Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  11 de octubre de 2011
  Juan de Dios Mellado y Juan José Téllez
  Manuel Chaves: "En el 77, yo iba de relleno en la lista de Bilbao"
  Transcurría la primavera de 1977 y un joven abogado, alto y corpulento, recién llegado de Bilbao, estaba tirado en la autopista Sevilla-Cádiz, junto a un Seat 600 que echaba humo, mientras su conductor, un joven socialista aficionado a la fotografía, intentaba inútilmente reparar la avería. Aquel suceso trivial estuvo a punto de cambiar la historia futura de Andalucía. Aquel tipo era Manuel Chaves: “La verdad es que mi historia política podía haber cambiado radicalmente. Cuando me presente candidato por Cádiz, recuerdo que el plazo de presentación de candidaturas terminaba a las ocho. Yo vivía en Bilbao: llegué al aeropuerto de Sevilla y me recogió Pablo Juliá en un seíta. Se nos recalentó el motor en la autopista y tuvimos que hacer autoestop para llegar a Cádiz antes de que venciera el plazo de presentación de candidatos. Menos mal, que un conductor nos recogió y nos llevó a Cádiz, con tiempo suficiente”.

PREGUNTA: Pero lo cierto es que Manuel Chaves, natural de Ceuta, se convirtió en un eterno diputado por Cádiz. ¿Qué recuerda de su adolescencia en dicha ciudad y de cómo entró usted en contacto con la gente del partido?
RESPUESTA: Yo llegué a Cádiz por cuestiones familiares. Mi padre era militar y lo trasladaron desde Melilla a Cádiz. Pero antes estuve en Ceuta, Melilla, Cádiz, Sevilla, Cádiz, finalmente. Luego, siendo yo mayor, tuvo otros destinos: estuvo en Bilbao y se retiró en Córdoba. A los 10 años, estaba yo en Cádiz y los recuerdos que tengo es del autobús militar que nos llevaba a la playa de La Victoria y que se estropeaba un día sí y el otro también; de los partidos de fútbol, de las verbenas del parque y de mi ingreso en bachillerato, que lo hice en el San Felipe de Neri de Cádiz.. Mis padres siguieron viviendo en Cádiz y yo iba a pasar allí las vacaciones porque me pusieron interno en Utrera, donde hice todo el bachillerato. A Sevilla llegué ya siendo universitario. Allí conocí a mi mujer. Yo estudiaba Derecho y ella, que era hija de militar, Ciencias Químicas.

P: Pasamos a la foto de la tortilla y a los chicos de Alcalá, que supone el renacimiento del PSOE histórico en la provincia...
R: Bueno, yo tengo que decir que con el grupo de Alcalá no tuve una gran relación estrecha porque no teníamos conocimiento mutuo, entonces, y porque, entre otras cosas, yo a partir del año 75, que es cuando el grupo empieza a tener un poco más de presencia, me trasladé a Bilbao. Pero sí recuerdo algunas reuniones en casa de José Antonio Gómez Periñán, Piris, el actual delegado del Gobierno andaluz, en la provincia, que vivía entonces en Chiclana. A los socialistas del llamado Grupo de Alcalá, los conocí a partir de algunos congresos regionales en Granada o también en la capital gaditana, aunque nunca sospeché que podía ir de diputado por esa circunscripción. Mi relación estrecha con la gente de Cádiz se produce en dos momentos: uno en 1976, cuando en el colegio de Puertatierra, de San Felipe, se celebró el primer congreso de trabajadores de la FETE, la Federación de Trabajadores de la Enseñanza, de UGT. Entonces, yo estaba viviendo en Bilbao; era profesor de la Universidad Autónoma de Bilbao y me trasladé a Cádiz porque había sido uno de los tres fundadores de la FETE y  a petición de los organizadores del congreso, que lo presidí y que lo perdimos, por cierto, los de mi sector: hubo una alianza de la gente de Madrid con la gente de Cádiz y al final no se eligió a ningún secretario general; se eligió un órgano colegiado que fue algo desastroso desde el punto de vista de la FETE. Luego, tuve contactos más directos con Rafael Román o con Ramón Vargas-Machuca, y con la gente de la enseñanza que estaba en el partido. Y ya no vuelvo a tener más contactos con gente del partido en Cádiz, salvo por mi presencia en San Roque durante las vacaciones –la familia de Antonia Iborra, la esposa de Chaves, reside habitualmente en dicha ciudad–. De hecho, yo conocía mucho a la gente del PSOE del Campo de Gibraltar. El siguiente momento: mi presencia como diputado en Cádiz. Fue un poco... Vivía en Bilbao y era miembro de la dirección de la UGT, propuesto por Nicolás Redondo. Yo estaba, en principio, incluido en la lista del PSOE por Bilbao para cubrir el flanco inmigratorio, pero simplemente de relleno. De repente, me llaman de la dirección del partido y me proponen que encabece la lista de Badajoz, porque no tenían candidato allí. Luis Yáñez iba de cabeza de lista de Cádiz, pero hubo algún encontronazo y la gente de Cádiz (Rafael Román y Ramón Vargas, principalmente) dijo que no. Entonces optaron por mí. Por mí, porque había estado en Cádiz. Entonces, yo fui por Cádiz y Yáñez por Badajoz.

