Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  18 de octubre de 2011
  Antonio Galán
  José Javier Rodíguez Alcaide: Un centrista por la autonomía
  En aquella Córdoba aún del régimen anterior, sorprende por inusual la irrupción en política de este profesor universitario para reclamar la autonomía andaluza desde una posición centrista y con unas profundas convicciones social-liberales. Su carrera política activa, aunque no muy larga (1975-1982), es tan densa como su currículum profesional y académico. La formación que promueve, el Partido Social Liberal Andaluz, es un eslabón clave para entender el actual proceso autonómico. Su encendida defensa del artículo 151 frente la vía lenta del 143 de la Constitución le lleva a un enfrentamiento con los ‘barones’ de UCD (donde se integra el PSLA), que provoca a la postre su retirada política. Ahora el paso del tiempo le ha dado la razón.

Con el grupo de Sevilla.
José Javier Rodríguez Alcaide, nacido en Baena en 1938, es un investigador que fundamenta su regionalismo en muchos años de estudio de la realidad económica y social de Andalucía. Catedrático de Economía de la Universidad de Córdoba, fue diputado constituyente de UCD al Congreso por Córdoba en 1977 y luego repetiría en la siguiente legislatura. Asimismo, ejerció el cargo de secretario regional de UCD durante tres años y secretario general técnico del Ministerio de Agricultura.

En el terreno profesional, ha estado vinculado a innumerables proyectos empresariales: entre otros muchos, presidente del diario Córdoba, vicepresidente de la Caja Provincial de Ahorros de Córdoba, presidente de Aceites de oliva Vírgenes de Baena, fundador de Alimentaria del Genil y director del gabinete de Organización del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba. También ha presidido el Consejo Económico y Social de Córdoba y ha pertenecido al  Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Su paso a la política se produce estando de coordinador científico del Instituto de Desarrrollo Regional de la Universidad de Sevilla, cuyo director era Jaime García Añoveros y el rector de la Universidad, Manuel Clavero Arévalo, su presidente. “Esta circunstancia –recuerda Rodríguez Alcaide– me permite entrar en el grupo de Sevilla que estaba intentando organizar un partido allá por junio de 1975, previendo que Franco podía fallecer. Entonces yo me incorporo a ese movimiento que pretendía crear un partido social liberal y cuyo núcleo estaba formado por Clavero, Olivencia y García Añoveros. Había otro núcleo en Sevilla, liderado por Soledad Becerril, que organizó La Ilustración Regional. De ahí surge el proyecto de crear un partido, que sería el futuro Partido Social Liberal Andaluz (PSLA)”. En Córdoba, el otro hombre clave del PSLA sería Antonio José Delgado de Jesús, que se incorpora en junio de 1976 y cuya trayectoria política iría siempre unida a Rodríguez Alcaide, formando un tándem indisoluble de la vida política cordobesa. En aquel momento ya existe una intensa actividad en la preparación de las listas para las primeras elecciones generales.

El PSLA se constituye en Córdoba con unos 150 militantes, entre los que estaban Alfonso Castilla, que luego se retiraría, Juan José Mora y otra serie de profesionales, muchos de los cuales no siguieron en la política. Pero son Rodríguez Alcaide y Delgado de Jesús los impulsores de este proyecto, con una gran actividad por todos los pueblos de la provincia, cuando aún existía mucho miedo a hablar de política. “Recuerdo que había que hacer las reuniones en encuentros semiclandestinos y con pocas personas. En Lucena el hombre fuerte fue José Gutiérrez, que luego llegaría a ser alcalde, y también teníamos mucha actividad en Santa Eufemia. Este movimiento caló sobre todo en los pueblos de la Sierra, que eran los más avanzados políticamente y con menos miedo. En la Campiña se movieron mucho Guadalcázar, San Sebastián de los Ballesteros, Santaella y La Guijarrosa. En Cabra y Priego también tuvimos mucho predicamento”.

