Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  11 de octubre de 2011
  Juan José Téllez
  José Pedro Pérez-Llorca: "La constitución es como los buenos vinos"
  La leyenda negra le atribuye la invención de la enrevesada pregunta con que se asaltó al pueblo andaluz durante el referéndum autonómico de 28 de febrero de 1980. Pero la historia le recuerda como uno de los ponentes de la Constitución de 1978, la más esperanzadora de la historia de España. El gaditano José Pedro Pérez Llorca participó como ponente en aquella carrera contra el impertinente reloj del atraso democrático español.  De aquella etapa, destaca la moderación de Adolfo Suárez y recuerda las reuniones constantes, las citas sin luz ni taquígrafos en restaurantes como el de José Luis –cuando el llamado “pacto del mantel” con el PSOE–, o en los despachos de Peces-Barba y Oscar Alzaga.

Teófila Martínez, actual alcaldesa de Cádiz, nombró recientemente a José Pedro Pérez-Llorca como hijo predilecto de dicha ciudad, que le vio nacer, pero donde no llegó a desarrollar actividad política alguna. Su nombre, sin embargo, forma parte del mapa de la Transición española, por muy diversos motivos pero, en especial, por su papel durante el periodo constituyente. Claro que no fue un camino de rosas llegar hasta el referéndum constitucional de 6 de diciembre de 1978: “El acuerdo fundamental fue largo, hubo unos cuantos meandros para llegar a donde había que llegar. Pero, por primera vez, teníamos un pacto respetado por todos. Y, de hecho, durante veinte años, la Constitución ha servido para gobiernos de distinto corte”. “La Constitución es como los buenos vinos, cuando un buen vino envejece bien, mejora sus cualidades. Cuando se abre, lo que sale es la magnífica cosecha de la añada del 78, que fue la concordia y la moderación”.

A su juicio, tantos años después, su texto sigue vigente “en cuanto a su función de pacto fundamental y reglas del juego”.
“En cuanto a una posible reforma, es evidente que es reformable como cualquier Constitución que se precie, aunque hay partes de gran rigidez. De lo que no se puede hablar es de la reforma por la reforma, sino que habrá que plantearla, ver qué consenso aporta. Si sirve para aumentar el consenso, para resolver los problemas, para ampliar los límites de la concordia y la aceptación del pacto, si. Si sirviera para desvalorizar el consenso, sería como el motor de agua, que gasta más energía de la que produce”.

Las reformas que se vienen barajando en los últimos años parecen centrarse, en cualquier caso, en el Título VIII, que hace alusión al Estado de las autonomías y que ya en su día provocó disensiones, a un lado y a otro del arco político, desde el PNV a Alianza Popular: “Es evidente que las reformas a las que se ha venido aludiendo y aún no se han producido irían por ahí. Más que un pacto fue un compromiso, no del todo dibujado. Era lo que fue posible, en aquel momento”.

Pero, a pesar de todo, este antiguo ministro cree que el proceso constituyente no peligró: “Las reuniones fueron no ya correctas sino cordiales; hubo alguna tensión quizá más para la galería, por el tema de la educación”.
Pérez Llorca siempre se mantuvo firme en la monarquía como pieza clave de la Constitución, a pesar de que los socialistas apostaron por el republicanismo en las negociaciones: “El PSOE hizo una defensa de su tradición republicana, dignísima, sentida, emotiva y con un gran respeto a la monarquía”, analiza. Hay quien cree ver constituciones progresistas –la de 1812, 1837, 1869 y 1931– o conservadores –1845 y 1876–. Pérez Llorca viene a entender que la de 1978 está escrita bajo la pauta de la tolerancia, pero hereda algo de la de Cádiz: “Hereda el sentimiento de que se abre una nueva etapa. Cuando se promulga la Constitución del año 1812, unos españoles quisieron abrir una nueva etapa en España y en América. En 1978, queda mucho del espíritu, aunque no de su texto, claro, porque los tiempos habían cambiado. Como se sabe, la Constitución de Cádiz se promulgó el día de San José porque los franceses celebraban la onomástica de José I, de ahí lo de Viva la Pepa. Ese grito, precisamente, es el que queda de todo aquello”.

Cortés y comedido, no olvida el Sur, sobre todo desde que ha sido nombrado hijo predilecto de su ciudad natal: “Tengo un gran cariño por Cádiz, conservo familia allí aunque no acudo demasiado desde que murió mi madre. Pero siempre estoy presente en espíritu”.
   
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