P: Otra de las sorpresas grandes fue el resultado de aquellas primeras elecciones democráticas de 1977, porque no os lo esperábais...
R: Lo que nos empezó a sorprender fueron algunas encuestas que aparecieron en los periódicos y, por provincias, que nos daban los primeros. No teníamos otros elementos de predicción y nos quedamos  obnubilados y fascinados porque era una diferencia muy importante, pero es que incluso, después, los resultados electorales del 77 fueron superiores a los que nos habían dado las encuestas: cinco, PSOE; dos, UCD y uno PCE, que fue Rafael Alberti.

P: ¿Cómo fue la campaña en Cádiz con Alberti?
R: Bueno, la campaña en Cádiz, con Alberti, fue muy respetuosa, quizá por su propia personalidad. No hubo ningun asunto, ninguna declaración fuera de sitio. Incluso fui a saludarle personalmente. Nunca salió de nosotros ninguna declaración en contra de él.
El primer contacto con la realidad gaditana, ya como candidato, se produjo, para mí, durante una mesa redonda en el Diario de Cádiz, que entonces dirigía Augusto Delkáder, y en la que estaban todos los partidos que se presentaban: AP, UCD, PCE, PSOE... Aquello fue tremendo. Ya en el 79 fue un poco más ordenado. Recuerdo las dos últimas intervenciones, la de Felipe y la de Suárez, que pudieron cambiar un poco la intención del voto porque empezó a hablar del miedo a la victoria del partido socialista. Me acuerdo que lo vi en el bar de la residencia sanitaria, donde estábamos haciendo propaganda.

P.: Pero, hasta aquel 77, el Partido Comunista de España había sido predominante en la izquierda española. ¿Cómo cambia la historia del PSOE a partir del congreso de Suresnes?
R.: La importancia y la presencia que había tenido durante la dictadura el partido comunista fue superior a la del partido socialista, eso hay que reconocerlo. Y creo que la estructura del partido socialista sufrió mucho más durante la guerra y la posguerra. Nuestra presencia fue mayor en el exilio aunque la del partido comunista fue mayor en España. Fue precisamente a partir del congreso anterior a Suresnes, cuando la gente del interior del partido socialista empuja y plantea un debate en el 72-73 y una resolución para que la dirección del partido pasase precisamente al interior. Y eso es lo que motiva la actuación de Rodolfo Llopis, quien nos acusa de que estamos vendidos al partido comunista, de que todos somos el submarino del PCE. Y, a partir de ahí, la presencia que el partido tiene en Asturias y en el País Vasco es superior a la del PCE. Con la presencia de Felipe, la resurrección del PSOE, en el interior de España, se consolida.
P: ¿Cuándo conoce a Felipe González?
R: Lo conozco cuando él ya ha acabado la carrera y era profesor (yo estaba en 5º de carrera) y la segunda vez cuando ya estaba yo en el partido. Yo entré en el partido en el año 68. Cuando terminé la carrera ya tenía muchos contactos con el PSOE, sobre todo con el grupo que yo conocí, que eran Felipe González, Alfonso Guerra, Guillermo Galeote, Luis Yáñez y Rafael Escuredo. A finales del 68, entro en el PSOE y acudo por primera vez a un congreso en Toulouse. Recuerdo que me fui con Felipe González desde Sevilla a Toulouse en un Diane 6 azul celeste.

P: ¿Cómo se planteó la asamblea de parlamentarios que dio paso al primer gobierno preautonómico, constituido en Cádiz, en 1978?
R: Por cierto, que tengo fotos de la reunión que se celebró en Antequera de todos los que formábamos parte en la asamblea parlamentaria, precisamente, en la reunión preparatoria. Yo entonces estaba muy desvinculado de la política andaluza. No estaba en el embrollo y no tenía ninguna capacidad de influencia en la vida diaria y en las decisiones que se tomaban entonces y recuerdo que cuando asistí a la reunión de Cádiz, cuando se crea la primera junta preautonómica, se estaba celebrando al mismo tiempo un congreso confederal de la UGT en Barcelona. Y yo era miembro de la confederal desde el 76. Así que yo estaba entonces en el congreso confederal que se estaba celebrando en Barcelona, en Montjuich,  y tuve que ir y volver en el mismo día para participar en la asamblea de Cádiz.

P: ¿Cómo se vivía en el Congreso el debate sobre el proceso autonómico de Andalucía?
R: Recuerdo el pacto de sofá entre Alejandro Rojas Marcos y Martín Villa, en 1980. El asunto estaba bloqueado y cuando se anuncia en el Parlamento el tema, salió Rafael Escuredo, pidió la palabra diciendo que no podíamos aceptar ese pacto bajo ningún concepto. Nosotros reivindicábamos la vía del artículo 151 y movilizaríamos a toda la sociedad y a todos los municipios para que así fuera.

