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18 de octubre de 2011 |
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Mercedes de Pablo |
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Alejandro Rojas Marcos: Un corredor de fondo |
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A Blas Infante nos lo encontramos en el camino, recuerda el fundador del Partido Andalucista cuando evoca la génesis del PA y las intenciones de sus promotores. Pero hay que estar en el camino, el espacio natural de un corredor de fondo, incansable. Su elección es, marcando la diferencia, una política con sello de identidad: Andalucía. Una marca que defenderá, sin desfallecer, entre penas y alegrías, fracasos y victorias, en un proyecto asociado siempre a su personalidad.
Un adolescente en Londres. La vocación de Alejandro Rojas Marcos por la política se remonta a una estancia adolescente en Londres, una rareza para los jóvenes sevillanos, incluso los del entorno de Alejandro. No es la militancia para Rojas Marcos una reacción ante el régimen o la consecuencia lógica de un adoctrinamiento religioso. Supe que me quería dedicar a la política muy temprano, me fascinó la vida pública británica, con sus debates y sus magníficas intervenciones parlamentarias. El joven cachorro de la burguesía que está predestinado a ser ingeniero de caminos, quiere ser partícipe de la cosa pública antes que ideólogo, quiere ser concejal, diputado, antes que militante. La imagen de Churchill, perdedor de las primeras elecciones después de la II Guerra Mundial, le parece ejemplar, una manera civilizada y culta de participar en la vida pública, de cambiar la sociedad dentro de un orden. Tengo el recuerdo inalterable de la Conferencia Internacional del Canal de Suez como un hecho impactante que me invitaba a participar en la vida política del mundo, dice de su experiencia en el extranjero.
Andalucía como compromiso. En contraste con la figura, dialogante y lúcida, del catedrático Giménez Fernández, el jibarismo y la pacatería de la sociedad de la época asfixian al joven Alejandro que participa activamente en las movilizaciones universitarias de los años sesenta. No tenía padrinos ideológicos, ni tampoco una doctrina clara, quería actuar y actué. Organicé personalmente la primera Huelga General de la Universidad de Sevilla. Eso es mucho antes de aquella reunión de la primavera del 65 en el mismo despacho de la calle Castelar que ahora ocupa, cuando con Luis Uruñuela o el escritor Alfonso Grosso deciden formar Compromiso Político, una organización cuyo patrimonio político fuimos construyendo nosotros mismos, sin dependencias de la democracia cristiana ni del socialismo histórico ni del comunismo. La primera vez que Alejandro Rojas Marcos oye hablar de Blas Infante es a un antiguo comunista, el médico de Cazalla José María Osuna, quien le enseña una edición del Ideal Andaluz y le habla de aquel notario de Coria del que se cuenta, siempre en voz baja, que fue asesinado por los fascistas en el kilómetro número cuatro de la carretera de Carmona. Termina la década de los sesenta.
Todavía con la salud de Franco incombustible Alejandro se presenta a unas elecciones municipales, todo lo participativas que consentía la llamada democracia orgánica, y gana, una victoria que le duró apenas seis meses, el tiempo que tarda en tirar la toalla ante unas instituciones más teatrales que operativas. Ese pragmatismo, esa intención de usar los resquicios del régimen, también la tuvieron los comunistas. Al mismo tiempo que yo se presentó una candidatura de Comisiones Obreras, Manuel Mancha, que era del PCE, y otro camarada suyo, creo que se llamaba León. Con ellos fueron dos abogados, un tal Moreno y un tal Márquez. Pero ellos no salieron. Cuando Rojas da el portazo le salen novios, Ruiz-Giménez me tentó pero yo no quería depender de nada que no fuera andaluz, desde la democracia cristiana al partido comunista".
De Compromiso Político nace ASA, cuando yo salgo de la cárcel en el año 71 y me doy cuenta que hay que prepararse, dar un paso más para el futuro. En la cárcel, durante un mes, Alejandro Rojas Marcos coincide con comunistas y con delincuentes habituales. Precisamente hace poco he estado con compañeros de la cárcel en Fuentes de Andalucía, ha sido muy emocionante. El tiempo deja en el dirigente andalucista una suerte de ternura con esos recuerdos, como la oposición de los viejos comunistas a que los más jóvenes recibieran jamón como regalo por el símbolo burgués del embutido, o las heridas que cura a un primo de El Lute, cercenada la barriga por ráfagas de metralleta de la Guardia Civil. Convoqué a los más importantes de CP en una casa de mis suegros, en Mairena, fuimos siete u ocho que redactamos el documento de Alianza Socialista de Andalucía. Rehúyen la expresión partido, que les parece cosa de la derrotada República, pero aceptan la palabra socialista como el lugar común que mejor explica su ideario, que más claramente se aproximan a lo que son y quieren. Dudamos mucho entre la palabra progresista o socialista , pero nos sentíamos de izquierdas, y aquí no había mas socialistas que nosotros, los del PSOE histórico vivían pendientes de la organización en el exilio. Creímos que la socialdemocracia en España seríamos nosotros. En muchas ocasiones ha repetido Rojas Marcos que se equivocaron, más por una cuestión de marca que de contenido. No se pueden imaginar entonces la inmensa fuerza latente del PSOE, el PSOE de los sevillanos González y Guerra.
