Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  18 de octubre de 2011
  Mercedes de Pablo
  Soledad Becerril: Liberal y antifraquista
  “Siempre me consideré una privilegiada por vivir aquellos años, por estar donde estuve, por haber conocido a aquellas personas que desde una posición liberal se oponían al régimen y por haber tenido la oportunidad de ir a la Universidad". Sin ningún dramatismo ni asomo de nostalgia Soledad Becerril actual vicepresidenta del Parlamento, alcaldesa de Sevilla, primera ministra de la Democracia después de la muerte del General, vuelve la vista atrás para recordar aquellos años de la Transición y la oposición al franquismo desde una posición que ella define como liberal.

Entre comunistas.
Licenciada en Filología Inglesa Soledad Becerril llega a Sevilla en 1970, por amor, por su matrimonio con Rafael Atienza, hoy marqués de Salvatierra y nieto de quien había sido alcalde de Sevilla, Gaspar Atienza, antes de la Guerra Civil. Es en círculos intelectuales y en el ámbito cultural donde Soledad comienza a interesarse por la actividad política “siempre con el apoyo de la familia, de la mía propia y la de mi marido, nunca tuve problemas familiares en esto, sino mucho apoyo”. Sí vivió aquella joven la soledad de una actividad política no vinculada a los partidos tradicionales de la izquierda, “tengo que reconocer que mientras en otras ciudades españolas se organizaban grupos de personas en torno a posiciones liberales y conservadoras, pero seguras de que el régimen no podía ni debía perpetuarse, en Sevilla fue más difícil, fue un camino solitario". Abundan los comunistas, o aún más preciso, los compañeros de viaje del partido comunista a los que Soledad conoce a través de Ignacio Vázquez Parladé. “El PCE ofrecía una posibilidad de organización que era una salida para mucha gente plenamente antifranquista pero que en una normalidad democrática nunca se hubieran sentido comunistas”.


Editora de una revista libre. Comunistas en los círculos culturales a los que se acerca ella, especialmente desde 1974 cuando asume la dirección de la revista La Ilustración Regional, y liberales alrededor del grupo de Estudios Económicos que Jaime García Añoveros ha montado en el Banco Urquijo. “Tanto Jaime como Manuel Clavero fueron fundamentales en la formación de un centro democrático”, asegura Soledad quien, sin embargo, reconoce en la persona del desaparecido Joaquín Garrigues Walker a su iniciador y valedor político. “A Garrigues le conocí a través de una persona de Jerez, Gabriel Navarro, un monárquico leal a Don Juan”, una amistad que durará hasta la muerte de seguramente, uno de los políticos más lúcidos de la Transición.

De los procesados del 1.001, de la actividad del despacho de Felipe González, tiene Soledad noticias, reuniones, “pero no tuve gran contacto con ellos, más tarde sí los conocí a través de la revista La Ilustración Regional”. No quiere tampoco arrogarse ningún papel heroico, “había gente en la cárcel, gente en el exilio, las incomodidades que yo sufrí no pueden compararse”. Pero repite sentirse afortunada de haber podido darse cuenta a tiempo de la necesidad de la democracia, de la obsolescencia de una dictadura “que nos alejaba de Europa, del mundo”. Especialmente tiene Soledad Becerril, en aquellos años de la muerte de Franco, el recuerdo de una manifestación por la Amnistía: “Fue un orgullo estar allí, era donde tenía que estar y pude hacerlo”.


Política de vocación. El 20 de noviembre encuentra a Soledad fuera de España pero convencida de su vocación política y el interés por la vida pública. Enseguida, como militante del Partido Demócrata y Liberal, interviene en la organización de la UCD de Andalucía. “No fuimos nunca un partido, fuimos una coalición con todo lo que eso significa”. Sonríe Soledad cuando define como ingenuas la publicidad y el marketing de aquella primera campaña electoral de 1977 a las que se presentó como candidata al Congreso de los Diputados. “Recuerdo especialmente un mítin que alguien, no sé quién, organizó en el Cerro del Águila, qué disparate, qué osadía, supongo que no encontraron otro sitio, aunque tengo que reconocer que sin ser el público nuestros votantes, estuvo muy respetuoso, muy interesado”. Hasta el verde y naranja del icono electoral de UCD le parecen ahora “desvaídos, los carteles mal hechos, tal vez acertamos un poco más en los lemas cantados, ahí nos equivocamos menos”.

