Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  11 de octubre de 2011
  Juan José Téllez
  José Ramón Pérea-Díaz Alersi: "Ni siquiera las monjas nos votaban a los democristianos"
  José Ramón Pérez Díaz-Alersi sigue titulando uno de los bufetes de abogados más influyentes de la provincia gaditana. Y mantiene su vieja confianza en el proyecto político de la democracia cristiana, que conoció un auténtico descalabro electoral en 1977. En Cádiz y en casi toda España: “Yo creo que el pueblo, que siempre tiene razón, a lo mejor olió que la Democracia Cristiana que tenía, sin duda alguna, los mejores cuadros que había en aquel momento en España, gente preparada, muchos de ellos fueron después constructores de la Constitución y ministros con Adolfo Suárez, desde la democracia cristiana, se había preparado durante muchos años cuando la gente no sabía. Muchos habíamos estado en la Konrad Adenauer en Alemania, o en Italia, había una formación profunda desde el punto de vista doctrinal, político, y había unos cuadros magníficos. Yo creo que otra línea hubiera llevado la inmediata historia, después de la Constitución, si hubiera prosperado esta propuesta de la democracia cristiana, un poco paralelamente a Alemania, Italia, o Francia. Había una magnífica relación. Yo creo que el desembarco de Suárez, desde lo antiguo a lo nuevo, hábilmente situado, fue mejor para el pueblo votante y muchos de los votos que naturalmente habrían ido a la democracia cristiana, fueron con Suárez a la UCD”. Pero, antes de aquella aventura política José Ramón –Moncho– Pérez Díaz-Alersi había velado armas democráticas en una organización civil que hizo historia en aquellos días gaditanos: el Grupo Drago.

PREGUNTA: ¿Cómo surge el Grupo Drago?
RESPUESTA: El Grupo Drago surge en los primeros albores de la época más dura de la Transición, un poco paralelamente a lo que era el Grupo Tácito en Madrid. Y surge de las inquietudes de una serie de personas, generalmente en edad joven pero no tanto, jóvenes maduros de Cádiz, en el espectro de lo que luego se iría decantando entre democracia cristiana, liberales, socialistas, movimientos vecinales y algún sindicalista, en una época en la que la pregunta era después de Franco, ¿qué? Y entonces intentaba dar una respuesta desde unos principios democráticos europeos, en base a una declaración de principios, en la que se recogía la Declaración Universal de Derechos del Hombre, y se abría el proyecto hacia una situación política democrática. El Grupo Drago cumple una misión yo creo que importante en Cádiz. Sólo bastaría ver el ránking de conferenciantes que trajimos. Ahí hicimos plenos, porque realmente los conferenciantes que nosotros invitamos, con cena y coloquio, después fueron los líderes, hombres máquina de los distintos partidos políticos que hicieron la Constitución, ministros de los próximos gobiernos, tanto de UCD como socialista. Y personajes importantes en la doctrina naciente, democrática, en torno a la Constitución. Y los propios artículos de prensa. Algunos no nos publicaron, al principio, en la prensa local. Pero sí en la prensa regional y a la vista del efecto que tenían, la prensa local terminó recogiéndolos.
P.: ¿Por qué no los publicaron en Cádiz?
R.: El primer artículo fue en el momento en que se estaba debatiendo en el Ayuntamiento de Cádiz un posible inicio de liberación respecto a la línea tradicional franquista en la inmediata elección interna del alcalde, el enfrentamiento entre Emilio Beltrami y Jerónimo Almagro. El Drago, en las reuniones que tenían lugar en Isecotel, donde poníamos en común los artículos, hicimos un artículo muy claro sobre el alcalde que queríamos, o el alcalde que queremos. Después, vinieron otros artículos sobre la ciudad que queremos, la provincia que queremos, la Andalucía que queremos, haciendo camino, entonces no existía el término de la autonomía. Aquel primer artículo lo publicó El Correo de Andalucía y Abc, pero no en Cádiz. El segundo artículo lo publicaron ya en Cádiz. Y, así, todos los demás. La presencia de Drago en las distintas actividades nacientes, en los sindicatos nacientes, en los movimientos vecinales, tenían una acogida dentro del paraguas de Drago, que cumplió, creo, una misión clara. Todos los archivos originales, manuscritos, indicaciones, amenazas, han sido depositados en la biblioteca del Casino Gaditano para su conservación y su estudio. Ya hay interés por parte de graduados de la Facultad de Filosofía de Cádiz y del propio decano para hacer investigación sobre esos fondos.
