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25 de octubre de 2011 |
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Antonio Checa |
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Pedro Rodríguez: Un fotógrafo en la Transición |
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Pedro Rodríguez, alcalde de Huelva desde 1995, es probablemente el fotógrafo más popular de la Transición en Huelva, como corresponsal de TVE en Huelva y fotógrafo del diario Odiel. En 1980 aparecen sus Conversaciones en Huelva, libro de entrevistas en profundidad con 31 protagonistas de la Transición onubense que enriquece con fotografías de su autoría. En esos años dirige las revistas Onuba y Estadio y crea Infonuba, agencia de prensa pionera en Huelva.
El 23-F en Madrid. El libro Conversaciones en Huelva recuerda se presentó poco antes del 23-F. Fue en un acto en el que estuvieron Tico Medina, Víctor Márquez y Jesús Hermida. A mí el intento de golpe de Estado me coge en Madrid, paseando por la Gran Vía, en una librería nos dicen que han entrado gente de ETA disfrazada de guardias civiles, luego se aclara que no es eso precisamente y lo primero que pienso, claro, es que tengo el escaparate de la tienda lleno de grandes fotografías, 50 x 60, de los entrevistados, entre los que lógicamente había muchas de dirigentes de partidos y sindicatos de izquierda Jenaro García Arreciado, José González Gaztañaga, Jaime Montaner, Tomás Seisdedos, Ladislao Lara, Carlos Navarrete... y llamo de inmediato por teléfono a la tienda para que las retiren. Yo había terminado Periodismo en 1978 y eran mis primeras entrevistas importantes, largas, con conocimiento previo del personaje a través de alguna comida, de charlas tranquilas. Pienso que el intento de Tejero sirvió, al menos, para hacernos ver que no estaban cicatrizadas las dos Españas y que había que insistir en el consenso y en el acuerdo.
En aquella etapa como es natural yo me relacionaba mucho con todos los políticos, los iba viendo aparecer, las primeras campañas electorales, las primeras manifestaciones. Me sorprendió la del 4 de diciembre de 1977, por la gran cantidad de gente que acudió, fui haciendo fotos desde el estadio al Gobierno Civil haciendo fotos subido en una grúa. Me impresionó en su momento Rojas-Marcos, que me pareció una personalidad muy fuerte. Recibí alguna que otra invitación a participar en política. En 1979 fue el PSOE quien quiso que figurase en sus listas para las elecciones municipales, en 1982 fue una invitación a integrarme en las listas al Senado de UCD. Por entonces me interesaba mucho más la profesión.
Pero la actividad periodística me permitió conocer no sólo a muchos políticos del momento, también a otros personajes. Recuerdo, por ejemplo, la entrevista que le hice al fiscal Jiménez Villarejo, que me confesó que venía de los cristianos de base, y la profunda influencia que habían tenido en él personajes como Alfonso Carlos Comín. O la entrevista con Jesús Hermida, que me reconoce: Mi madre se me murió sin yo haberle dado nada. Mi egoísmo lo pagaré algún día. Lo recordé hace pocos días, leyendo que se había casado una hija de Hermida y que éste no había estado en la boda. También recuerdo una visita al parque de Doñana con Alfonso Guerra, yo había estado muchas veces en Doñana, pero casi siempre realizaba un mismo itinerario, en aquella ocasión fue diferente. Guerra fue exquisito con la prensa y desde luego conmigo, estuvo pendiente de nosotros todo el tiempo, nos permitió hacerle unas fotos con lobos y nos explicó muy bien lo que era Doñana. Pero mandaba, mandaba mucho, y se notaba: iban a consultarle o pedirle obras de todos los pueblos.
La experiencia periodística fue también importante. Recuerdo aquellos números de Estadio, la revista como tal fue una ruina, y además me originó enemistades y enfrentamientos con la directiva entre otras cosas porque sacamos una portada que decía Con Martín Berrocal vivíamos mejor y con el entrenador, que era entonces Marcel Domingo. La televisión era otra cosa, era una televisión muy precaria, en proceso de transición al vídeo y no se renovaba el producto, a veces hasta teníamos que trabajar con cámaras propias. Por las mañanas, cuando veíamos el menú del día, casi lo único que me pedían eran problemas medioambientales, la contaminación, y conflictos laborales. Y si me pedían fotos para revistas o publicaciones del extranjero, casi siempre eran sobre El Rocío. El Rocío era la imagen internacional de Huelva y además llegó aquella película tan polémica, Rocío, de Francisco Ruiz Vergara, yo recuerdo que la vi en Madrid con mi hermano y que me pareció un buen documental, me reí incluso con alguna secuencia, pero tenía aquella otra de los fusilamientos en la comarca tras la guerra, con nombres, que no ayudaba al espíritu de conciliación y olvido que marca la Transición.
Conflictos desde luego hubo muchos en aquellos años, muy tensos y muy largos. Creo que el sindicalismo de Huelva era por entonces más duro que la clase política. Quizá por la tradición sindicalista de las minas. Lo cierto es que se multiplicaban los conflictos, en la minería, en la pesca, en el campo, en las industrias del Polo. Huelva era un laboratorio, un resumen de cómo estaba evolucionando España, había un consenso político, era una provincia centrada, pero la economía estaba muy mal.
Por entonces hice mis primeras fotos de fresas, fue junto a la Laguna de las Madres, en los terrenos de Antonio Medina, recuerdo que llegué en moto. Me gustó, y luego seguí esa impresionante y rápida propagación a Moguer, a tierras próximas, a veces por ocupación de baldíos. Pero antes, es curioso, había hecho fotos de naranjos cerca de Matalascañas. Eran las primeras urbanizaciones y se hablaba de crear un ambiente agradable llenando esas urbanizaciones de árboles frutales y se contemplaban viveros cercanos. Era el proyecto de un promotor suizo, no recuerdo ahora el nombre.
Entonces Huelva era muy mal conocida, teníamos bastantes malas comunicaciones, pero ese problema no lo hemos superado, seguimos siendo poco conocidos. |
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