Y es que la relación de tensión entre los ahora andalucistas a secas y los del PSA entonces con el PSOE se remonta a estos primeros años. Insiste Alejandro en la invisibilidad de la oposición socialista, insiste en relacionar el antifranquismo con el PCE clandestino, algunos curas, algún profesor demócrata cristiano y con los hoy andalucistas. El primer mítin que se hace en Andalucía después de la guerra lo montamos nosotros, el 20 de febrero del año 76, justo después de mi vuelta del exilio en Écija. Parapetados en el club cultural Gorca, en el que estábamos, aunque también había pintores y escritores comunistas, lo usan para montar precisamente ese mítin, al que invitamos a toda la oposición hasta los grupúsculos más pequeños, incluido el PSOE que no quiso ir. Es la primera vez que Rojas Marcos habla de Blas Infante, reconocido más tarde en el Estatuto Andaluz como el padre de la patria andaluza. Nosotros nos recorrimos Andalucía antes que nadie, fuimos los primeros en ir a Almería. En ese recorrido encuentran, sobre todo, comunistas, llegué a ser muy amigo de Benítez Rufo.
Pero es un espejismo, reconoce el dirigente del PA. Cuando llegan las elecciones del 77 se dan de bruces con una realidad que no esperan, el mismo Carrillo estaba convencido de barrer, pero así son las cosas, ni ellos ni nosotros le tocamos siquiera los talones al PSOE. Estas primeras elecciones democráticas a las que el PSA acude con el PSP de Tierno Galván, es el primer revés de una trayectoria en la que siempre estamos inmersos, victorias y derrotas consecutivas, recuperaciones y crisis que nos dan, muchas veces, por acabados. Ése es el consejo de Tierno, uniros al PSOE le decía, pero Alejandro tiene claro que su supervivencia está marcada, precisamente, por la diferencia, por el contraste con los socialistas.
Si no nos fuera la marcha este partido habría desaparecido, dice ahora, evocando las primeras elecciones democráticas, los primeros ayuntamientos democráticos, el Referéndum de Andalucía sobre todo. Me han dado por muerto muchas veces. Aun cuando asegura que sus relaciones con Manuel Chaves, el presidente andaluz con el que los andalucistas han gobernado en las dos últimas legislaturas, son, personal y políticamente, muy buenas, considera al PSOE el muñidor de la gran mentira que convirtió nuestra intervención en la consecución final de la autonomía en una presunta traición.
Después del 28 de febrero el PSOE, hubiera olvidado la autonomía porque ya había conseguido lo que quería, torcerle la mano a la UCD. Los socialistas jugaron la partida de España en el tablero andaluz, pero no hicieron nada por desbloquear el proceso que se había frenado con los resultados de Almería, después del sueño de la autonomía la imagen de los andalucistas queda en entredicho al votar a favor de Adolfo Suárez en la moción de confianza. Nosotros conseguimos la autonomía plena a través del 144, un artículo incluido para aplicarlo con Ceuta y Melilla, una vía que supuso acceder al 151 y, sin embargo, quisieron hacernos pasar a la Historia como los traidores al 28-F. El discurso de Alejandro Rojas Marcos, sosegado e incluso crítico, éramos unos ilusos, unos niños que quisimos oponernos a la fuerza de toda una Internacional Socialista, se crispa cuando recuerda aquel año ochenta. Negar que todos firmamos el 144 ha sido la gran mentira del PSOE. Una crispación contra los socialistas de entonces que le lleva a reconocer la dura situación del PSA de los primeros ochenta, la fuga de muchos de sus dirigentes a puestos de confianza del PSOE en el Gobierno andaluz, y a su dimisión como secretario general en el 83. Muchos socialistas me dicen ahora que la cooperación que tenemos ahora no hubiera sido posible antes. Alfonso Guerra lo dice claro, según Rojas Marcos: O vosotros o nosotros.
Con Pedro Pacheco fuera del PA por segunda vez, con una nueva crisis aparentemente saldada en el último congreso, Alejandro Rojas Marcos, su fundador, advierte de que para entendernos a nosotros hay que saber que siempre ha sido así, subimos porque aprovechamos oportunidades con inteligencia pero, luego, cuando bajamos no siempre es que fracasemos es que nos colocamos en nuestro justo nivel.
Apasionado, arrollador, hablador y preciso con los datos y las fechas aunque con coquetería, se queja de falta de memoria, acaba sus recuerdos Alejandro Rojas Marcos, con una reflexión sobre su papel en el partido. Todas nuestras crisis empiezan igual, vienen a pedirme ayuda, tú eres indiscutible me dicen, vienen a pedirme que sacrifique a alguien, me niego y terminan contra mí".
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