P.: En el grupo inicial de Drago, cabía gente de distintas opciones políticas. ¿Qué supuso aquello para la normalidad democrática que se avecinaba?
R.: Como botón de muestra, en 1979, el alcalde era Drago y el portavoz de la oposición era Drago. Y seguimos tan amigos, pero aquella fue una época convulsa. Pedro Valdecantos estuvo en la primera reunión de Drago, como también acudió Antonio Morillo. A su vez, en alguna reunión estuvo Juan José Gelos, pero desde otras plataformas. Valdecantos y Morillo estaban en una plataforma que se llamaba Programa Gaditano, paralelo al Grupo Drago, más minoritaria y quizá menos activa en actos púbicos, en prensa, en conferencias, en presencia. Y Juan José Gelos estaba como presidente del Centro de Cultura Popular Andaluza. De hecho, estuvieron todos invitados al acto que celebramos en el Casino.
P.: También se decía que el Grupo Drago representaba a una opción más de derechas y que el Centro de Cultura Popular Andaluza enarbolaba abiertamente la bandera de la izquierda. En definitiva, que eran opciones enfrentadas.
R.: No, yo no diría eso. En Drago, había gente desde una derecha civilizada a mucha gente de espectro centrista, que yo creo que era la mayoría, entre cristianos y liberales. Y, después, una zona cercana del PSOE, del PSA y del PSP. Por ejemplo, estuvo invitado Tierno Galván y no encontramos sitio en Cádiz para acogerle. No hubo manera de dar la conferencia del profesor Tierno, así como otros quizás, con ideas más avanzadas, sí que conseguimos un local. No se pudo dar la conferencia de Tierno.
P.: En la campaña del 77, Enrique Tierno Galván tampoco pudo utilizar el Falla para dar su mitin, al contrario que hizo Gil Robles, que sí utilizó el teatro más conocido de Cádiz.
R.: Ése fue otro momento yo creo que importante en el inicio de la Transición. Aquello fue una bomba en Cádiz. Nadie se había atrevido a dar un mitín político en Cádiz, hacía muchos años. Y la democracia cristiana logró un pleno impresionante.
P.: Recuerdo la bronca que le lió El Manchado, aquel activista anarquista que se hizo muy conocido en el Cádiz de la Transición. Increpó a Gil-Robles, con su propio discurso, desde uno de los palcos.
R.: Sí, pero, ¿cómo se le calló? Primero, yo, como moderador. Pero después, don José María, con la autoridad que imponía con su propio gesto, cómo dijo aquello: déjenle hablar que hace mucho tiempo que está callado. Y hubo un aplauso cerrado. Se desmontó la posible oposición reventarista por el espíritu democrático de apertura que había en aquel momento. Todo Cádiz, en distintos aspectos, estaba allí sentado, en el Falla. Tengo la fotografía por ahí. En la primera fila estaba desde don José María Pemán, ya muy mayor, hasta los políticos más inmediatos de la Diputación y el Ayuntamiento gaditano. Y mucha gente interesada. Había gente que a nivel personal asistía y, por supuesto, teníamos los policías de siempre, que nos mandaban y a los que saludábamos atentamente.
P.: ¿Nunca hubo problemas con la policía?
R.: Yo no diría que nunca. Hubo problemas graves con la policía, en el último mitin de aquella campaña de amnistía y libertad que puso en marcha la oposición democrática. Allí estaba también el policía de turno que había designado el Gobierno Civil con arreglo a la ley entonces vigente para presidir con los que estaban presidiendo el mitin. Aquel policía no dijo nada, pero otros que sí llegaron nos detuvieron y desmontaron aquello.
P.: ¿Cómo fue aquella noche en la comisaría de Isabel La Católica?
