Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  18 de octubre de 2011
  Antonio Galán
  Jaime Loring: Un jesuita comprometido
  La figura de este jesuita, nacido en 1929, sin desempeñar el papel de cura obrero, sino el de cura intelectual, cobra un protagonismo especial en los años de la transición democrática. Su gran obra es la fundación de la institución universitaria ETEA en 1963, pero su autoridad moral y su talante progresista lo convierten en un referente de la ética política. Presidió el Círculo Juan XXIII y estuvo a punto de convertirse en alcalde de Córdoba, pero no se lo permitió el padre Arrupe. El Ayuntamiento le ha concedido la Medalla de Honor de la Ciudad por su participación en la vida social cordobesa. Su gran obsesión social es la lucha contra la pobreza en el mundo, por lo que lleva más de media vida colaborando con América Latina.

Huérfano de guerra.
Jaime Loring Miró pertenece a una familia numerosa de ocho hermanos, dos varones, jesuitas, y seis hembras, cinco de ellas monjas. La Guerra Civil produce en su familia una transformación radical. Antes de estallar el conflicto, en tiempos de la Monarquía, su padre tenía una fábrica de aviones y su círculo de amistades era el Rey, Calvo Sotelo, Maura, Gil Robles y casi todos los grandes mandatarios. Vendía los aviones al Estado y su nivel de vida era muy alto. El 22 de septiembre, dos meses después de iniciarse la guerra, fusilan a su padre en Madrid. En ese momento su madre se queda sin nada y con ocho hijos pequeños. La familia se traslada a Málaga buscando refugio en casa de una tía suya, pero como eran tantos de familia y no cabían todos en la casa, Jaime Loring entra interno en un colegio de jesuitas de El Palo cuando contaba ocho años. “En verano también me quedaba con ellos por falta de espacio en casa de mi tía –recuerda Loring– y yo era la mascota de los curas, era el huérfano de guerra. Me llevaban a la playa, me mimaban y se portaron conmigo de maravilla. Yo creo que esa vinculación afectiva con los jesuitas me marcó para siempre. Mi madre era una mujer profundamente religiosa, pero no una beata. Tampoco nos obligaba a ir a misa. Mi caso de que siete hermanos seamos religiosos no es único, hay muchas familias en la España de los años cuarenta del siglo XX en que varios hijos acaban en órdenes religiosas porque era costumbre de la época”.

Creación de ETEA. A los 15 años entra en el noviciado de los jesuitas y, tras completar su preparación en la Compañía de Jesús, su espíritu emprendedor e insaciable de conocimientos le lleva a una etapa de formación personal y académica en el que acumula numerosas carreras universitarias: Filosofía y Letras, Teología, Ciencias Económicas e ingeniero agrónomo. A mediados de la década de los cincuenta, un grupo de jesuitas con inquietudes sociales constituyen el denominado grupo social, que ve la necesidad de intervenir para crear alguna institución, no de curas obreros, sino de tipo intelectual, que pudiera aportar algo de luz en aquella época monolítica y represiva. Afirma Loring que “tras permanecer varios años en Francia adquiriendo una sólida base en Economía y Agricultura, que es donde curso la carrera de ingeniero agrónomo, en una misión encargada por aquel grupo social, recibo una carta del provincial de Andalucía, el padre José Antonio Sobrino, en la que me dice que antes de regresar a Córdoba visite escuelas e instituciones de ingenieros para asesorarme sobre un proyecto que los jesuitas preparan para Córdoba, aunque no me dijeron en aquel momento de qué se trataba”. Se estaba fraguando ya lo que sería la gran obra de Jaime Loring en Córdoba: la fundación de ETEA en 1963.

Al llegar a Córdoba le informan ya de todo lo que se estaba preparando. “Ocurrió –dice Loring– que había fallecido en una circunstancia desgraciada Rafael Luis, el hijo de don Lorenzo López Cubero. (Éste es padre del administrador apostólico, de su mismo nombre, que tuvo la titularidad del Obispado de Córdoba temporalmente en el periodo que media entre la marcha de Javier Martínez y la llegada de Juan José Asenjo). Don Lorenzo quería levantar una institución en memoria de su hijo y dona un capital y unos terrenos. Entonces el provincial de los jesuitas nos llama a los jóvenes estudiantes del grupo social y nos encarga el proyecto, aunque yo era el responsable. Pero nadie nos dijo qué teníamos que hacer en concreto. Por aquella época se había creado en Madrid el Icade y otros centros similares en otros puntos de España. Con ese modelo de escuelas de dirección de empresas, yo concibo una escuela agraria de dirección de empresas”. Loring es director de ETEA desde su fundación hasta 1970 y, posteriormente, desde 1980 a 1989.