Cuando llega el momento de formar las listas de las elecciones generales de 1977, se incorpora Cecilio Valverde y ya empieza el movimiento de distintos grupos por situarse en línea de salida: los liberales, entre los que destaca Carmelo Casaño, los tácitos y el notario Marín Sicilia. Calvo Sotelo le da el poder a Cecilio Valverde para que haga las listas. Se pacta desde un principio que la candidatura estaría encabezada por Rodríguez Alcaide, Carmelo Casaño de segundo por influencia de Joaquín Garrigues y la discusión estaba en el tercer puesto, que se lo disputaban Marín Sicilia y Delgado de Jesús, siendo éste el que lo consiguió. Los tres salieron de parlamentarios del Congreso de los Diputados y Cecilio Valverde obtuvo un escaño de senador por un estrechísimo margen de votos sobre su compañero de partido Miguel Manzanares, que, en principio, obtuvo el escaño, pero lo perdió tras revisarse unas actas de un pueblo de la Subbética. Pese a los buenos vientos electorales, el PSLA pasa por muchas dificultades económicas y políticas. “Pedimos financiación a grupos empresariales y nos la negaron –afirma Rodríguez Alcaide– porque nos ponían como condición que nos integráramos en la derecha con Coalición Democrática con Fraga, el conde de Motrico y los siete magníficos. Sólo una empresa de Córdoba nos dio 25.000 pesetas. También suscitábamos las críticas y la desconfianza del régimen anterior, que nos consideraban rojos y traidores, mientras que la izquierda nos tildaba de carcas y carrozas. Ello significaba para nosotros que estábamos en el centro, bien situados”.

La preautonomía.
El periodo de junio de 1977 a marzo de 1979 es un periodo constituyente. Ya van confluyendo los grandes pasos como la legalización del PCE y la elaboración de la Constitución. También es un tiempo de rechazo de las autonomías, de miedo a una España autonómica. “Realmente la gran crisis de nuestra Constitución, que sigue todavía después de 25 años –reflexiona Rodríguez Alcaide–, era que en el país no se veía claro lo de las autonomías y lo de darle tanto poder a catalanes, vascos y gallegos. Entonces en Córdoba lo que se vive es un movimiento regionalista muy fuerte, gracias a la presencia del PSLA. Si en Córdoba no hubiera existido esta fuerza, el movimiento autonomista no hubiera existido en nuestra provincia, como no existió en Huelva, en Almería, en Granada o Jaén. Sí tuvo más fuerza en Sevilla, en Cádiz, en Málaga y un poquito en Huelva. En aquellos tiempos los demás partidos no tenían nada de autonomistas. El PSOE tenía un concepto de la España federal y el PCE, de la España centralizada, aunque se apuntan después a la autonomía, porque por ahí va el deseo de los andaluces, pero no por convencimiento.

De septiembre de 1977 a julio de 1978, Rodríguez Alcaide tiene un papel fundamental en la preautonomía como coordinador de la Asamblea de Parlamentarios, diputados y senadores andaluces, junto a los ocho presidentes de las diputaciones provinciales andaluzas, que elige al primer presidente de Andalucía, con carácter autonómico, Plácido Fernández Viagas. Antes había habido otros precursores. “Cuando nadie se atrevía a alzar su voz –recuerda José Javier Rodríguez Alcaide–, tras la muerte de Franco, el 30 de noviembre de 1975, el diputado provincial Miguel Manzanares López lanzó en el Pleno de la Diputación de Córdoba de aquel año el arrebato hacia el movimiento autonomista andaluz, enlazando con la Asamblea celebrada en 1933 en el Círculo de la Amistad de Córdoba”.