R.: Aquella noche en Isabel la Católica fue una noche muy singular, muy curiosa. Cuando la hemos recordado los distintos protagonistas de entonces, siempre sale una anécdota nueva. No recuerdo si fuimos 13 o 14 los detenidos de los distintos espectros. Fue una noche curiosa. Estuvimos todos juntos en un mismo calabozo, de aquellos tan impresentables de la comisaría de entonces. Al día siguiente, una limpiadora de los locales de la policía, junto con los cafés que habíamos conseguido pedir, nos pasó el Diario de Cádiz que dirigía Augusto Delkáder, con aquellos titulares en rojo que decían que “El Rey concedía la amnistía” y, debajo, en letras más pequeñas, “Los que la pedían en Cádiz, detenidos”. Con una fotografía nuestra.
P.: ¿Es verdad que le ofrecieron ser liberado, de inmediato, esa misma noche y que usted se negó a ello?
R.: No, el gesto de rebeldía razonable y correcta que hubo fue en el juzgado. El juez, que hoy vive entre nosotros y después fue presidente de la Audiencia Nacional, pero decidió luego retirarse a Cádiz no siendo de Cádiz, como hacen tantos funcionarios públicos, me llamó aparte y me dijo que yo creo que os puedo poner a todos en libertad, menos al del PCE. Le dije que lo consultaría con los compañeros, pero te anticipo, le repliqué, que el del PCE ha cometido el mismo delito que nosotros y por tanto si pones en libertad a 13 supuestos delincuentes, el decimocuarto también debe salir. Hubo un momento de consultas, y al final salimos todos en libertad. Después, hubo otro suceso singular, que no conoce mucha gente y yo no voy a dar muchos datos. Y es que los propios policías que aquella noche nos detuvieron se encontraron desamparados. La autoridad gubernativa intentó instruirles un expediente disciplinario, echándole la culpa de aquel sinsabor tremendo en vez de a quienes les mandaban. Aquellos policías acudieron al despacho de abogado que tuve en la calle Topete, 8, a buscar amparo. La vida da muchas vueltas.
P.: Una persona importante en la historia del Grupo Drago fue su esposa, Marta Dorao.
R.: Mi esposa, la verdad es que siendo una madre de familia numerosa, con seis hijos, siempre ha estado al lado de su marido en todas las actividades. Y en los congresos de la democracia cristiana, o en el de la abogacía de León, que fue una explosión democrática a nivel de Epsaña. En los congresos, no era extraño verla en la mesa de organización. En el Drago, protagonizó un hecho muy concreto, que recuerdan los compañeros siempre. La primera visita que el Rey y la Reina hicieron a Cádiz, el alcalde Beltrami había invitado a algunos grupos al Ayuntamiento. Desde allí, vimos la visita desde uno de los balcones laterales. En el balcón central, pronunció su discurso el Rey frente a una plaza llena de gente. En el Diario de Cádiz habíamos publicado ese día una Carta al Rey, firmada por el Grupo Drago, de la que Santiago Grosso hizo una copia en papel presentable, en papel cuché, y había comprado un marco de plata para entregársela al Rey en mano. ¿Pero quién se la entregaba al Rey en mano, en medio de aquella barahúnda? Entonces, mi mujer, Marta Dorao, con buena mano, haciéndolo bien y con gallardía, se abrió camino en medio de aquella fuerza. Hubo un momento en que los propios policías intentaron detenerla, pero la reconocieron, tanto Emilio Beltrami como el presidente de la Diputación, y tiraron de ella. Señor, le dijo, esta es la carta que ha publicado Diario de Cádiz que le dirige personalmente el Grupo Drago. El Rey se quedó parado, pero fue curiosa la reacción de la Reina que, estando ya dentro del coche, salió en un gesto que se ha repetido a lo largo de la historia muchas veces, esa actitud de la Reina tan en su sitio siempre. Se interesó y hubo un diálogo curioso que nosotros contemplamos desde lo alto de la ventana del Ayuntamiento.
P.: ¿Cree que su denominación confesional jugó en contra de la Democracia Cristiana española en la deblace del 77?
