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18 de octubre de 2011 |
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Antonio Galán |
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Antonio Alarcón Constant: El sueño de la estación |
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A Antonio Alarcón le toca el papel de ser quien entrega el bastón de mando del último Ayuntamiento de la Transición democrática de Córdoba a Julio Anguita, con quien le une desde entonces una sincera amistad. Con diez años como concejal y más de ocho como alcalde, Alarcón acumula una densa carrera política que no puede concluir con su gran sueño: la construcción de la nueva Estación de ferrocarril, aunque sí deja otras obras importantes para la ciudad.
Eslabón político. Afirma Alarcón que no le costó trabajo hacer de eslabón entre el anterior régimen y la primera Corporación democrática de 1979. Por su condición también de procurador en Cortes y consejero nacional del Movimiento, conocía como pocos cómo se preparaba la transición desde la cúspide del poder. Sus habilidades diplomáticas y su carácter abierto también contribuyen a facilitar esta Transición. A sus 80 años, aún conserva una memoria prodigiosa y ese porte distinguido del que sabe vestir el poder desde las buenas maneras que imprime la cuna de una familia acomodada. Antonio Alarcón Constant, nacido en Córdoba el 23 de noviembre de 1923 y casado con Magdalena Pallarés Muñoz-Cobo, entra de empleado muy joven en la bodega familiar, fundada en 1851, en la calle Mayor de Santa Marina. Hizo sus estudios primarios en la Escuela Superior Francesa y el bachillerato, en Cultura Española de los hermanos de La Salle.
En vacaciones de verano estudia Perito y Profesor Mercantil, que termina a la vez que se examina de Examen de Estado. Estos títulos le facilitan obtener posteriormente, con menos asignaturas, el título de licenciado en Ciencias Económicas. Cuando fallecen su padre y su tío se hace cargo de este negocio después de llegar a un acuerdo con sus hermanas y sus primos. La actividad de criador exportador de vinos lo introduce en el mundo asociativo e institucional de Córdoba: presidente del Sindicato de la Vid desde 1957 a 1971, vicepresidente del Consejo Regulador Montilla-Moriles, vocal de la Cámara de Comercio, presidente de la Cámara de la Propiedad Urbana y vocal del Consejo de Administración de la Caja Provincial de Ahorros.
Consejero nacional con Samaranch. En 1961 salta al mundo de la política municipal como concejal elegido por el tercio de Entidades. El alcalde le asigna una función discreta como es la Concejalía de Barriadas Periféricas y vocal de la comisión de Fiestas y Festejos. Cuando Cruz Conde, al que considera su maestro, deja el cargo para ser presidente de la Diputación Provincial, lo sustituye como alcalde Antonio Guzmán Reina, íntimo amigo de Alarcón. Éste lo asciende ya a séptimo teniente de alcalde en principio, sucediendo a su otro gran amigo Francisco Salinas Casana, en las áreas de Ferias y Festejos y Turismo. Pero su influencia en la Corporación es cada vez mayor y acaba asumiendo también Fomento y Urbanismo y la primera tenencia de Alcaldía, en la última etapa de Guzmán Reina. Antonio Alarcón toma posesión como alcalde el 4 de abril de 1971 y, a partir de ahí, se proyectaría también más tarde a la alta política nacional como procurador en Cortes por Córdoba, elegido por votación de los alcaldes de la provincia, y miembro del Consejo Nacional, en el que sólo había dos alcaldes y dos presidentes de Diputación.
Allí coincide con el que después llegaría a ser presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, a la sazón presidente de la Diputación de Barcelona. Al llegar a la Alcaldía dice Alarcón yo conocía perfectamente el Ayuntamiento y tenía conmigo un plantel de buenos funcionarios. La distribución de áreas entre mis antiguos compañeros se aceptó con normalidad, excepto González Barbero, que renuncia a la delegación, porque no quería Saneamiento.
Una Estación imposible. Mi principal objetivo como alcalde rememora Alarcón era solucionar el problema de la Estación. Mi primera reunión es con el ingeniero Carrere, y con Luis Felipe Medina como teniente de alcalde de Urbanismo, que fue a quien se le ocurrió soterrarla. Con un Urbanismo, que fue a quien se le ocurrió soterrarla. Con un plano que confecciona Carrere y unas fotos del periodista Ricardo, gran amigo, recientemente fallecido, envío a Madrid a una reunión en la Renfe, el 14 de abril de 1971, a Luis Felipe, con el arquitecto Javier Astolfi y Carrere, que era íntimo amigo de Sánchez Terán, director general de Renfe. Allí se plantea que el Ayuntamiento no acepta otra solución que el soterramiento, y prepararon mi entrevista con el Conde de Fontao, vicepresidente de Renfe. Después de muchas vicisitudes y secretos para evitar que otras ciudades con más influencia retrasaran en su beneficio nuestro plan, y gracias a la ayuda de los diputados de UCD, y en particular Cecilio Valverde, el Plan es aprobado por Real Decreto 3.622/1977 de 21 de diciembre de 1977 y se publica en el BOE el 23 de febrero de 1978. Las dos cajas de ahorros cordobesas también apoyaban el proyecto.
