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11 de octubre de 2011 |
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Juan José Téllez |
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José Antonio Barroso: "Un gobernador franquista me dio el pésame por la muerte de Mao". |
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Aquel muchacho de familia obrera José Antonio Barroso le pusieron allá por 1952, iba a terminar casándose por segunda vez, en Cuba, con un padrino de lujo llamado Fidel Castro: Nací el 14 de abril, como la República del 31. Mi nacimiento fue premonitorio, repúblicano y comunista. Ayer comentábamos Antonio Noria y yo qué bandera queríamos que nos pusieran sobre el ataúd y ambos pensamos lo mismo, la bandera roja con la hoz y el martillo y la republicana. Nos hemos conjurado para hacerlo cuando llegue nuestra hora.
Antes de ocupar la alcaldía de Puerto Real, en 1979, Barroso arrastró una larga militancia clandestina. Y, ahora, tantos años después, desde esa misma responsabilidad pública, anima una larga serie de proyectos solidarios en medio Tercer Mundo: Puerto Real no termina en Cuba. Quien termina en Cuba puede que sea José Antonio Barroso. Puerto Real termina en Cuba, en el Sáhara, en África, allí donde haya una persona menesterosa, empobrecida, que no tiene salud, que no tiene atención médica. Allí es donde termina Puerto Real. Cuba es una parte más de nuestra política de solidaridad, aunque los recursos que mayoritariamente van a Cuba tienen su principal fuente de procedencia en todo ese movimiento de apoyo que hay en Puerto Real y no tanto en recursos del propio Ayuntamiento.
PREGUNTA: ¿Cómo se metió en política José Antonio Barroso? RESPUESTA: Uno nunca se mete en política. Uno nace para la política, en la política o por la política. Uno nace a la vida, de esa manera. Mi entorno vital más cercano condiciona en gran medida mi personalidad, mi militancia y mis ideas. Entorno humilde, familia humilde, padre de Astilleros, trabajador de la factoría, además echando cinco noches a la semana que se echaban entonces y el resto de los días hasta las nueve. Casa pequeña, casa de vecinos, una habitación con 13 vigas donde vivíamos como piojos en costura. Familia, por tanto, de posguerra y resultado de su extracción económica, social y cultural humildísima. Todo eso hace que vayas conformando una personalidad, un proceder. Yo no me meto en política, las propias circunstancias en las que nazco es lo que propicia mi compromiso. Yo hice los primeros pinitos en la escuela de Formación Profesional de Las Canteras, en Puerto Real. Recuerdo que la primera gran bronca que montamos y que de alguna manera yo lidero, fue reclamando un trato igual que los internos. Nosotros, los externos, comíamos en platos de pasta y los internos, en platos de cristal. Los externos eramos más dificiles de someter, porque estábamos en la calle más tiempo. Los internos eran más fáciles de condicionar y los salesianos les podían influir ideológicamente de forma más acentuada. Nosotros éramos gente de la calle. Por eso, éramos más difícil de adocenar. Entro en Astilleros de Matagorda con 18 años y ahí se produce mi eclosión ideológica. Yo ya había ido con 15 o 16 años a trabajar los veranos en las contratas que había. Allí se produce mi opción partidaria en el Partido Comunista Internacional (PCI). Fue el primer y único partido en que milito, aunque luego se llamó PTE. No he militado en ningún otro partido y, de hecho, estoy en IU en mi condición de independiente. Las primeras huelgas de Astilleros y del sector naval en la provincia de Cádiz de alguna manera fueron el crisol de mi opción política y de mi actitud ante los fenómenos sociales. Aún faltaban dos o tres años para que muriera Franco. Yo estoy de alguna manera en este magma, total y absolutamente implicado en aquella lucha antifranquista. Todavía se recuerdan aquellas soflamas que yo largaba allí donde hubiese un bidón donde subirse para que la gente te viera. P.: ¿Cómo surge el PCI en Cádiz? R.: En Puerto Real, había un grupito de gente y algunos, digamos, que