Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  18 de octubre de 2011
  Mercedes de Pablo
  Eduardo Saborido: El peso de la historia
  El año 1973 encuentra a Eduardo Saborido en la cárcel encausado por uno de los procesos más célebres de la transición, el Proceso 1.001. Un juicio que no llega a celebrarse el 22 de diciembre porque una bomba de ETA acaba con la vida del Almirante Carrero y con la vista que va a celebrar en la Salesas de Madrid. Hay circunstancias que marcan una vida. El compromiso sindical y político, la lucha por la libertad y la cárcel han dejado huella en un hombre que imprime carácter y merece respeto a las generaciones que le siguen.


Un destino muy diferente. “Pero el 1.001 es sólo el último proceso. Yo he estado en la cárcel muchas veces, me detienen incluso después de muerto Franco". Es la historia de un militante comunista, dirigente de CC OO desde prácticamente la fundación del sindicato clandestino, que conoce la clandestinidad antes de cumplir los 20 años, en su primer empleo, la fábrica de la Hispano de Aviación. “Y eso que yo me crié en una familia donde hay víctimas de los rojos, dos tíos míos fueron nacionales que desaparecieron en la Guerra Civil, un ambiente católico muy marcado por la figura de mi abuela con la que me crié". El joven obrero pretende huir del hambre de la familia, del hambre general, del destino que parecía venirle marcado. “Pero me encuentro con un ambiente muy inquieto, con gente culta que se pasaba la revista de la Unesco, el Mundo Obrero, con personas que me abren los ojos”. Aunque, según él, tardan en convencerlo y en convertirle en militante clandestino.

“La persona que forja el Partido Comunista en Sevilla en el franquismo en los años sesenta se llama Juan Menor y se ha muerto hace poco”. Según Saborido, con la mayoría de los dirigentes del PCE en el exilio, se fragua una nueva resistencia en torno a Comisiones Obreras, una central sindical oculta pero tan fuerte que “cuando nos detienen en el 73 estamos en disposición de parar el país si hubiéramos querido”. De los procesados en el 1.001 tres son sevillanos, Fernando Soto, Paco Acosta y el propio Saborido. Descabezada la cúpula del sindicato en Sevilla hay que reconstruirla con gente como Ángel Oliveros o Antonio Herrera. Desde la cárcel por enésima vez Saborido comparte la muerte de Carrero con Marcelino Camacho o Nicolas Sartorius.
“Antes de eso, en Sevilla nos relacionamos sobre todo con gente de la HOAC, con católicos o con cristianos de base”. Aparte del profesor Jiménez Fernandez o del monárquico juanista Alfonso de Cossío, miembro de la Asamblea Democrática, recuerda Eduardo el primer despacho del entonces muy joven Felipe González, en la calle Cabeza del Rey Don Pedro. “Nos presentamos a las Elecciones del Tercio Familiar del Ayuntamiento, pero no llegamos a salir porque se dan cuenta, el que sí sale es Rojas Marcos, que queda impresionado con nuestra organización”.


Libertad ovacinada. A la semana de morir el dictador, con el primer Decreto del Rey salen Fernando Soto y Eduardo de la cárcel y encuentran en Sevilla un recibimiento en la Estación de Cádiz de cerca de cinco mil personas. “La policía tenía más miedo que nosotros”. Se encuentra el dirigente comunista con una calle muy diferente a la que ha dejado a la fuerza, una semilegalidad peligrosa, llena de detenciones y de riesgos incontrolados. “El 76 y el 77 son malos, al régimen le sustituyen bandas antifascistas, algunas comandadas, al menos es lo que se dice, por gente de la secreta, entre ellos un tal José Martín, que da la órdenes pero nunca se mancha". A Saborido lo detienen dos veces más antes de la legalización del PCE y de CC OO, la última precisamente en una asamblea del sindicato en los locales del Vertical, un acto organizado “en la estrategia de forzar la situación”. Cuando se le pide a Saborido que recuerde nombres, reuniones, citas secretas y pactos de la Asamblea Democrática se le nublan los ojos, “han muerto muchos”, pero enumera a conocidos militantes del PSOE, del PCI de Pina López Guey o de la ORT. “Fíjate que uno de los que más recuerdo es a Luis Yáñez, que era ginecólogo y atendía a mucha de nuestra gente por la cara, porque no teníamos seguro”.


