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27 de septiembre de 2011 |
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Cristina Mellado |
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Luis Felipe Alcaraz: Partidos de masas |
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Diputado por el PCE en 1979 -único que ha enviado la provincia a Madrid en unas elecciones generales-, parlamentario andaluz en los ochenta, de nuevo en el Congreso desde 1993, ahora por Sevilla, Secretario General de los comunistas andaluces durante muchos años, Luis Felipe Alcaraz, profesor de Filología románica, padre de cuatro hijos, poeta, uno de los mejores y ocurrentes oradores de IU, y por ello portavoz de su grupo en el Congreso, es una persona clave en la transición jiennense.
P.- Usted llega a Jaén desde Granada como profesor del Colegio Universitario al inicio de los años setenta, ¿qué recuerda de aquel Colegio, de su papel en los últimos años del franquismo? R.- En Jaén hubo una caída muy fuerte del PCE justo hacia 1970, en Torredonjimeno, en la capital, en muchas localidades; entonces, con todo el núcleo del partido en la cárcel, se inicia una recuperación que va a tener su eje en el Colegio Universitario, donde profesores y alumnos comienzan a tomar protagonismo, contactan con gentes de barrios de la capital, de pueblos. Es una labor intensa, tan fructífera que el partido llegó a tener los 7.000 militantes en la provincia pocos años después.
P.- ¿Pensaban entonces que la legalización estuviese tan cerca? R.- Nosotros teníamos la idea de ir saliendo a la superficie, y a ello ayudaba la circunstancia de que algunos fuésemos profesores universitarios, yo fui en algún momento subdirector del Colegio. Dentro de esa estrategia de salida a la superficie, ya en 1976, se inscribe por ejemplo la llegada de Ignacio Gallego a Jaén, con el conocido zafarrancho, ese día llegamos a concentrar mas de 5.000 personas. Cuando fui nombrado, en enero de 1975, secretario provincial del partido tenía muy claro que la salida a la superficie era imparable.
Recuerdo que mantuvimos una reunión con José Benítez Rufo, que luego sería presidente del Partido Comunista en Andalucía, en el campo, en una modesta casa rural que aportaba un militante del partido, José Expósito: allí llegamos a la conclusión de que había ya que buscar sedes. Llegaron las primeras manifestaciones, como aquella masiva en demanda de amnistía, hubo también una huelga de profesores del propio Colegio Universitario. Pero al mismo tiempo, se produjo algún intento de desarticulación por la policía, que nos vigilaba, yo tuve que salir huyendo en alguna ocasión. Era también el tiempo de la Junta Democrática, alguna reunión de tuvimos que celebrarla en Granada.
P.- ¿Cómo se entroncan esos sectores, el universitario, nuevo, con el más tradicional, agrario, en el PCE? R.- Jaén era una provincia muy dura, había sido muy reprimida; los espacios de libertad que yo conocía en Granada, en Jaén no los encontraba. Pero las raíces estaban ahí, y los universitarios comenzamos a conectar con la gente en los pueblos, lo hacía también el Partido Socialista, y muchas veces el que primero llegaba era el que conseguía los afiliados, se mantenía incluso la memoria de que en la guerra se había hecho la unidad entre ambos partidos. Las raíces eran tan fuertes que en poco tiempo se configuraron en Jaén auténticos partidos de masas, y ello explica, por ejemplo, que en las primeras elecciones democráticas el PCE sacase muchos más votos que Domingo Solís, que había sido el hombre más poderoso en la provincia en los años anteriores, era el dueño de Jaén, y creía que iba a arrasar.
P.- Por cierto, ¿fue difícil pasar de un candidato llegado de Madrid en 1977 a un candidato elegido por las bases en 1979? R.- No, lo analizó el comité provincial, lo aprobó y así se lo expusimos a Carrillo. En las primeras elecciones se vio que había que presentar en todas partes la gente más conocida, pero en las siguientes se coincidió en que debía ser la gente que estaba en la lucha diaria en cada provincia.
P.- ¿Pudo estar implicado Solís en el 23-F?. R.- Creo que no, lo de Solís era una dominación utilizando las cooperativas, pero que no se tradujo en influencia política y se vino abajo ya en 1977.
P.- ¿Les sorprendió el éxito de las primeras elecciones municipales? R.- Se consiguieron pueblos importantes, como Torredonjimeno o Huelma, y salieron elegidos muchos concejales. Pero le haré una observación, Jaén entonces era una provincia muy politizada, con un debate profundo en las bases donde se discutía todo, no ganamos por un discurso municipalista, se había superado el miedo y eso conectaba con un discurso muy politizado, de explotadores y explotados.
P.- Pero en las elecciones del 77 había todavía miedo... R.- Sí, entonces tu dabas en muchos pueblos un mitin y tenías que llevar unos buenos altavoces, porque sabías que la gente, estaba asistiendo al mitin, pero en sus casas, tras las cortinas.
P.- ¿Qué gente acudió al partido, que permitió alcanzar esos 7.000 afiliados que antes indicaba? R.- Primero desde luego, todas las raíces, pero también conseguimos un fuerte contingente de estudiantes a todos los niveles comenzando claro por lo que había sido el núcleo de recuperación, el Colegio Universitario. Se apuntó mucha gente, mucha gente joven, gente que se hizo marxista más a través de la lucha diaria que mediante la lectura, aunque desde luego ésta también se facilitaba desde el partido, se hacía un esfuerzo de formación.