P: ¿Guerra estuvo en la batalla por la autonomía plena? ¿Y Felipe también?
R: Sí. De eso no hay ningún tipo de duda porque se había hablado entre nosotros. Yo seguí la campaña por el referéndum autonómico, porque a mí me correspondía hacerlo como diputado. Tuve una participación muy activa y no solamente en la provincia de Cádiz sino en toda Andalucía, prácticamente. Recuerdo incluso que, cuando se ganó el referéndum, celebramos una reunión en la Diputación Provincial de Cádiz, entonces ya era diputado comunista José Cabral, y celebramos una rueda de prensa conjunta.
P: ¿Cómo vivió el 23-F, el intento de golpe, en el interior del Congreso de los Diputados?
R: Recuerdo que estábamos desconcertados. Ya se puede imaginar. Me pasaron dos anécdotas. Una era el miedo que tenía porque, lógicamente, no sabíamos qué estaba pasando fuera; pero había un elemento que temíamos nosotros, que era la aparición del elefante blanco aquel, del jefe que nunca aparecería. Pasaba el tiempo y los nervios se notaban en los guardias civiles que entraban y salían. Recuerdo que Pío Cabanillas tenía un transistor pequeñito por el que escuchábamos lo que estaba pasando fuera y notábamos cómo aquello se iba desinflando. Quizá el momento de mayor tensión, de mayor nerviosismo, es cuando llamaron a los líderes de los partidos políticos Hay dos anécdotas que recuerdo. La primera, cuando aparece Tejero y dice que ya nos podemos ir, Landelino Lavilla anuncia formalmente que se acaba la sesión. Y, la segunda, cuando otro diputado me comenta: ¿Pero cómo nos vamos a ir sin decirle nada a éste (por Tejero)?. Yo le comenté: Bueno, ya mañana le diremos algo; anda, vamos.

P: Después de las elecciones del 82, hubo una oposición terrible al previsible triunfo de la izquierda, y no sólo por parte de los partidos de la derecha, sino de la Confederación de los Empresarios de Andalucía...
R: Bueno, yo creo que el posicionamiento político expreso y combativo del empresariado español y andaluz se dio en las elecciones autonómicas de Andalucía, que fue cuando lo de la manzana, “el gusano y la manzana”; la campaña que montó Ferrer Salat... Fue la única vez que los resultados fueron tan desastrosos para ellos que nunca más volvieron a intentarlo y salieron escarmentados. No recuerdo mucho la campaña de las elecciones autonómicas; recuerdo el mitin en la Plaza de San Antonio, en Cádiz, con Rafael Escuredo.

P: ¿Cree que el cambio prometido por el PSOE, durante aquella campaña, fue real?
R: Creo que sí. Era lo que realmente quería la gente. Lo que hicimos fue recoger las expectativas y las exigencias de cambio que tenía la sociedad española. La gente le había perdido el miedo al PSOE. Desde el 77, el PSOE se había recuperado no sólo por el carisma de Felipe González, sino también por la memoria histórica: existían generaciones de españoles en los que todavía quedaba la memoria histórica, lo que representaba el socialismo en Europa, aunque en el 79 todavía había mucho miedo al PSOE. Pero ya la gente había cambiado, como se notó en las elecciones al Senado por la circunscripción de Almería, que fueron posteriores: en la UCD se había producido un caos total; el golpe de Estado... Entonces lo que nosotros hicimos fue recoger todas las expectativas de cambio que había. Fue cuando se presenta Rodrigo Rato por Cádiz: montó la campaña, pero entonces no tenían dinero y como él tenía vinculaciones económicas con la provincia, se presentó por ella. Por entonces, residía en el hotel Bahía de Valdelagrana.

P: Pero, en aquellas elecciones autonómicas del 82, lo que constituyó también una sorpresa fueron los resultados de Alianza Popular...
R: Está muy claro que los resultados habían sido superiores a las expectativas que ellos tenían.

P: ¿Se equivocó el Gobierno del PSOE con la expropiación del holding de Rumasa? Lo decidió, por cierto, el ministro Miguel Boyer, que hoy en día parece próximo al Partido Popular.
R: Creo que aparte de una decisión del ministro de Economía Boyer, fue una decisión de todo el sistema bancario español, por el riesgo que suponía esa concentración. Ya se le había avisado a Ruiz Mateos.

P: En la salida de Rafael Escuredo de la presidencia de la Junta... ¿Tuvo algo que ver Felipe González?
R: Nunca he hablado detenidamente con Escuredo sobre las razones que le llevaron a tomar esa decisión. Creo que entre Felipe y Escuredo nunca hubo química. Quizá los desencuentros con el partido... Lo que le llevó a tomar esa decisión fueron problemas personales internos: más que razones políticas eran razones personales, aunque no tengo datos para sustentar esa opinión, sólo el conocimiento de sus personalidades.
   
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