a estructuras franquistas en la provincia. R.: Después de las elecciones generales del 77, los cargos del franquismo, en general los que no eran ultras, tuvieron un comportamiento bastante elegante. Yo recuerdo una entrevista en este mismo despacho con Barbadillo, que era presidente de la Diputación. Y había un interregno de dos años entre las elecciones democráticas que daban una representación y las municipales, que fueron en el 79. Acudimos los de la dirección del partido a decirle que había una nueva circunstancia política y que él tenía que ser susceptible, abierto, a la nueva realidad. El nos manifestó que, por supuesto, que él sabía también lo que venía, que venía la democracia, que ya estábamos en proceso y que su papel era de transición. Y en la medida que él pudo, facilitó las cosas. Lo mismo que en otras circunstancias, cuando convocamos la huelga de hostelería del 77, recuerdo las conversaciones que teníamos con el gobernador civil, que eran kafkianas. Recuerdo su presencia insólita en una asamblea de trabajadores, en el sindicato. Creo que ha sido la primera y última vez que algo así ha sucedido en este país.
P.: Con posterioridad, usted fue designado como consejero de Cultura en la junta pre autonómica. Y su primera conferencia de prensa tuvo lugar el 23 de febrero de 1981. Pero no fue nadie a cubrirla. R.: Fueron algunos periodistas, pero muy pocos. Durante esa rueda de prensa se produjo el golpe de Estado del 23-F. La Junta de Andalucía entonces era muy poquita cosa. Era mi presentación como consejero de Cultura, cuando sustituí a Vallejo. Me llamaron por teléfono, me dijeron si quería ser consejero y dije inmediatamente que sí. Yo había sido, muy recientemente, nombrado senador y todavía lo era, aunque dimití como secretario general de la UGT de Cádiz al ser nombrado consejero. Ese día, el 23 de febrero, lo recuerdo perfectamente y me gustaría coincidir con los dos guardias civiles que estuvieron conmigo toda la noche. Durante muchas horas, estuvimos allí un chico de Cádiz, que era Rafael Parrilla, y yo mismo, esperando a ver qué pasaba. Rodríguez de la Borbolla se fue a guardar los archivos del partido. Ojeda creo que estaba con el que dicen que estaba alcoholizado, el teniente general Merry Gordon. Y con el delegado del Gobierno, que había sido gobernador civil de Cádiz, el emérito diplomático Sanz Pastor. Yo me quedé allí toda la noche solo, hasta bien entrada la mañana, en el Pabellón Real. Los dos guardias civiles, Parrilla y yo. Por allí, llegó Tomás Iglesias con algunos del PTE. Había gente que llamaba por teléfono y preguntaba cuál era la situación de la Junta de Andalucía y yo respondía: Mire usted, yo estoy aquí solo y no me atrevo a convocar la huelga general revolucionaria yo solo, sinceramente. Yo estaba con los guardias civiles y no sabía si me iban a fusilar allí mismo en cumplimiento de la nueva legalidad o iban a respetar la legalidad anterior. No hablábamos entre nosotros. Mirábamos la televisión juntos hasta el discurso real. Luego, la cosa se fue tranquilizando y llegaron las tropas de refuerzo por la mañana. Ya todo se puso muy constitucional por la mañana.
P.: Rafael Escuredo cuenta que estaba visitando la sierra de Cádiz cuando se produjo el Golpe y un guardia civil le abordó, cuandrándose a la voz de Sin novedad en el pueblo. R.: Creo que la reacción lógica de un cargo público, un día de esa naturaleza, es la de defender la institución a la que representas.
P.: La Junta pre autonómica se constituyó en Cádiz, en el Palacio Provincial, en 1978, pero la autonómica de 1982 se proclamó directamente en Sevilla. R.: Ya no salió de Sevilla. Y buen cuidado tenían los sevillanos de que no saliera de Sevilla. Se quiso que la capital fuera en Antequera. También, que el Parlamento se pudiera poner en Cádiz por la tradición parlamentaria que tenía.