El PSOE había designado a Plácido Fernández Viagas candidato a la presidencia de la preautonomía, vetando la propuesta de Escuredo, quien había tenido un gran protagonismo en la Asamblea de parlamentarios. “UCD me da el encargo de negociar el reparto de carteras con el PSOE –afirma Rodríguez Alcaide–. El pacto lo cierro con Alfonso Guerra en el restaurante O’Hara, cerca del Congreso de los Diputados. Si bien le propuse que UCD vería con agrado que la presidencia de la Junta preautonómica recayera en Escuredo, Alfonso Guerra no aceptó la sugerencia. Luego, un año más tarde, tras la dimisión de Fernández Viagas, aquél se convertiría en el segundo presidente autonómico. El reparto de carteras fue de tras para el PSOE, tres para UCD, uno para el PCE y uno para un independiente. Se resolvió rápidamente, pues ambos éramos conscientes de que lo importante era diseñar un mecanismo de negociación de transferencias desde el Estado a la Junta preautonómica”.

Rodríguez Alcaide considera que Fernández Viagas era un juez democrático, pero desconocido. “Por el contrario, yo había coincidido en las Cortes con Escuredo, ya que él era diputado por Sevilla y los veía más como un mánager creativo, capaz de impulsar la autonomía, como después se demostró. En la negociación, yo sabía que Guerra había vetado ya a Escuredo en una reunión previa que había tenido el PSOE, pero aún así le dije a Alfonso Guerra  que se equivocaba y que debería poner a Rafael Escuredo en la presidencia y no al frente de la Consejería de Obras Públicas como lo puso. También es verdad que Fernández Viagas, en unión de otros muchos, consiguió el Pacto de Antequera. Aquello permitió tomar la iniciativa para el referéndum réndum por la vía del articulo 151. Después le sucede Escuredo, que fue el  que verdaderamente lanzó el referéndum con su huelga de hambre y su lucha a todos los niveles y luego el referéndum de ratificación”.

Debacle en UCD.
En 1979 llegan las segundas elecciones generales, que producen un cisma en el partido. Cecilio Valverde pretende ser a toda costa el número uno de la lista. Se somete a votación en la dirección del partido y se decide repetir la candidatura del año 1977 en el mismo orden, mientras que a Cecilio se le propone para el Senado. Como éste no estaba conforme, tuvo muchas dudas y hasta última hora no presentó su candidatura como senador. Luego llegaría a presidente del Senado cuando hubo que suceder a Antonio Fontán y fue el propio Suárez el que se decantó por Cecilio Valverde en lugar de por Guerra Zunzunegui, que era el otro candidato centrista. Así pues, Rodríguez Alcaide repite como cabeza de lista por UCD (el PSLA se había integrado ya en la formación centrista) y vuelve a salir reelegido junto con Carmelo Casaño y Delgado de Jesús.

Tras las elecciones de 1979 llega una dura batalla en el seno de la UCD, que provoca una fuerte división entre los partidarios de la vía rápida de la autonomía por la vía del artículo 151, entre los que se encuentran Rodríguez Alcaide, y los que abogan por la vía lenta. “A mí me sorprendió la postura de algunos compañeros como García Añoveros, que hasta entonces había mantenido una clara línea autonomista, pero quizás estuviera condicionado por la postura oficial del Gobierno, ya que en aquel momento era ministro de Hacienda. Se produce aquel drama tremendo para la UCD de no entender que Andalucía iba por el camino para tener los mismos derechos que el resto de las autonomías históricas. Querían enviarnos por la vía lenta y hubiéramos tardado 20 años en tener las competencias, como estamos viendo ahora con otras autonomías como Castilla La Mancha. No me sorprendió, en cambio, la postura de Cecilio Valverde, que estaba claramente en la órbita de Suárez”. Otros, sin embargo, mostraron una actitud más valiente, como el ministro de Cultura, Manuel Clavero Arévalo, que presentó su dimisión.

