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25 de octubre de 2011 |
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Antonio Galán |
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Francisco Martín López: Un ciclón andalucista |
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Francisco Martín, junto con Pepe Aumente, es la referencia histórica del andalucismo en Córdoba y un personaje clave de la Transición. Secretario provincial del PSA durante largos años, se convierte en uno de los principales pilares del primer gobierno municipal de la democracia, que comparte su partido con Julio Anguita como alcalde. Catedrático e investigador docente, ha ocupado casi la mitad de su vida en cargos públicos de representación política y universitaria.
Humanista. De carácter inconformista y rebelde, hiperactivo, locuaz y extrovertido, Paco Martín es uno de esos políticos de raza que ha dejado impronta en una época histórica de Córdoba. Pero detrás de esa faceta se esconde también un historiador y humanista, apasionado por la investigación y la docencia. Casado y con dos hijos, nace en 1944 en Granada, donde estudia sus primeras letras y el bachillerato con los Hermanos Maristas y, posteriormente, en el instituto público Padre Suárez, donde tiene oportunidad de conectar con el historiador Antonio Domínguez Ortiz, que, en cierto modo, ya marca su futuro profesional. Simultanea los estudios de Derecho y Filosofía y Letras en Granada, aunque su vocación se va perfilando hacia el mundo humanístico más que hacia el campo jurídico. Tras ampliar estudios en las universidades de Columbia (Estados Unidos), la Sorbona y Pau en esta última conoce al profesor Tuñón de Lara, obtiene con 24 años la cátedra de Historia General de España de la Universidad de La Laguna y permanece en Canarias desde 1969 a 1974. Esos cinco años fueron inolvidables para mí afirma porque conocí a fondo el archipiélago, conocí también el movimiento nacionalista canario y recibí la enseñanza de maestros que se refugiaron en la Laguna tras ser expulsados por el régimen de Franco después de las famosas huelgas estudiantiles, como fue el caso de los profesores Enrique Tierno Galván y José Luis Aranguren.
Pese a que Francisco Martín sintoniza a fondo con aquel oasis universitario liberal y progresista frente a la universidad mayoritariamente franquista de la Península, la presión familiar del joven matrimonio se había casado en 1970 le lleva a pedir el traslado a la recién creada Universidad de Córdoba en octubre de 1974. Aquí surge dice uno de los primeros dilemas importantes de mi vida: transigir con la estructura que tenía en aquellos momentos la universidad cordobesa u oponerme radicalmente a su modelo de gestión. Como catedrático de la Escuela de Formación del Profesorado de EGB, me di cuenta de que, viniendo de universidades abiertas y avanzadas como las de Granada y La Laguna, al llegar a Córdoba me encuentro una universidad provinciana, descoordinada, atrasada y, lo que es peor, administrada por un presidente de comisión gestora autoritario y franquista, nombrado a dedo por el ministro de Educación, que no fue nunca rector elegido por el Claustro de la Universidad, como es don Francisco Castejón Calderón, dicho esto sin rencor, sino simplemente contextualizando la situación, y es normal que se produjera un choque generacional. Siendo ya director de la Escuela Universitaria de Magisterio se rebela contra Castejón, que pretendía expulsarle a 18 profesores progresistas de su centro mediante la no renovación de contratos. Sin embargo, logra llevar esta cuestión a votación secreta de la junta de gobierno, que desautoriza los despidos y da la razón a Paco Martín. Éste convierte la Escuela de Magisterio en un centro de referencia de la cultura democrática, abierto a los nuevos movimientos sociales y políticos que luchaban contra el régimen. Así, a través de conferencias de los más destacados líderes de la oposición, de ciclos de cine y de teatro, y de recitales de poesía en los que llegó a participar Rafael Alberti, se crea una conciencia social y un semillero político de maestros de escuela del que saldrían numerosos dirigentes, entre ellos, los ex alcaldes Julio Anguita y Herminio Trigo.
