| |
|
|
|
INICIO > PROVINCIAS > > CONVERSACIONES |
| |
11 de octubre de 2011 |
| |
Juan José Téllez |
| |
José Manuel Caballero Bonald: "Yo fui compañero de viaje del PCE" |
| |
No suele saberse, pero José Manuel Caballero Bonald estuvo un mes en la cárcel, por presidir, junto con otros escritores, un acto a favor de la amnistía: Podíamos haber pagado una multa, pero nos negamos a ello, porque queríamos que nos detuvieran. Bueno, Juan Benet tuvo que pagarla porque tenía que acabar un puente y le era imposible romper aquel compromiso.
Jerezano de vocación sanluqueña, poeta y novelista, entre sus memorias y sus poemas ha recopilado las escenas de aquella terrible posguerra, con un maquis muerto a lomos de un pollino o la detención de una criada: La guerra, yo no la viví. Yo viví la posguerra. De la guerra, no me acuerdo para nada, salvo una vez que también lo cuento, que hubo un ajetreo en mi casa, que nos asomamos a un balcón, vimos a un hombre muerto, desangrándose en la acera, después de haber oído unos disparos. Ése es el único recuerdo de la guerra que tengo. De la posguerra, sí, el hambre, el frío, el miedo. Eso se quedó absolutamente fijo en mi memoria para siempre.
En uno de sus poemas, recuerda cuando los falangistas entraron a registrar su casa, la de una familia acomodada: Bueno, relativamente acomodada. Por lo menos, no había problemas. Mi padre era republicano, pero un republicano moderado, del Partido Reformista de Melquíades Álvarez, donde empezó a militar Azaña, Pero era un republicano de derechas. En mi casa, entraron a inspeccionar y de eso también me acuerdo.
Poco antes de que por una gamberrada destrozase la estatua del Padre Coloma y colocara su busto a las puertas de la casa natal de Miguel Primo de Rivera, una alferecía le libró de caer en alguna de las dos Españas de su infancia, la que dividía a los niños entre Acción Católica y Falange: Fui un día a una excursión que organizó la Falange y que fue para mí de memoria terrible, porque me dio una insolación por las calles de Fuentebravía, se llama ahora, una zona de El Puerto. Nos tuvieron andando todo el día y caí redondo, medio desmayado con una insolación. Ésa fue mi única experiencia de la militancia como flecha. Me apartaron por debilidad. Seguro que no quisieron saber nada más de mí. Esos eran episodios nebulosos. Mi evolución política se verifica en Madrid, al cabo del tiempo, a través de Dionisio Ridruejo, que fue mi primer mentor político, que me habló de cosas.
Falangista de primera hora, el poeta Dionisio Ridruejo se apartó pronto de la férrea estructura franquista y llegó a crear un partido socialdemócrata: Con muy mala fortuna. Dionisio fue un perdedor, con mucho encanto, una persona muy sugestiva. Fue un perdedor, un perdedor con encanto. Todo lo que intentó, fracasó. Cada dos o tres años, estaba preso. Por todos los medios, intentaba, dentro de lo que se podía, que era muy poco, una labor de oposición al régimen, sistemática y eficaz, pero fue barrido.
Después de pasar por Colombia, su pensamiento se aproximó al marxismo y coqueteó con el Partido Comunista: Yo nunca fui del PCE. Bueno, no tuve carné. Estuve trabajando con ellos, con muchos otros como Moreno Galván, Fernando Baeza, Juan Benet. Cada uno ya se fue por su lado y yo fui compañero de viaje del PCE para trabajar en la Universidad en Madrid, en agitaciones estudiantiles. Nunca tuve carné pero estuve todo el tiempo al lado del PCE, entre otras cosas porque era el único partido que, en aquellos años, tenía una presencia viva, activa y eficaz en la lucha antifranquista. Estuve ahí hasta la muerte de Franco. Caballero Bonald, en cierta medida, confiesa que se acercó a la clandestinidad comunista por afinidad con la impronta romántica de Espronceda: Me gustaba Espronceda, como rebelde, como insumiso, desobediente a la sociedad y a la política de su tiempo. Espronceda fue de extrema izquierda en su tiempo. Como persona, más que como poeta. A mí me gustaba pensar en Espronceda cuando yo estaba actuando en aquella atmósfera clandestina. Lo único que me quedó de romanticismo era eso y comportarme de manera licenciosa. En Jerez, conoció a los legendarios señoritos, ignorantes y elegantes, que no habían leído un libro en su vida pero compraban sus trajes y camisas en las mejores tiendas londinenses: En mis tiempos de Jerez, un Domeq La Riva, hermano del Pantera, llevaba un bastón y para no tener que levantarlo porque era muy débil, llevaba una ruedecita abajo y lo deslizaba como un patín. Éste quería hacerle una comida a los pobres. Mandó llamar al cura de la parroquia y le preguntó: quiero darle una comida a los pobres, ¿sabe usted qué comen los pobres?.
Durante algún tiempo, cuando Manuel Fraga ocupaba el Ministerio de Información y Turismo, su nombre no pudo aparecer por escrito, a partir de que le demandase explicaciones por la muerte de un joven, Mariano Barranco, en la comisaría de Jerez: Lo torturaron por lo visto. De una manera oscurísima, dijeron que había muerto por unas circunstancias extrañas. Yo no me acuerdo muy bien de la historia, pero en algún sitio debo conservar la carta. Pedimos una explicación. Y recuerdo que Fernando me dio la prueba. En el libro suyo, De Cádiz y sus cantes, aparece una cita del Archivo del Cante Flamenco y una nota a pie de página que ponía: dirigido por José Manuel Caballero Bonald. Y eso lo tacharon. La carta, la confundo con otra relacionada con los mineros de Asturias. Se escribió otra carta a Fraga, encabezada por Bergamín, en la que decíamos que habían torturado a las mujeres de unos mineros que estaban en huelga. Fraga escribió una carta a cada uno de nosotros. Yo la conservo. Decía que estábamos equivocados, que lo único que había ocurrido era que unas mujeres un poco rebeldes habían sido cogidas por la policía y peladas al cero, con lo cual habíamos creído que era verdadero lo que no pasaba de ser una tomadura de pelo. Eso contestó Fraga. Yo, por eso, le tengo a Fraga una especie de aversión. En cualquier momento, digo cosas contra él porque me parece que es muy peligroso. Era. Ahora, parece más bien que está atontado. |
| |
|
|
|
|