Forman el núcleo de aquella primera etapa los padres Manuel Ramírez, Hermenegildo de la Campa, Luis Felipe Mendieta y el hermano Castillo, quienes después se van yendo poco a poco. “Aquello fue todo un poco improvisado –añade– y sin una planificación sólida. Yo mismo me invento el programa de estudios con la documentación que había traído de Francia y contrato los profesores en Córdoba de entre personas de reconocido prestigio: Manuel Santolalla, Paniagua, Luis Carreto, Manuel Medina y  Antonio Rodero Franganillo, entre otros”. El propio Loring se incorpora como profesor, iniciando una brillante carrera docente e investigadora de casi 40 años. Durante este tiempo han sido más de 6.000 los alumnos que han pasado por sus clases y que, a buen seguro, lo recuerdan con admiración. A todos ellos les ha transmitido conocimientos técnicos sobre el mundo de la economía, pero también les ha inculcado un espíritu crítico acerca de la realidad económica y sus  injusticias mundiales.

Presidente del Círculo Juan XXIII.
A principios de los años setenta, en plena vigencia del franquismo, Jaime Loring toma contacto con los movimientos progresistas y con los partidos de izquierdas a través del Círculo Juan XXIII de Córdoba. “No puedo decir que yo fuera antifranquista ni comunista, pero sí era incómodo para los gobernadores civiles porque estaba en total desacuerdo con el Movimiento. Recuerdo que organizamos un ciclo en ETEA por donde pasaron Felipe González, Alfonso Guerra y otros muchos nombres de la izquierda. Yo pedía los permisos correspondientes para no comprometer el nombre de ETEA y me lo concedían por aquello de que éramos jesuitas, pero sí me acuerdo de que todas las noches me llamaba el gobernador civil, Prudencio Landín Carrasco, para quejarse de que ese día se habían dicho ciertas cosas contra el régimen. Yo lo tranquilizaba quitándole importancia y diciéndole que se trataba de unas frases aisladas. En el fondo yo era incómodo para el régimen, pero tampoco le daba motivos para ir a por mí directamente. Es en aquella época cuando yo empiezo a ir por el Juan XXIII. Allí veo un ambiente de libertad, de creatividad, de democracia, de buscar otra cosa, empiezo a tener amistad con mucha gente del Partido Comunista y de otros movimientos a los que servía de cobijo aquella sede”. Más tarde, tras la muerte de Franco, Loring llega a ser presidente del Juan XXIII, animado por un grupo liderado por Teresa Álvarez, en un intento de revitalizar esta institución, que vivía un momento de deflación debido al protagonismo que empiezan a tener partidos y sindicatos, muchos de cuyos militantes empiezan a perder contacto con el conocido coloquialmente como El Yoni.

Arrupe lo veta para alcalde. Su talante conciliador y profundamente democrático lo convierte en un hombre carismático entre las fuerzas progresistas de Córdoba. Este tirón popular lo sitúa en el objetivo electoral del Partido Comunista, que pretende llevarlo de candidato a la Alcaldía de Córdoba en las primeras elecciones municipales de 1979. “En realidad no me hablaron de ser alcalde, con esa palabra, alcalde, aunque es de suponer que era así. En esa época los partidos no tienen gente conocida para presentar a las elecciones. Un día me citan Ernesto Caballero y Filomeno Aparicio y me proponen presentarme por el PCE. Yo les contesto que eso era algo que nunca había entrado en mis planes, pero que para aceptarlo tenía que consultar a la Compañía de Jesús. Se lo consulto al superior de mi casa, se queda extrañado, pero me remite al provincial. Éste también se extraña, pero no se opone tampoco y me remite al general de los jesuitas, el padre Arrupe. Entonces le escribo consultándole y Arrupe me contesta con una carta de cinco folios en la que expresa su disconformidad con esa intención mía. Yo le vuelvo a escribir: padre Arrupe, las razones que usted me da no me convencen del todo, pero el superior de la Compañía es usted, no soy yo, de modo que le voy a hacer caso. Y le dije: Córdoba ha perdido un alcalde, usted ha ganado un amigo”. Entre el Partido Comunista y la Compañía de Jesús, su decisión era clara.