“Fueron años de gran actividad, de pasos acelerados para alcanzar la democracia, años llenos de sorpresas. Acordémonos cuando todo el mundo esperaba que tras la dimisión, forzada, de Arias Navarro, la Corona nombraría a Areilza y, de pronto, el Rey designa a Suárez, que para la inmensa mayoría era una persona desconocida”. Un hombre proveniente del mismo régimen al que había que liquidar y que ahora, con perspectiva, tiene el reconocimiento que merece.
“De aquella legislatura constituyente se ha hablado poco, de la cantidad de leyes que se modificaron, del cambio profundo de tantas instituciones, de los Pactos de la Moncloa, por ejemplo, a mi juicio uno de los grandes aciertos del presidente Suárez". En aquel Parlamento joven, ocupa Soledad Becerril la vicepresidencia de la Comisión de Cultura, la primera tarea de esta veterana que reconoce que con la democracia supo que la política era su vocación. “Tengo que reconocer que el trabajo parlamentario me gusta mucho, me parece muy interesante, pero que la política municipal es apasionante”. Eso lo dice veinticinco años después, tras haber estado doce años en el Ayuntamiento de Sevilla como alcaldesa, como primera teniente de alcalde y también en la oposición ya como miembro del Partido Popular, lo dice habiendo sido la primera mujer que ocupara un ministerio en la establecida democracia. Pero Soledad es ministra de Cultura en el último gobierno centrista, poco antes de la victoria del PSOE en el año 82 y tras la dimisión de Suárez.

Los errores se pagan.
Es que pasan muchas cosas y todas muy rápido, “empezamos a fracasar con el 28 de febrero, eso es obvio, fue un error que pagamos”. Tras el Referéndum de la Constitución y las elecciones constitucionales del 79, Soledad Becerril continúa en el Congreso, en aquella ocasión como vicepresidenta de la Mesa. “Hubo un momento crítico, se pensó que había que desacelerar el ritmo del Estado de las Autonomías, había presiones y tensiones, la equivocación fue que aquí, en Andalucía, ya se había iniciado el proceso del Referéndum y la UCD se encontró con que tenía que convocarlo y, a la vez, pedir la abstención”.
Recuerda, sobre todo, la dimisión de Manuel Clavero, el abandono del Gobierno y de la misma UCD. “Clavero actuó con coherencia, no estaba de acuerdo y se fue, su gesto fue fundamental para el desarrollo de todo lo que vino luego”. Lo que viene es la crónica de un fracaso anunciado, la crisis de UCD en Andalucía hace temblar a la coalición, tensionada ya, con voces discrepantes desde sus propias filas. “Claro que el PSOE jugó muy bien, libró la batalla electoral con la UCD en nombre de la autonomía y de la Andalucía agraviada. Se llegó a comparar el 151 con la panacea para el desarrollo, se dijeron muchos desatinos”. Cree Soledad que la campaña del Referéndum se libra en el terreno de la emoción, “pero una no se apunta siempre a ganar”, cree que los socialistas también tienen dudas sobre el proceso autonómico andaluz “pero al final se apuntaron con un discurso de una enorme carga demagógica pero eficaz”. Es el principio del fin, “el Gobierno perdió el Referendum, perdió Andalucía y luego, en el 82, el desastre, caímos en picado mientras Alianza Popular subía”.

La primera ministra.
Son años de mucha convulsión en los que los escenarios políticos cambian en cuestión de meses, a la dimisión de Suárez le sucede el Golpe del 23 de Febrero de 1981 y el Gobierno de Calvo Sotelo, en el que Soledad Becerril es nombrada ministra de Cultura. “Al Gobierno de Calvo Sotelo se le ha reconocido, luego, su valor”. Un Gobierno que nace con el susto de Tejero y que tiene que convivir con el juicio a los golpistas. “Yo viví en el Consejo de Ministros en el que el Gobierno decidió recurrir la sentencia de los encausados en el 23 de febrero, era natural que el Gobierno pidiera penas mayores para los que habían puesto en riesgo la democracia”, está convencida Soledad de que con los años se han ido reconociendo méritos de unos tiempos complicados de administrar, impensables en la normalidad democrática de hoy. Ella misma tiene que abandonar el despacho en el ministerio muchas tardes “para votar algunas leyes que si no, no salían”. Tiempos difíciles para una coalición que nunca es un partido, “más que traiciones es que no había la disciplina que hoy existe en los partidos”.
Convulsiones que acaban una noche de octubre de 1982 con Soledad Bccerril y Jaime García Añoveros dando la cara en la sede de UCD de la calle Betis, una noche de despedidas, “yo no abandoné la política, la política me abandonó a mí”. Éxitos que solo el tiempo reconocería, fracasos que dejan heridas aunque para Soledad Becerril “hubo una gran altura de miras en aquellos dirigentes de UCD, una gran dignidad en la aceptación de los resultados, en la asunción de la derrota”. Sonríe cuando recuerda la virulencia de aquella campaña, de su imagen como motivo de burlas en los mítines, uno de los blancos preferidos de Alfonso Guerra, “pagué el hecho de ser mujer, a los señores no les criticaban por su aspecto”, logró distanciarse, preservar sentimientos y amistades. “Hubo rupturas, sí, pero a muchas de aquellas personas yo las he vuelto a ver como amigos. La Transición se hizo con gran acierto. El Rey y el presidente Suárez fueron sus grandes artífices, si bien hay que señalar que los españoles fueron comprensivos en las dificultades; fueron generosos olvidando o dejando a un lado el pasado reciente, y que la UCD fue un gran invento”.
   
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