Encuentro con Aumente. En 1974, el decano de la Facultad de Filosofía y Letras, José Manuel Cuenca Toribio, recién llegado de la Universidad de Valencia, le propone colaborar con él en la organización del I Congreso de Historia de Andalucía. Aquella idea me entusiasma recuerda con satisfacción y yo le pongo una sola condición: que aquel foro estuviera abierto a todas las corrientes historiográficas. Conseguimos un Congreso antológico, porque vinieron profesores de todo el mundo. Una de las personas que más contribuyeron a su internacionalización fue José Manuel Tuñón de Lara, con el que me unía una gran amistad. Y es precisamente en el marco de la preparación del Congreso cuando contacta con José Aumente, el gran intelectual cordobés que sería ya el compañero inseparable de Paco Martín en las filas andalucistas hasta que fallece en 1996. Paco Martín se deshace en elogios hacia Aumente del que confiesa que recibió una gran formación ética, política y humana. Yo le propuse que formara parte del comité científico de una sección del Congreso llamada Andalucía hoy, que presidía Clavero Arévalo. En una de estas sesiones aparece la primera bandera andaluza portada por un estudiante y, nosotros, con toda naturalidad, la incorporamos a la mesa presidencial.
A partir de entonces es cada vez más estrecha la amistad entre Paco Martín y José Aumente, que lo introduce en la plataforma antifranquista del Círculo Cultural Juan XXIII y allí conoce a Rafael Sarazá, Luis Valverde, Balbino Povedano, Guillermo Galeote, Rafael Vallejo, Matías Camacho y otros nombres que buscaban desde ese foro aprovechar las pocas rendijas que permitía el régimen para la conquista de las libertades democráticas. Allí está también Julio Anguita, que lo invita a participar en la Junta Democrática en Córdoba. Paco Martín es uno de los fundadores del Partido Socialista de Andalucía (PSA) en Córdoba, que se crea en julio de 1976 como continuación de la antigua ASA. En Córdoba se da a conocer en abril de 1977 y la presentación corre a cargo de Pablo Sebastián, José Aumente y Rojas Marcos. Allí se canta por primera vez el himno de Andalucía desde la época de Blas Infante, señala Paco Martín. Una operación de riñón le impide ir en la candidatura de las primeras elecciones generales de 1977 y posteriormente se presenta para el Senado en 1979, pero sin fortuna.
Su etapa política más brillante se inicia con los comicios locales de ese mismo año, en que encabeza la lista del PSA como aspirante a la Alcaldía de Córdoba. Su partido obtiene cinco concejales, frente a los siete de PSOE y UCD y los ocho del PCE. El peso real del PSA en el gobierno de concentración que lidera Anguita es muy superior al del número de concejales, sobre todo después de que UCD abandonara el mismo y de que Anguita prescindiera del PSOE por la contestación interna de los socialistas en la propia gestión de gobierno. De este modo, PCA y PSA gobiernan en minoría los dos últimos años, aunque sin grandes agobios. Dos son los ejes de la presencia andalucista: fomentar la cultura participativa desde el Ayuntamiento y recabar apoyos al Estatuto de Autonomía de Andalucía.
Revolución cultural. Desde la tenencia de alcaldía de Educación y Cultura, además de la presidencia de la Comisión de Ferias y Festejos, Paco Martín revoluciona el ambiente cultural y lúdico de Córdoba, a la vez que proyecta la marca andalucista en todas sus actividades municipales. Yo tenía muy claro recalca que la cultura no podía estar encerrada en los centros de enseñanza. Por ello, una idea que concebimos fue abrir los colegios por la tarde para actividades extraescolares al servicio de los vecinos. Explica Paco Martín que su afán por sacar la cultura a la calle se reveló también como una extraordinaria fuente de empleo con la creación de numerosas plazas de conserjes y limpiadoras para los colegios y, posteriormente, convirtiendo la Banda Municipal en Orquesta Municipal, con dedicación exclusiva de los profesores de música. En esta tarea me ayuda mucho su director, Luis Bedmar. También recuerdo que durante mi mandato se culmina el proceso de expropiación y adjudicación del proyecto de restauración del Gran Teatro a Gómez Angulo y luego, curiosamente, cuando se inaugura años después debió fallar el servicio de protocolo del Ayuntamiento porque ni siquiera me invitaron cuando ya no era concejal. Así que tuve que sacar mi entrada.