venían de Sevilla, donde el PCI se gesta prácticamente después de la huelga de la construcción de finales de los años sesenta. Entonces, se produjo allí una fractura del PCE y se funda el PCE (I) y entran en contacto con gente de Barcelona, lo que daría pie a la creación del PCI. Los sevillanos de Puerto Real, que trabajaban en Telefónica, traen aquí el desencanto que la política fascista que Carrillo estaba generando entre los comunistas españoles. Esto da lugar al PCI y, posteriormente, con un fuerte componente cristiano a la ORT. Pero, también, al PTE y a Bandera Roja. P.: ¿Tuvieron algo que ver en todo aquel germen izquierdista gaditano Eladio García Castro o Isidoro Moreno, los dos líderes más conocidos del PTE? R.: A Eladio, a Ramón Lobato, lo conozco en el año 74. Me sorprendió, además, siendo una persona en apariencia frágil, el gran poder que tenía, la gran energía que desarrollaba, sobre todo que trasladaba y, sobre todo, la forma tan conminatoria que tenía de mirar. Tenía una autoridad y la ejercitaba. Bajo mi punto de vista, en la más pura esencia del centralismo democrático, elemento clave del movimiento comunista. Eladio se va de Sevilla a Barcelona, trabaja allí y se viene a Madrid cuando el partido empieza a tener una estructura más estatal y deja de tener esa localización tan reducida a Sevilla y Barcelona. Yo lo conozco de una reunión en Madrid, de aquella época. Eladio viene a Puerto Real cuando se autodisuelve el partido. El PTE tenía una militancia muy cualificada, nunca fuimos un partido de masas. Muchos terminaron en el PSOE, otros en el PCE, en el PSA también. Fuimos un partido de cuadros. Hoy, visto con la perspectiva histórica, quizá nos equivocamos al autodisolvernos, pero antes de hacerlo tratamos de poner en marcha el Pueblo Andaluz Unido, PAU-PTA, el nacimiento de lo que luego inspiraría Convocatoria por Andalucía, que lideró Julio Anguita. Eladio aparece en el año 82, por Puerto Real, absolutamente tieso, sin trabajo, sin dinero, sin casa. Era un hombre que había dedicado más de la mitad de su vida a la lucha por las ideas, que había estado perseguido, encarcelado, y fue patético comprobar que las únicas opciones que tenía era vivir de la familia, porque no tenía nada. Aquí estuvo una temporada viviendo en mi casa, cuando el único hijo que tiene era pequeño. Luego, encontraron trabajo, tanto él como ella. Ahora son funcionarios del Ayuntamiento, habiendo obtenido su plaza en cumplimiento de todas las exigencias legales, como puede acreditar su expediente administrativo, para que nadie dude del origen de su condición de funcionarios públicos. Para mí, fue muy fuerte comprobar como amigo suyo que soy, los ataques y las invectivas que le dedicaron, cuando se autodisolvió el partido. Se llegó a decir casi era un agente de la CIA y que había sido comprado. ¡Cuando estaba tieso, totalmente tieso! Sin ningún tipo de recursos, salvo los que pudieran derivarse de la protección social. Es uno de mis grandes amigos y de las personas en que más confianza tengo. Me alarmo cada vez que ve uno ese ejemplo, frente a la gente que están en la política, que gobiernan en este país, que no hicieron nada porque se llegara a este sistema de libertades, como el caso de Aznar que fue hasta treinteañero filofascista. Eso fue lo que trajo consigo la Transición. A Isidoro Moreno, lo conocíamos, sabíamos que era militante del PTE y que era un militante muy significado, pero era una de las personas más relevantes que teníamos de las personas públicas, era de los legales por llamarlo de alguna manera, porque era catedrático en la Universidad o escribía artículos sobre cultura andaluza. Fue una de las personalidades de las que más orgullosas nos mostramos. Lo conozco en las reuniones del comité regional del PTE, antes de que surgiera el PTA. Entonces, el secretario general era Pepe Ríos, que era el nombre de militancia clandestina que tenía Antonio Zoido Naranjo, que estuvo preso en el castillo de San Sebastián en Cádiz por montar el Sindicato de Soldados. Ahora, es asesor de la Junta de Andalucía. Siempre