Renfe saca el proyecto a subasta, pero todas las empresas concurren al alza, por lo que desglosan la parte correspondiente a la estación de Mercancías del Higuerón, y una vez terminada ésta es cuando el Ayuntamiento rechaza la continuación de las obras y el ministro de Transportes, Álvarez, acepta encantado y se lleva el dinero a otro sitio. El objetivo fundamental señala Alarcón era liberar el centro comercial de la ciudad del cinturón ferroviario, prolongando hacia el Norte los jardines de la Victoria y el Gran Capitán. Era la continuación del centro comercial en unión de nuevas edificaciones, al estar el soterramiento a nivel, objetivo que no se ha conseguido luego, pues la zona comercial ha sido sustituida por jardines que siguen separando la ciudad. Y aquello sólo hubiera costado 500 millones de pesetas. Han sido 20 años perdidos y el valor añadido que esto supone. Pero, en fin, lo importante es que ya se tiene la estación y que la ciudad ha ganado muchísimo.
El resto de los problemas de la ciudad eran de continuidad e ir ampliando las infraestructuras, los saneamientos, la red eléctrica, escuelas, etcétera, conforme fuera creciendo la ciudad, de acuerdo con el Plan General de Ordenación. Yo le presenté al Rey una carpeta con 40 fichas en las que se contenían los principales problemas de Córdoba con sus correspondientes soluciones y sus presupuestos: la red de alcantarillado por el río, la estación depuradora, el nuevo aeropuerto, que al final se lo llevó Granada, el pantano de San Rafael de Navallana, el puente de la Torrecilla, que se está haciendo ahora, el azud móvil del Guadalquivir era un proyecto ambicioso y emblemático que pretendía integrar el río en la Ciudad convirtiéndolo en un espacio de ocio, con la elevación de la lámina de agua, etcétera. Para poder levantar los edificios del Gobierno Civil y el de Servicios Múltiples, durante su mandato en la Comisión de Ferias, hubo de trasladarse el recinto ferial desde Vista Alegre hasta los Jardines de la Victoria.
Sacar la Catedral de la Mezquita. Pero uno de los episodios más curiosos de su mandato y que desconoce la mayoría de los cordobeses tiene como protagonista a la Mezquita. Recuerda Alarcón que hubo un proyecto de Rafael Lahoz para sacar la Catedral de la Mezquita y ponerla al lado. Se llegaron a hacer sus estudios y sus proyectos. Pero como hubimos de recabar información y asesoramiento de organismos internacionales, el Icomos se desplazó a Córdoba y dijo que los monumentos había que conservarlos como estaban y que era impensable esa idea. Por aquella época de los años setenta son muy frecuentes los contactos de Córdoba con el mundo árabe.
En una ocasión dice Antonio Alarcón tuve un ofrecimiento de los países árabes de una cantidad extraordinaria de millones en 1976 para arreglar Medina Azahara y para levantar en nuestra ciudad una universidad árabe. Una vez se presenta un señor que venía de parte de la Casa Real. Nos vamos a comer al Caballo Rojo y allí me explica el proyecto. Luego me desplazo a Madrid a recorrer las embajadas de los países islámicos con Ramón Lozano en plan maratoniano y, en aquella intensa actividad, a Ramón le da una congestión de la que fallece al poco tiempo. Después de todas las gestiones, fue el ministro de la Vivienda, Alfonso Mortes, el que se opuso al proyecto. Pero no es la universidad árabe, sino la Universidad de Córdoba la que toma cuerpo en tiempos de Alarcón y que le vale a éste la Encomienda con Placa de Alfonso X el Sabio por su colaboración. También le es concedida la Gran Cruz del Mérito Militar por la total solución del abastecimiento de agua a los campamentos militares de Cerro Muriano.