El batacazo del 77. En esta época todos les quieren, “de la cultura no nos falta nadie en los mítines, desde actores a cantantes, todos están con el partido”, cuando el PCE no precisa más que un artículo para ser determinado, el Partido, ese Partido. “Lo que pasa en el 77 es un batacazo pero yo el desencanto, la desilusión, me lo barrunto antes, cuando nos legalizan de mala manera, un Sábado Santo, casi de tapadillo”. Una legalización que les permite presentarse a las primeras elecciones “yo voy para senador, pero no salgo aunque, eso sí, es una gloria ver a Dolores y a Rafael entrar en el Congreso”.

No es elegido diputado Eduardo Saborido, pero asume la secretaría general de las COAN en la democracia, “negocian otros la Constitución, yo me dedico al sindicato, y aquí sigo”. Otros, que poco a poco van abandonando el PCE para afiliarse al PSOE sólo unos años después, antes y después de la victoria del año 82. “Tenemos terribles fracturas personales”, confiesa Eduardo Saborido cuando recuerda los primeros años de la democracia, la pérdida paulatina de elecciones, desde aquella primera al retroceso crítico en las generales de tres años después. “Pero tenemos la alcaldía de Córdoba y aquí en Sevilla teníamos concejalías como la de Urbanismo, somos trascendentales para el cambio, de eso no me cabe la menor duda”. Los nombres de antiguos compañeros, Víctor Pérez Escolano, José Villa, Fernando Feijoo, Javier Aristu∫ y, sobre todo, Fernando Soto, le brotan a Saborido con una mezcla de nostalgia y ternura, “Soto sigue siendo mi amigo, nunca ha dejado de ser mi amigo ni cuando era secretario general del PCA ni ahora que es diputado andaluz del PSOE”.


De heridas y rupturas. Diputado en Madrid es elegido Eduardo precisamente en el año 79, aunque apenas dura unos meses, “yo soy una buena cabeza de cartel pero mi actividad nunca ha estado en un escaño sino en la calle, en el sindicato, apenas voy unas semanas a Madrid y ya quiero volverme”. Sí recuerda con cariño la campaña del 28 de Febrero, “ahí CC OO se moja mucho, somos casi los primeros en sacar la bandera, en hablar de Andalucía”, aunque en su memoria achaca la intervención de los andalucistas a “un pacto secreto con Suárez, para salvarlo a espaldas de los demás”, y no recuerda haber suscrito el 144, “Soto y Carrillo firman el desbloqueo pero yo creo que aquello no tiene nada que ver con el 144 ni con el 143”.

Se siente orgulloso de haber participado en la Transición “aunque luego vinieran tantas heridas, tantas rupturas”, cree que ha sido un periodo histórico irrepetible aunque él mismo o sus compañeros de partido se equivocaran, a su juicio, en las lecturas inmediatas de los acontecimientos. “En el año 82 los electores nos están avisando, tenemos que cambiar, y nosotros lo que hacemos es un congreso para discutir el leninismo”. No saben, según Saborido, reinventar un lenguaje de la izquierda, la historia les pesa demasiado pero “contribuimos decisivamente a que este país y esta ciudad sean como son”, no saben adaptar la estructura del partido al juego democrático.

Mítines de ojos azules. “En la clandestinidad el centralismo democrático es garantía de supervivencia, es lo que nos salva”, pero resulta ser una estructura organizativa que desencaja en la pluralidad, en la normalidad de la democracia, “la disciplina, los secretos, la clandestinidad que nos salva en la dictadura nos ahoga luego, precisamente cuando ya no hay franquismo”. Se ríe sin embargo cuando comenta con coquetería las cosas que le dicen en los mítines, “Eduardo eres los ojos azules de la izquierda”, cuando recuerda los mítines mismos, con la fiesta y la exuberancia de la libertad. “Somos muy muy afortunados, los jóvenes no se pueden imaginar como ha sido Sevilla en la dictadura y ha pasado tan poco tiempo...” Ha merecido la pena, asegura, a pesar de la melancolía en la mirada, a pesar de que se refugie en el sindicato, a pesar de que él mismo propusiera hace pocos años la disolución de un partido que ha sido “mi escuela, mi familia, mi vida”.
   
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