me sorprendió que siendo Isidoro Moreno mucho más brillante en la disertación no era secretario general, pero era evidente que el papel de Zoido era diferente, más orgánico, de estructura, que las funciones que podía desempeñar entonces este hombre, al que se trataba además de proteger en la medida de lo posible por su gran relevancia cultural y el patrimonio que para el partido suponía. P.: Pero Isidoro Moreno llegó a ser candidato por Cádiz. R.: Isidoro fue candidato por Cádiz. Y Jerónimo Lorente, del CSUT. Porque Cádiz era la provincia donde más posibilidades se entendía que teníamos de sacar un diputado, por la presencia de los camaradas del PTE en el movimiento obrero y en toda la provincia. Sobre todo, si le sumábamos la organización que teníamos en la Bahía de Algeciras y la presencia en el campo, con el SOC. Todo ello nos hacía concluir que teníamos posibilidades de sacar adelante un diputado. Nuestro nivel de influencia era más cuantitativo que cualitativo. Nada más frustrante, para el movimiento comunista en este país, fue ver que en el 77 aquellos que habían hecho poco o nada por traer la democracia, como fue el PSOE, ocupara el corazón de los electores, en vez de ser los comunistas, que nos habíamos estado batiendo el cobre. En aquella época, un congreso del PSOE se podía hacer dentro de una furgoneta por la militancia tan escuálida que tenía y la presencia tan somera en la sociedad gaditana. Aquello fue no sólo una frustración para el PTE, sino para el PCE. Todo el bagaje de víctima de la represión franquista que puede acreditar don Felipe González Márquez fue una noche que estuvo retenido, que no detenido, y jugando a las cartas, parece ser, en la comisaría de La Gavidia. Ello no excluye que hubiera una represión que también afectó a la militancia del PSOE, pero entonces era muy escasa. Recuerdo perfectamente cuando Felipe vino a la Bahía de Cádiz, por razones profesionales, y dijeron éste es Isidoro, el secretario general del PSOE. Y, ese, ¿quién carajo es?, respondí yo. Recuerdo una entrevista de Federico Villagrán a Felipe González en El Correo de Andalucía, después de Suresnes, y entonces era un absoluto desconocido". P.: ¿Cómo fue su vida durante la clandestinidad? R.: Me acuerdo yo de una huelga general en la Bahía de Cádiz, contra la opinión mayoritaria de CC OO. El sector del PTE hace un llamamiento que secunda la mayoría de los enlaces sindicales y los jurados de empresa. Y fui yo quien lo hizo, en un instituto. Fui yo el que hice el llamado por utilizar un término latinoamericano. Yo me mostraba muy orgulloso y ufano de ello en una reunión clandestina que presidió un miembro del buró político del PTE, en un chalé de un camarada en El Puerto de Santa María, Alfonso Giráldez, hoy primer teniente de alcalde de Morón. Giraldez entonces era militante del PTE y me presenta al miembro del buró político Manuel Armenta, cuyo nombre clandestino era Félix y que hoy es un alto cargo de la Empresa Pública de Suelo de Andalucía (EPSA). Me presentan al camarada Félix: Aquí el camarada Romero, que era mi nombre de guerra. Él ha sido le dijeron-- el que ha conseguido levantar a la Bahía con su llamamiento y ha logrado la huelga general. Ufano de aquella gesta, que yo consideraba un hito en la historia del movimiento obrero después de la guerra civil, empecé a entrar en detalles sobre cómo se organizó, qué obstáculos tuvimos que salvar y creyendo yo que iba a oír una sarta de elogios, todo lo contrario, me tachó de reformista porque me dijo que una convocatoria de huelga general en la Bahía de Cádiz era tratar parcialmente el trasfondo real de la cuestión. Y me dijo que yo partía de una concepción reformista y pequeño burguesa para abordar el conflicto entre la clase obrera y el Estado. Que lo que había que crear eran las condiciones de la huelga general política en España. Imaginaos como llevaba yo los ánimos cuando llegué a casa para ponerme el mono e irme a Astilleros. En otra ocasión, me acuerdo que nos llevaron detenidos al despacho del gobernador civil, Antolín de Santiago y Juárez. Ya había muerto