La recuperación de la limpieza. En 1975, el Ayuntamiento recupera al fin el control directo de la limpieza de la ciudad, en manos de la empresa privada Serconsa, que deterioró paulatinamente la fama de Córdoba como ciudad limpia. Algunas de las principales obras ejecutadas bajo el mandato de Alarcón son la urbanización de El Higuerón y Villarrubia, sus alcantarillados y abastecimiento de aguas; acerado de Vallellano; pavimentación de República Argentina; primera fase de la urbanización del Sector Sur; reforma interior de Huerta de la Reina; enlace de Colón con Pérez Muñoz (actual Ollerías) por fuera de la Malmuerta, tapón insoportable para el tráfico; urbanización del polígono Amargacena, así como de Las Jaras, Los Villares, El Patriarca y El Tablero; alumbrado público en numerosas zonas de Córdoba; las obras de la segunda conducción del embalse del Guadalmellato a la depuradora de Villa Azul, con lo que se garantiza el agua potable para una población de 400.000 habitantes; en 1976 comienza a utilizarse el Teatro al Aire Libre construido por el Ayuntamiento (actualmente en desuso y abandonado).
En cuanto al Gran Teatro, aprueba una moción el Pleno para salvaguardarlo del derribo del que iba a ser objeto. Luis Felipe Medina me plantea que la única solución era pedir la declaración de utilidad pública e iniciar el expediente ante la Dirección General de Bellas Artes. Con esa base legal, Miguel Salcedo presenta la moción al Pleno que da lugar a la expropiación. Antonio Alarcón se encuentra en 1971 un presupuesto municipal de 300 millones de pesetas y en su último ejercicio, en 1978, ya era de 1.316 millones, cantidad insuficiente hasta para pagar la electricidad. Sin embargo, en diciembre del 79 el presupuesto municipal rebasaba los 4.000 millones.
Convivencia con la izquierda. Antonio Alarcón no fue un alcalde exclusivamente de despacho. La mayor parte de su labor la realiza en la calle, en contacto con la gente, especialmente con el mundo de las peñas, con las que colabora intensamente en sus tiempos de concejal y le conceden sus máximas distinciones. Es un enamorado de las tradiciones y costumbres cordobesas. Bajo su mandato se potencia el Concurso Nacional de Arte Flamenco añadiendo al cante las modalidades de guitarra y baile, que tantas figuras descubriría con los años. En el terreno político, en enero de 1976, Alarcón se enfrenta a Antonio Cruz Conde en las elecciones restringidas de alcaldes, en las que sólo participan los miembros de las corporaciones locales. Un grupo de concejales anima a concurrir al ex alcalde Cruz Conde, asegurándole que contaba con la mayoría. Pero Alarcón mantiene el sillón por 12 votos a 9. En este resultado tuvieron mucho que ver sus concejales Luis Felipe Medina y Arturo Gómez-Cima.
En 1977 se celebran las primeras elecciones generales de la democracia. El PSOE triunfa en Córdoba por un estrecho margen de votos sobre UCD, que vence a nivel nacional. A partir de ese momento Alarcón, desde la Alcaldía, se ve obligado a convivir con la oposición política, que prepara las primeras elecciones municipales de 1979. Yo recibía en mi despacho a todos los grupos políticos y me llevaba bien con todos ellos. Tengo una carta de agradecimiento del PSA y, al final, con quien tuve la mejor relación fue con el Partido Comunista, que designó a Julio Anguita como interlocutor para enterarse de todo lo que afectaba al Ayuntamiento. Estuve dos meses reuniéndome con él todos los días durante varias horas. Él llevaba un dossier y yo contestaba a todas las cuestiones que me planteaba. Desde entonces tengo una buena amistad con Anguita. Él sí me consideraba como alcalde, no así otros.
Antes de las municipales, Alarcón recibe una invitación del gobernador civil, Ansuátegui, para ir en las listas de UCD, pero yo ya tenía intención de retirarme porque llevaba 18 años en el Ayuntamiento y porque podía parecer que tenía un interés oculto en continuar. Todo lo contrario, entre la crisis del vino y la falta de atención a mi negocio se viene abajo la bodega. Por ello, cuando abandona el Ayuntamiento acepta un ofrecimiento para hacerse cargo de la dirección del Banco de Europa en Córdoba, hasta su jubilación. En la actualidad sigue estrechamente vinculado con el movimiento asociativo, el mundo y la cultura del flamenco y pertenece a la Asociación de críticos y estudiosos del flamenco. Como congresista de honor en la Asociación para el Fomento de Congresos de Arte Flamenco, defiende a ultranza el Concurso Nacional de Córdoba. Alarcón concluye que todo lo que se hizo en el Ayuntamiento que yo presidía fue fruto de una entrega desinteresada de todos sus componentes, que escribieron con su trabajo, y hasta con sus defectos, la historia de Córdoba durante un largo período. Hoy que se escribe la historia con renglones torcidos o saltándose muchos de ellos, es de agradecer esta circunstancia. Soy feliz de haber sido alcalde de la ciudad que me vio nacer, que es el mejor cargo que puede desear quien, como yo, quiere a su ciudad, y que con la ayuda de San Rafael trabajó al servicio de sus ciudadanos. |
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