P.: Aquello, ¿generó un debate en el partido?. R.: No mucho. Bueno, oficialmente, propusimos que un edificio como Valcárcel fuera la sede del Parlamento de Andalucía. Yo lo planteé, pero Rafael Escuredo fue partidario de que el Parlamento y las otras instituciones de la Junta estuvieran en Sevilla. Y entonces se hizo la apertura del Parlamento andaluz en los Reales Alcázares, con mucho calor, sinceramente.
P.: Con el tiempo, vendrían las fusiones. La del PSP con el PSOE. La de USO con UGT. ¿Fueron traumáticas?. R.: Y entre el PSP y el PSA, que habían hecho juntos la campaña del 77, también hubo fricciones. Alejandro Rojas Marcos le quiso quitar la butaca a Esteban Caamaño. Cuando el PSOE se unifica con el PSP, Rojas Marcos le reclama el escaño. Y hubo palabras gruesas entre ellos. El momento del PSP fue el 79. Curiosamente, el PSOE tiene un pronto desfondamiento en ese año y fueron unas elecciones muy malas para nosotros. La fuerza del andalucismo era pujante. Luego, sin embargo, en el 82, la cosa cambió de una manera radical. En el 79, en las municipales, nuestros resultados fueron buenos pero no fueron espléndidos. Ganamos Cádiz, porque el acuerdo entre los partidos de izquierda era que gobernara el primer partido, pero el partido más votado en Cádiz capital fue la UCD. En Jerez, ocurrió algo igual, pero a favor del PSA. Y, en Algeciras, el PCE, como en Sanlúcar. Ésta ha sido una provincia que ha tenido un fraccionamiento político muy destacado, que conserva. No hay más que ver el mapa político de hoy de la Bahía de Cádiz. No ha habido líderes que hayan sido capaces de un arrastre absoluto en toda la provincia. Ha sido una provincia políticamente muy cantonalizada, aunque durante mucho tiempo estuvo articulada por el PSOE. Todas las fusiones tienen problemas y la de UGT con USO también la tuvo porque una parte de USO no se incorporó y continuaron en la acción sindical, con otros nombres o con el mismo. Se incorporó El Puerto de Santa María, la parte que era de influencia de Esteban Caamaño. Recientemente, estuve en la residencia de Alzheimer de San Fernando, con Rodríguez Añino. Añino yo creo que se quedó al margen del proceso. Fue el gran hombre de USO en Astilleros. Pero, a pesar de su padecimiento, me di un gran abrazo con él y recordamos algunas cosas. Me alegró mucho, a pesar del alzheimer. Me dijeron que no iba a tener memoria y la tuvo para cosas recientes y para las del pasado.
P.: Los Pactos de la Moncloa, otro de los hitos de la Transición, tuvieron que sonar aquí a perros muertos. R.: Tuvieron un tremendo impacto laboral en Cádiz, del que todavía no nos hemos repuesto. No se han buscado alternativas. En Jerez, por ejemplo, más allá del sector bodeguero, sólo existe el turismo. En Cádiz, sólo se logró que se instalara la General Motors, como compensación a la reconversión naval. Y en el Campo de Gibraltar, la industrialización de La Línea supuso que muchos empresarios se quedaran con créditos oficiales y después no abrían ninguna fábrica, aunque no ocurrió lo mismo con el complejo petroquímico y otras factorías ubicadas en San Roque, Los Barrios o Algeciras. Los Pactos de la Moncloa nos llevaron a nuestros mayores padecimientos aquí que, como ciudadano y como socialista, han sido los de la reconversión naval. Desde la primera a la última. El desmarcarse respecto a nosotros muchos trabajadores está en la reconversión naval. Cuando vino Rodríguez Zapatero, propicié una reunión con los antiguos jubilados, que se jubilaron en unas condiciones que no fueron respetadas. El contrato que hicieron con el ministerio a la hora de irse y que, luego, Carlos Solchaga se los quitó. |
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