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11 de octubre de 2011 |
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Juan José Téllez |
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Adolfo Sánchez Vázquez: "Hay un cierto olvido con los exiliados" |
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Hay un cierto olvido con los exiliados. En ese aspecto, sí estamos un poco decepcionados los exiliados que sobrevivimos. Reconocemos que hay una España muy distinta, afortunadamente, a la que nosotros conocimos y que en cierto modo lo que el exilio mantuvo en alto, en cierto modo se ha realizado a nivel de la democracia, de las libertades, en la nueva España, en la España surgida en la Transición.
Adolfo Sánchez Vázquez (Algeciras, 1915) quizá sea el último de ellos. Por lo menos, de entre los gaditanos. Catedrático de Estética en la UNAM, en el México que escogió como lugar de destierro, 52 años atrás, pasa por ser uno de los principales filósofos del siglo XX y uno de los renovadores del pensamiento marxista: El exiliado siempre es una especie de esquizofrénico, que está partido en dos. Pur un lado, tiene la mirada puesta en el país del que procede y, por otro lado, su vida diaria, cotidiana, sus intereses, están en el país que pisa. Pero ese dualismo nunca desaparece. Sobre todo, en los primeros años, eso era obvio. Los primeros años, todos estábamos con la ilusión de volver, pensando que la vuelta estaba próxima. Eso duró incluso diez o quince años. Incluso se pueden contar anécdotas. Al principio, cuando un exiliado se compraba algo, aunque no fuera un bien caro, o por el simple hecho de mandar a sus hijos a la Universidad, se interpretaba como una especie de deserción, se consideraba que había perdido de vista sus ideales, que ya no quería volver. La gente tenía todavía la mirada puesta en su país. Luego, con el tiempo, se van creando intereses, vienen los hijos, se vincula profesionalmente uno al lugar donde vive y ya, en cierto modo, se va uno integrando.
En México, hay una presencia en el recuerdo del exilio. Es una presencia en el recuerdo, porque el exilio prácticamente ya no existe. Yo soy de los que llegaron jóvenes, con 22 años, pero la gente que llegó con 35, con una cierta madurez, esa desapareció ya. Del exilio, no queda prácticamente ya nada. En México, se recuerda con mucha generosidad y, a diferencia de España, donde realmente por lo que toca a la política oficial, no sólo este gobierno sino anteriores, no ha habido un reconocimiento del exilio. Piense usted que en el año 89, que fue el cincuentenario del exilio del 39, pasó aquí completamente inadvertido y en México hubo una cantidad de actos de todo tipo y por todas partes. La obra del exilio está reconocida en los medios especializados, pero a un nivel general y sobre todo oficial, no, protesta, aunque mencione como excepciones a grupos académicos, especialistas, algunas comunidades autónomas o la exposición que prepara la Fundación Pablo Iglesias, en Madrid, para el próximo 16 de septiembre y en la que él participará con un texto expresamente escrito para la ocasión.
Amigo de dos de sus paisanos más ilustres, el escritor José Luis Cano y el pintor Ramón Puyol, o del profesor Vargas-Machuca, Sánchez Vázquez vuelve de vez en cuando a Cádiz. Homenajeado en su día por la Diputación, Sánchez Vázquez recuerda otro episodio familiar relacionado con esta ciudad: Mi padre era carabinero y fue encarcelado en el castillo de San Sebastián. Le acusaron de rebelión, precisamente por no sumarse a la rebelión de Franco.
De su infancia, apenas guardaba recuerdos. Ni de Algeciras, de donde salió siendo un niño: En aquella época, se decía de forma un poco burlona que la población de Algeciras se dividía en dos, unos contrabandistas y otros carabineros. A mí, me tocó nacer en la parte que perseguía. Salí de Algeciras a una edad que es difícil tener recuerdos. Volví allí en el año 31, teniendo 15 0 16 años. Allí, bajo la influencia de mi tío Alfredo Vázquez, que después murió fusilado por el franquismo, yo recibí diríamos la primera influencia de carácter ideológico. Un poco confusa como era la personalidad de mi tío, entre libertario y marxista. Pero ahí tuve mis primeros contactos ideológicos con una ideología de tipo revolucionario.
La primera vez que yo volví a España fue una visita rápida y prácticamente sin contacto con nadie, porque vine por un motivo familiar, por una tragedia que ocurrió en la familia de mi hermano. Eso fue en el año 72. Prácticamente, conocí entonces a muy poca gente, como Javier Muguerza y Javier Pradera. Eso era en pleno franquismo. Cuando volví, en el año 75 o 76, ya vine con más calma. Me encontré con una España completamente distinta, no sólo por razones políticas, sino con una España que en el terreno sociológico se había modernizado, se había desarrollado aunque todavía con las huellas de los 40 años de franquismo. De todas maneras, también fue una emoción muy fuerte, porque yo vine a España prácticamente después de 38 años de ausencia. Ya mi padre había fallecido y mi madre vivía en Málaga. Ahora, se notan los cambios. Sobre todo, el contraste con los países de América Latina, con los países de donde vengo. Allí hay un nivel de miseria, de pobreza, bastante grande.
El filósofo algecireño lamenta que la política esté subordinada a la economía: Hay un cierto descrédito de la política y sobre todo de la clase política tanto de derechas como de izquierdas. Por una serie de factores, porque incluso cuando la izquierda ha estado en el poder, se ha visto un desajuste entre las palabras y los hechos, entre lo que se promete y lo que se cumple. También, porque los medios de comunicación masivos tienden un tanto a trivializar y a banalizar la política. Y, en parte, porque la política se resuelve bajo la influencia de los medios de comunicación. Sin embargo, yo creo que una verdadera política tiene que reivindicarse porque el terreno para resolver la política sigue siendo el terreno de la política. Lo que no quiere decir que sea la política que hacen los partidos organizados. La política se hace también fuera de los partidos, en la sociedad civil. A la izquierda le corresponde, sobre todo, reivindicar la política. Sobre todo, una verdadera política. Una política que esté impregnada de un contenido moral, no sólo una política puramente pragmática que se mire y se juzgue por la eficiencia. Es el tema que voy a intentar desarrollar en la conferencia de hoy en Cádiz, las relaciones entre moral y política. El contenido moral ha sido un tanto olvidado. Eso explica, por ejemplo, la repercusión que ha tenido el movimiento zapatista. Un país donde la política está muy corrompida como en México, una política como la que están haciendo los zapatistas, con un gran contenido moral, tiene un gran impacto.
Sebastián Guillén, el nombre que se oculta bajo la máscara del subcomandante Marcos, fue alumno suyo: Marcos fue alumno mío, pero no un alumno brillante. Yo sé que él fue alumno mío, no porque le recuerde, sino porque he visto las actas de exámenes de la época y allí aparece con su nombre y con la calificación que yo le di. Él aparece inscrito en un curso que yo di sobre filosofía de Marx. Yo no lo recuerdo pero algunos de mis alumnos lo recuerdan perfectamente y me han hablado de él". |
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