Esta época la recuerda Rodríguez Alcaide como una de las más duras de su carrera política. “Antonio José Delgado de Jesús y yo, que defendíamos la línea del 151, lo pasamos mal porque teníamos los teléfonos pinchados y estaban pendientes de todos nuestros movimientos. Ellos decían que España se podía romper y yo les replicaba que era todo lo contrario, que si en Andalucía triunfaba la autonomía seríamos el equilibrio de la zona Norte y de hecho se está demostrando que es así, porque Andalucía no es secesionista”.

Adiós a la política.
Rodríguez Alcaide, que había permanecido en el frente político de forma intensa desde 1975, empieza un progresivo alejamiento de la política cuando en junio de 1979 presenta su dimisión como presidente provincial de UCD, poco después de las elecciones municipales, donde su partido es la lista más votada en el Ayuntamiento de Córdoba, aunque luego se queda en la oposición por el pacto de izquierdas, y además consigue la Diputación, con Diego Romero de presidente, que era el candidato a la Alcaldía. Tras su renuncia, se produce una dura pugna por ocupar la  presidencia del partido entre Cecilio Valverde y Delgado de Jesús, resuelta a favor del que ya era presidente del Senado, por muy estrecho margen de votos. “Cecilio tuvo el apoyo del gobernador civil de entonces, Ansuátegui, y de todo el aparato estatal del partido”.
“Tras aquello yo huelo que la UCD no es partido y lo intuyo a raíz de un hecho que ocurrió. Nosotros teníamos dos inmuebles en la zona aneja a lo que era entonces Galerías Preciados. Estaban hipotecados por la Caja Provincial de Ahorros. Uno de ellos estaba puesto a nombre mío, de Cecilio y de Miguel Manzanares, y otro a mi nombre, de Cecilio y Pepe Muñiz. Nosotros éramos los testaferros, pero no eran nuestros. Entonces le dije a Rafael Arias, secretario general de UCD, que había que poner estas sedes a nombre del partido, puesto que no eran nuestras. Cuando me dice que no se haga, empiezo a sospechar que no hay vocación de que UCD se mantenga como partido durante mucho tiempo y empiezo a preguntarme qué pacto existe para dejar el poder a la izquierda y dar legitimidad a la monarquía parlamentaria. Si no era así, no tenía sentido que no quisieran escriturar las sedes a nombre del partido si pensaba mantenerse mucho tiempo como formación política. Luego vendría la debacle para UCD con la dimisión de Suárez, el golpe de Estado y todos los acontecimientos que se precipitaron entonces y que marcaron el rumbo político de España.

Rodríguez Alcaide recuerda con intensidad la intentona de Tejero del 23 de febrero de 1981 y fue una de las pocas personas que hubo de abandonar el hemiciclo en camilla antes de que salieran sus compañeros parlamentarios. “Aquel día había cogido el avión en Sevilla y sólo había tomado un poleo por la mañana y un pincho de tortilla en el aeropuerto, porque llegué con el tiempo justo. De modo que entré al Parlamento sobre las cuatro de la tarde. Después se produjo el asalto de Tejero y la retención de todos los diputados. Como no había comido nada, cuando fui a orinar sobre las seis de la mañana, con un guardia civil apuntándome con una metralleta en los riñones, sufrí una bajada de tensión, me caí al suelo y amanecí lleno de cables en el hospital de la Paz. Me dieron de comer y ya me recuperé. Luego fue a recogerme Antonio Gracia Bello, que era asesor de Juan Antonio García Díez y me llevó a su casa. Luego volví al Hotel Palace y de allí nos recogieron a los diputados cordobeses en unos coches que nos envió el presidente de la Diputación, Diego Romero.

Ahora, echando la vista atrás, Rodríguez Alcaide afirma que valió la pena toda aquella lucha 25 años después. “Escribí y me alegra repetir –dice– que la España de las autonomías no es un capricho ni una arbitrariedad de la clase política, sino una profunda necesidad para la unidad de España y para el sistema democrático, como ahora estamos viendo ante las exigencias del PNV y otros nacionalismos”.
   
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