P.- ¿Hubo mucha afiliación procedentes de sectores católicos? R.- La hubo, en efecto, Anguita Peragón, que me sucedió al frente del partido en la provincia, es un buen ejemplo.
P.- ¿Cómo eran las relaciones con Comisiones Obreras? R.- Muy buenas, eran de reinvención de dos estructuras de forma paralela, en muchos casos compartíamos sedes, con puertas diferentes, luego se han ido separando, era una labor de conjunción de esfuerzos.
P.- Y volvieron los exiliados. R.- En Jaén especialmente dos, Ignacio Gallego y Félix Pérez Ga-rrido. En la distribución del aparato histórico que hizo Carrillo cada uno volvió a sus orígenes. Félix Pérez, que era de Martos y venía de París, trasvasó su experiencia, dio conferencias, mítines, sobre todo entre el 77 y el 82, aproximadamente.
P.- ¿Fueron difíciles las relaciones con Ignacio Gallego? R.- No. Se presentó en el 77 por Córdoba, y salió, luego por Málaga, y salió. En el 82 se presentó por Jaén, pero ya no salió. Eran buenas relaciones, pero conviene sacar alguna lección de ahí. Los militantes no estaban en el partido por el carisma de algunas personas, o por su historia, a Ignacio se le quería, Carrillo tenía un gran protagonismo. Pero cuando deciden escindirse, tanto Carrillo como Ignacio fracasan, la gente no los siguen. En muy pocos sitios se produce la escisión. Cuando Gallego funda el PCPE, en Jaén apenas le siguen, la militancia se mantiene con el partido y con su lucha política.
P.- Los municipios fueron escuela política en aquella coyuntura. R.- Si, nosotros siempre hemos sido una fuerza municipalista, de abajo a arriba, estábamos muy pegados al terreno, a los servicios públicos, a la participación ciudadana. Funcionamos muy cerca de la gente y eso se transmitía hacia arriba.
P.- ¿Cómo vivió el 23-F? R.- En el Congreso, a donde llegué un poco tarde y sin haber almorzado. Recuerdo la mirada de Rafael Escuredo, como diciendo otra vez..., recuerdo también que un guardia civil que me acompañó a los servicios me dijo hay que ver lo que nos obligan a hacer ustedes. Nos daban agua con azúcar y sólo teníamos referencias del exterior a través de una radio que tenía Abril Martorell. Por los gestos de los que entraban y salían constantemente fui constatando que no habían logrado sus objetivos.
P.- En Jaén hubo calma tensa. R.- Nuestros militantes no se ocultaron, encendieron las luces en las sedes y estuvieron allí toda la noche. El miedo mayor que teníamos era que la ultraderecha hubiese decidido sacar las armas, no miedo a la Guardia Civil, sino a que la ultraderecha se lanzase a la calle, porque sabíamos que tenían armas, habían alardeado de ello. En muchos pueblos nuestra gente se preparó por si ocurría algo, pero no ocurrió nada y se demostró entonces que no tenían eco.
P.- Fue emocionante la campaña de la autonomía. R.- Jaén era un poco como el Macondo de García Márquez, con una gran variedad de paisajes humanos, pero hasta entonces algo al margen. Fue una campaña con Landelino Lavilla enfrente afirmando que el marxismo iba a acabar con la unidad de España. Y ganamos. Pero aquellas papeletas tan finas, tenían en muchos casos otras papeletas o sobres pegados y se anularon. Esa misma noche, el 28 de febrero, hicimos octavillas con un letrero, Pucherazo, y de inmediato Filomeno Aparicio hizo un recurso que finalmente se ganó. Fueron unos días difíciles, con una cierta vergüen-za de que por culpa nuestra no hubiese pasado la autonomía. Luego siguió la batalla para cambiar la Ley de modalidades de Referéndum. Y luego la LOAPA, que también supimos superar.
P.- ¿Cómo fue esa última batalla? R.- Yo intervine en la comisión mixta Congreso-Senado, fui ponente, hubo muchos problemas con la LOAPA, una ley restrictiva, pero creo que se consiguió cortar la influencia de dicha ley en el Estatuto de Autonomía. Allí se veían las caras Martín Villa y Guerra y éste, a mi juicio, era consciente de que no podía entrar la LOAPA en el estatuto andaluz, después de la sublevación andaluza para dotar a su estatuto de competencias plenas hubiese sido una barbaridad, un recorte por arriba. El resultado es que se salvó el estatuto andaluz y se aprobó con competencias máximas. La única huella que quedó, a mi juicio, fueron las trabas para la moción de censura, pero las competencias y un parlamento de verdad se consiguieron.
P.- ¿Nombres que recuerde de la transición jiennense? R.- El núcleo de recuperación fue sin duda el Colegio Universitario y un matrimonio, Rosario Ramírez y Cayetano Rodríguez, pero también Carlos Expósito, en Andujar, Pepe Fernández El Rubio; el grupo, fortísimo, de unos 50 camaradas, en Torredonjimeno, Mariano Rodríguez, Concha Caballero, Leocadio Fernández, el grupo de Úbeda...
P.- ¿Qué se nos quedó fuera, qué sacrificamos en la transición jiennense?. R.- Ahora vemos que hubo un acuerdo contra la memoria, una especie de estrategia de Alzheimer. Estamos haciendo esfuerzos por recuperarla porque da la impresión de que no existió el franquismo. Y el franquismo en Jaén fue muy duro, y lo fueron las condiciones sociales. Pero Jaén sigue siendo zona de paso, o ese Macondo aparte.
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