En esta época nos encontramos con un Paco Martín hiperactivo, que simultanea la dirección de la Escuela de Magisterio, la cátedra, la tenencia de alcaldía, la presidencia del Jardín Botánico y de la comisión de Ferias y festejos y, además, no para de inventar ideas como la creación del premio Díaz del Moral de investigación sobre la historia social y económica de Andalucía. Precisamente Tuñón de Lara vino a presidir uno de los jurados de esos premios y le cogió aquí en Córdoba el intento de golpe de Estado de Tejero. Paco Martín recuerda con especial satisfacción algunos capítulos como la apertura de la caseta municipal de feria a todos los ciudadanos, hasta entonces reservada a los capitulares y personajes importantes; la gran remodelación del Museo Taurino (no entiendo dice cómo los sucesivos gobiernos municipales lo han ido dejando en el actual estado de abandono); el certamen de músicos jóvenes; importantes exposiciones y jornadas de teatro en las calles, etcétera.
Pero esta intensa labor de Paco Martín y del PSA, reconocida por todos los sectores en su tiempo, no se ve reflejada en las urnas en las siguientes elecciones municipales de 1983. Anguita barre con una mayoría absoluta que ni él mismo se espera y los andalucistas desaparecen de la escena. Sorprendentemente, no obtienen ni un solo concejal. Aquello fue una de las grandes decepciones de mi vida después de todo lo que habíamos trabajado se lamenta. Yo tengo dos hipótesis sobre lo que pudo ocurrir. Primero, el PCE está muy organizado entonces en los barrios populares cordobeses a través de las asociaciones de vecinos y, con el apoyo de Comisiones Obreras, funciona el mensaje directo y el boca a boca. La segunda hipótesis es que mi propio partido nos perjudica desde Sevilla cuando ordena marcar la diferencia con los comunistas, dado que Uruñuela no había recibido como alcalde una colaboración tan honesta y democrática del PCE como habíamos hecho nosotros en Córdoba con el PCE. El resultado es que Julio Anguita capitaliza todo el éxito del equipo de gobierno, a pesar de que se presenta sin un programa por escrito porque a la imprenta no le da tiempo a terminárselo. Es paradójico que después proclamara su famoso lema de programa, programa, programa.
Las oportunidades perdidas. Ante las elecciones del 83 confiesa Paco Martín, Julio Anguita me propone ir en segundo lugar en su lista porque reconocía el trabajo que había hecho y, si hubiera aceptado, podría haber sido alcalde de Córdoba, porque luego renuncia para presentarse como candidato a la Junta de Andalucía y deja la Alcaldía en manos de Herminio Trigo. Pero yo rechazo el ofrecimiento porque el pueblo de Córdoba no hubiera entendido que me quitara la chaqueta andalucista para irme al PCE. Posteriormente, en las elecciones de 1987, Herminio Trigo, conocedor del potencial de su contrincante socialista, José Miguel Salinas, me propone confeccionar una candidatura conjunta en la que irían alternando un miembro del PCE y otro del PSA. Aquella idea me parece interesante, pero la dirección nacional de mi partido la veta, argumentando que podía perjudicar la estrategia de Rojas Marcos en Sevilla. Decepcionado por esta decisión, Paco Martín presenta su dimisión irrevocable como secretario provincial en octubre de 1987, por entender que habían primado en su partido otros intereses ajenos al andalucismo en Córdoba. A partir de ese momento, se aparta de la política activa, hasta hoy, pese a seguir siendo un convencido andalucista. Paco Martín no oculta cierta sensación de ingratitud por el hecho de que el partido no haya contado con él desde entonces y proclama sin falsa modestia que podría haber representado al PSA mejor que algunos de sus últimos candidatos en Córdoba.
Pero su proyección pública y docente no se apaga. En 1990, el rector de Córdoba, Amador Jover, lo llama para ser el primer Defensor del Universitario de la universidad cordobesa. Este cargo lo ejerce durante nueve años, no sin algunos capítulos incómodos para el propio equipo rectoral que lo había nombrado, por su defensa de los estudiantes. Actualmente se dedica a la enseñanza, a la investigación y a su familia a la que dice he restado tanto tiempo, aunque confiesa que no cierra la puerta a la posibilidad de volver a algún cargo público, político o universitario, si se presenta la ocasión. |
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