R.: Bueno, el fenómeno fue curioso y se está estudiando todavía por algunos, como José María Gil-Robles y Gil Delgado y otros dirigentes democristianos, como Fernando Álvarez de Miranda. Fue curioso ver como José María Gil Robles, por ejemplo, que había barrido siempre, históricamente, en las elecciones democráticas en Salamanca, sacaba el mismo 2% que el pobrecito José Ramón Pérez Díaz-Alersi que encabezaba la candidatura en Cádiz. Y en otras provincias pasó igual. El voto sorpresivo por minoritario que el equipo de la Democracia Cristiana del Estado español cosechó, nos dejó perplejo. La Federación de la Democracia Cristiana la componía, entonces, el Partido Popular Demócrata Cristiano, de Gil-Robles, la Izquierda Democrática de Ruíz Jiménez, el PNV, que entonces formaba parte y posteriormente fue expulsado de la internacional demócrata cristiana, y la Unión Democrática de Catalunya, así como otro partido paralelo de Valencia. Esa era un poco la estructura. Cinco partidos con una difícil estructura orgánica interna, con una ideología muy semejante... Aquello no fue muy entendido. Como no fue muy entendido que, en la primera campaña que se hizo en televisión, los demás partidos proponían la figura de un líder y cuando salía la Federación Demócratacristiana, en la campaña, eran cinco personas en torno a una mesa, quitándose la voz unos a otros. Yo siempre cuento que, a pesar de que los resultados fueran tan malos, la campaña fue buena, por lo menos en Cádiz. De forma que, por ejemplo, Manuel Chaves y Ramón Vargas-Machuca estaban haciendo la campaña por detrás de mi casa, donde estaba Isecotel, allí quedaba la pequeña oficina que había puesto el PSOE. Y nosotros teníamos el cuartel general de la campaña en Brasil, 8, 3º. Estábamos muy cerca. Yo recuerdo como a las tres, tres y cuarto de la mañana, Chaves me llamaba por teléfono para darme la enhorabuena porque era seguro que la Democracia Cristiana  iba a tener una gran implantación nacional y, desde luego, en Cádiz, y me llamaban para felicitarme. Cuando yo les devolví la llamada para felicitarles a ellos, estaban sorprendidos tanto por los buenos resultados que ellos habían obtenido como por los malos resultados nuestros.
P.: ¿Por qué existió una derecha democrática activa en Cádiz y no ocurrió igual en otras provincias?
R.: Había presencia de este mismo espectro en muchos sitios, pero lo que pasa es que muy pronto la etiqueta política fue absorbida por UCD, una especie de gazpacho complejo y complicado, donde la presencia de la democracia cristiana se diluye. Luego, líderes del centro derecha más democrático derivan hacia el PP, donde siguen teniendo una presencia sin etiqueta, sin una singularidad de doctrina propia específica. El equipo, ahora, es más diverso.
P.: ¿Cómo eran las relaciones de los democristianos con la Iglesia?
R.: Yo creo que nulas. Ahí, la Iglesia se pasó de prudente. No quiso nunca significarse del lado de los democristianos. Nosotros asumíamos desde el plano político el compromiso temporal de la doctrina socialcristiana. Yo tuve unas magníficas relaciones con Añoveros, defendí a muchos sacerdotes ante los tribunales, pero no me sentí nunca ni amparado ni acogido ni recogido en momentos de prosperidad o en momentos de dificultades. Ni en las luchas democráticas de las campañas, ni en la acción política desde el compromiso en los cargos, como cuando fui diputado de la Democracia Cristiana, cuando recuerdo los problemas que había con centros religiosos dependientes de la Diputación. En los plenos, el que se partía la cara y quien decía las cosas en pro y en defensa de las comunidades religiosas que allí estaban, era yo. Pero, a la hora de las votaciones, eso no se significaba. Hemos tenido interventores de mesa que comprobaban que ni siquiera las monjas nos votaban a los democristianos. Habrá que estudiar alguna vez cómo al desmontarse los movimientos de la acción católica, la JOC y la HOAC, los graduados, los profesionales, esa separación difícil influye en la vida de mucha gente que podría haber estado todavía prestando un magnífico servicio dentro de la doctrina socialcatólica. Yo me sentí, en cualquier caso, respaldado como un cristiano más de la calle, sin más ni más.
   
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