Franco pero todavía no éramos legales. Quítenle las pulseras, ordenó. Me quitaron las esposas, comenzamos a hablar y me dijo: Te acompaño en el sentimiento. Me descompuse, pensé que mi padre se había matado en Astilleros o que había habido una desgracia en la familia. Solamente me di cuenta de lo que quería decir cuando, con esa voz de ogro que tenía, un poco zafio en sus formas, me espetó: Yo soy falangista y estoy en las antípodas de tu ideología, pero desde luego no dejo de reconocer que darle arroz a mil millones de chinos tiene un mérito. Entonces, comprendí. Había muerto Mao y nuestro partido era marxista leninista de orientación maoísta. Fígúrate, ¡un gobernador franquista me dio el pésame por la muerte de Mao!. P.: ¿Cómo llegó usted a la alcaldía? R.: Llego en 1979 merced al pacto de las izquierdas, encabezando la lista del PTA. Fuimos la lista más votada en Puerto Real, incluyendo la UCD y los independientes. Fuimos con todos nuestros símbolos. Recuerdo la calle de la Plaza, sobre un fondo verde, lleno de carteles con la estrella de cinco puntas, en el centro la hoz y el martillo. Recuerdo el incendiario discurso en la toma de posesión donde aseguré que alcanzar las alcaldías suponía de alguna manera un acercarnos cada día más a la revolución, a la ruptura que seguíamos defendiendo como un hecho objetivo, porque se trataba de cambiar aquella sociedad. P.: ¿Qué pasó, durante la Transición, entre los ayuntamientos de Cádiz y Puerto Real, entre José Antonio Barroso y Carlos Díaz? R.: La pugna entre Cádiz y Puerto Real es más el resultado de la falta de visión metropolitana que siempre ha caracterizado al PSOE en la provincia de Cádiz. Cuando hablan ahora de falta de estructura en la Bahía, siempre recuerdo a los socialistas que, a partir del año 82, el PSOE prácticamente gobierna en todo el país y en la Bahía de Cádiz, con excepción de Puerto Real. Gobernaba la Diputación, la Junta, todo. Ese ocupar prácticamente todo el espacio político administrativo hacía que el nepotismo constituyese una de las características de las políticas que se llevaban e influía en las relaciones entre Puerto Real y Cádiz, porque hacía que prevaleciera siempre los criterios que Cádiz pudiera tener sobre el territorio que los de Puerto Real, cuando fueran discrepantes. Entramos en conflcito con el puente y el Constitucional nos dio la razón; con la dispersión de los campus y la historia nos ha dado la razón; con la política que se pretendía seguir con Puerto Real, donde se pretendía residenciar todas las rentas bajas en detrimento de nuestra estructura social. Como luego se ha demostrado que se hizo con éxito en algunos casos y supuso una merma importante de nuestra ciudad. Todo eso, de alguna manera, se ha venido confirmando con el tiempo. Y luego, de alguna manera, esa confrontación con Carlos Díaz, no era con Carlos Díaz, sino con un concepto del territorio que propiciaba la actuación del partido socialista a través de las instituciones que gobernaba. Eso tuvo un desarrollo mediático muy acentuado. Aquello hizo correr ríos de tinta. A todo ello, había que sumar una cierta exuberancia en mi forma de proceder, de expresarme, frente a una forma mucho más recatada, pausada, moderada, de Carlos Díaz, lo que daba la imagen de que desde un pueblo, un político de menor nivel que puede ser el alcalde de la capital, poco menos que lo tenía acobardado. No lo era, en absoluto. He tenido y tengo una relación con Carlos Díaz extraordinaria y no fui yo el responsable de que Carlos Díaz saliera de la alcaldía. Fue el PSOE y su torpeza, y sus luchas cainitas. Ahora se le empiezan a reconocer las cosas que hizo por Cádiz y muchas de las cuales han servido para que Teólfila Martínez se consolide. Yo recuerdo todavía cuando Carlos Díaz reclamaba el soterramiento y se le decía desde el Ministerio que era técnicamente imposible y económicamente insalvable. Si a Carlos Díaz no lo llegan a quitar y lo llegan a presentar de nuevo como candidato, posiblemente Teófila no sería la alcaldesa de Cádiz. |
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