Posteriormente, aunque nunca se convierte en militante de carné, sigue vinculado a las actividades del PCE y luego a IU, que lo nombra consejero suyo en algunas empresas municipales. También, aunque en menor medida, tiene contactos con gente del PSOE. La popularidad de Loring es tal que incluso le llega a tentar la derechista AP, a través de su gran amigo Julio Osorio cuando era gerente de Alianza Popular, para presentarlo como candidato al Senado. La respuesta de Loring era obvia. Posteriormente participa de forma activa por el no en el referéndum de la OTAN y se implica intensamente en la consecución de la autonomía para Andalucía por la vía rápida del artículo 151. Mucho más tarde, a finales de los años noventa, siendo presidente de la Diputación Provincial el socialista José Mellado le propone ser el responsable de la recién creada institución del Defensor del Ciudadano. En esta ocasión sí le conceden autorización sus superiores de la Compañía de Jesús, pero supeditan éste consentimiento al visto bueno del obispo, Javier Martínez, que no lo autoriza. A pesar de su implicación social y su singularidad como sacerdote comprometido, reconoce que no ha sufrido grandes problemas con la jerarquía eclesiástica. “Yo nunca tuve enfrentamientos con mis superiores, aunque sí tengo noticias de que a una parte de la curia cordobesa no le gustaban los artículos que escribía en el diario Córdoba, en el que cada domingo hacía un comentario sobre el Evangelio. Hubo algún intento para que dejara de escribir, pero no llegó a más el conflicto (Jaime Loring mantiene una colaboración semanal sobre temas de actualidad en el mencionado periódico desde 1985). Lo que sí puedo decir es que dentro de la Compañía de Jesús jamás he tenido problema alguno con nadie. Muy al contrario, me siento muy estimado”.

En 1980 termina su etapa como director de ETEA su gran amigo Adolfo Rodero Franganillo –“es una de las mejores personas que he conocido en mi vida”, dice de él Jaime Loring–, que ha sido su compañero inseparable en la difícil singladura de esta institución universitaria y Loring vuelve a la dirección, en una etapa en la que ETEA no acaba de despegar porque el título universitario que expide es privado y carece de oficialidad. Por ello, su gran objetivo es convertir ETEA en Facultad adscrita a la Universidad de Córdoba, que en aquella época era inconcebible. Pero sus habilidades diplomáticas, su tesón y su prestigio lograron arrancar de los despachos políticos y administrativos un placet que se antojaba entonces casi imposible.

Ellacuría y la teología de la liberación. Pero Jaime Loring, además de profesor e investigador, es un entusiasta colaborador con los países de América Latina, tarea que compatibiliza con la dirección de ETEA. Esta colaboración con países subdesarrollados es una de las principales señas de identidad de ETEA. Primero viaja a Paraguay y luego a la Argentina del dictador Videla, “donde existía un clima agobiante de represión y donde casi todo el mundo tenía un familiar desaparecido”. Añade Loring que “desde la prensa argentina sigo la guerra en Nicaragua y los sandinistas toman el poder el 19 de julio de 1979. Aquello me pareció, como a muchos, una luz internacional. En 1981 se traslada a Managua, donde conoce a Ignacio Ellacuría, rector de la Universidad de San Salvador, posteriormente asesinado por los paramilitares. A partir del año 1989 intensifica esta labor de colaboración con Latinoamérica, donde conoce las tesis de la Teología de la Liberación. “Si por Teología de la Liberación –matiza– entendemos que el mensaje de Jesús, el Evangelio, tiene una dimensión social, estoy absolutamente de acuerdo. Sin embargo, no comparto algunos términos por los que se justifica la violencia. Yo no soy partidario de la guerra por ninguno de los bandos. He tenido mucha simpatía personal por guerrilleros de El Salvador y de Nicaragua pero nunca he trabajado con la guerrilla. Yo lo que he hecho en estos países de Centroamérica y en Cuba es dar tres horas de clase de Teoría Financiera de lunes a viernes y participar en proyectos de desarrollo, pero también es cierto que luego existen unas relaciones personales y humanas extraordinariamente ricas y gratificantes”.

Actualmente, ya jubilado, es profesor emérito de ETEA y sigue manteniendo la actividad docente en Guatemala, El Salvador y Cuba durante varios meses al año. Paralelamente, está trabajando en dos libros. Uno, de análisis financiero, y el otro, sobre los problemas de la globalización y la pobreza mundial que, en su opinión, exigen una nueva teoría económica. Sostiene que el problema de la pobreza es agobiante y compara el mundo “con una ciudad donde cuatro de sus habitantes viven muy bien y 96 están muertos de hambre. Como estamos entre esos cuatro habitantes no nos damos cuenta de que hay que tomar medidas urgentes”.
   
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